Dos cifras, un mismo colapso: 8 de cada 10 cubanos comen menos mientras el turismo se queda sin 117.000 empleos

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Un informe del Observatorio Cubano de Derechos Humanos y las cifras que el propio gobierno admitió ante la Asamblea Nacional dibujan la misma crisis desde dos ángulos: la mesa vacía en las casas y los hoteles vacíos que dejaron de pagar salarios.

Dos documentos publicados con pocos días de diferencia terminan describiendo el mismo país desde extremos distintos. El primero es una encuesta independiente sobre cuánto están comiendo los cubanos. El segundo es la propia contabilidad del gobierno sobre cuántos empleos se perdieron en el sector que debía sostener la economía. Juntos forman un solo retrato: el de una isla que se está quedando, al mismo tiempo, sin alimentos y sin la industria que pagaba por traerlos.

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), con sede en Madrid, presentó su IX Informe sobre el Estado de los Derechos Sociales en Cuba con base en 1.318 entrevistas realizadas entre el 27 de junio y el 29 de julio de 2026 en 15 provincias y 79 municipios del país. El dato central: el 81% de los encuestados afirmó haber dejado de hacer alguna comida en los últimos meses por falta de dinero o de alimentos disponibles. Entre los mayores de 61 años, la cifra sube al 90%. El informe calcula que el 94% de la población vive en situación de pobreza extrema según los criterios que utiliza el organismo.

Detrás del hambre hay una razón casi siempre económica: el 36% de los encuestados dijo haber saltado comidas específicamente por falta de dinero, un 31% adicional por la combinación de falta de dinero y de alimentos en el mercado, y un 13% porque directamente no había qué comprar. El OCDH cruzó esos datos con los ingresos declarados: el 68% de los hogares vive con menos de 20.001 pesos cubanos al mes, alrededor de 39 dólares al cambio informal, y casi la mitad de los mayores de 60 años recibe menos de 3.056 pesos, unos 6 dólares.

La vivienda agrava el cuadro. Aunque el 57% de los encuestados posee su casa, el 21% enfrenta algún grado de inseguridad habitacional, una cuarta parte necesita reparaciones urgentes y un 7% considera que su vivienda corre riesgo de derrumbe. Cuando se les preguntó qué problema esperan que empeore en los próximos seis meses, los apagones encabezaron la lista, seguidos de cerca por la crisis alimentaria (52%), el costo de vida (45%) y la falta de medicinas (34%). El 95% desaprueba la gestión del gobierno y el 77% exige cambios políticos y económicos de fondo; un 84% se declaró escéptico de que las reformas anunciadas por el régimen vayan a mejorar su situación.

Esa desconfianza tiene un correlato en los números que el propio gobierno terminó reconociendo. El primer ministro Manuel Marrero informó a la Asamblea Nacional que el 73% de las instalaciones hoteleras del país permanece cerrado, un colapso que dejó a unos 25.000 trabajadores del sector «en disponibilidad», el eufemismo que usa la administración cubana para el desempleo. La cifra no incluye los cerca de 92.000 puestos eliminados en ministerios como Salud, Educación, Cultura y Deportes, con más recortes anunciados para septiembre en otras carteras. Siete cadenas hoteleras extranjeras, entre ellas Meliá e Iberostar, se retiraron del país o suspendieron operaciones, arrastrando el 46% de las habitaciones disponibles.

Los datos de llegadas explican el desplome: en el primer semestre de 2026 entraron 387.591 visitantes internacionales, frente a 985.606 en el mismo período de 2025, una caída del 60,7% que equivale a casi 600.000 turistas menos. La escasez de combustible de aviación provocó que aerolíneas como Air Canada, WestJet, Air Transat y Sunwing suspendieran rutas completas; en marzo llegaron apenas 511 canadienses, frente a 99.000 un año antes. A esa crisis operativa se sumó, en mayo, una orden ejecutiva del gobierno de Donald Trump con sanciones dirigidas contra el conglomerado militar GAESA y contra empresas extranjeras que mantengan vínculos comerciales con esa entidad, controladora de buena parte de la infraestructura hotelera de la isla.

El desplome del turismo golpea directamente el mecanismo con el que Cuba financia sus importaciones de alimentos y combustible: la entrada de divisas. Marrero admitió ante los diputados que el déficit fiscal proyectado para 2026 se disparará un 96%, hasta 132.900 millones de pesos, unos 5.537 millones de dólares, mientras el peso se cotiza en el mercado informal a 675 por dólar frente a una tasa oficial de 608. Como respuesta, el gobierno anunció el arranque piloto de la primera casa de cambio privada del país y la aprobación de 176 reformas económicas, de las cuales 110 estarían listas para implementarse, entre ellas incentivos fiscales para que privados abran agencias de viajes, alquiler de autos y turismo ecológico. El propio primer ministro insistió, sin embargo, en que estas medidas «no» implican un giro de modelo: «No nos estamos desviando de nuestro modelo socialista», dijo ante la Asamblea.

Entre la encuesta del OCDH y el informe de Marrero no hay una sola cifra en común, pero describen el mismo mecanismo desde extremos opuestos: un país que dejó de generar las divisas con las que compraba comida, y una población que, mes a mes, tiene menos con qué llenar el plato.

[FUENTES INICIALES]

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