Bajo la sombra de una crisis que no da tregua, Miguel Díaz-Canel ha vuelto a recurrir a los medios aliados para intentar proyectar una imagen de control sobre el caos financiero que asfixia a la isla. En una reciente entrevista concedida a la cadena rusa RT, el gobernante cubano desglosó un paquete de estrategias con las que pretende «actualizar el sistema de dirección de la economía», una narrativa de reformas que choca frontalmente con los desalentadores indicadores de la vida real.
El plan gubernamental, que ha sido replicado por medios locales como Radio Bayamo, se apoya en seis pilares fundamentales: la entrega de facultades a los territorios, el vínculo entre el Estado y los privados, la captación de capital foráneo, la transformación energética, la soberanía alimentaria y la innovación. Sobre el primer punto, el mandatario aseguró que se busca otorgar «autonomía ya total» a las entidades estatales y los gobiernos locales, con el fin de que «el municipio pueda decidir sobre su desarrollo sin chocar con las estrategias nacionales», un concepto que definió como «una capacidad de desarrollo endógeno propio de cada lugar».
En este nuevo esquema, el régimen ha dado luz verde a las alianzas entre el sector público y el privado mediante el Decreto-Ley 114, vigente desde inicios de este abril. Asimismo, Díaz-Canel subrayó que se han implementado «flexibilizaciones» en el marco legal de la inversión extranjera, abriendo una puerta —al menos en el discurso— a quienes viven fuera de la isla: «Los cubanos residentes en el exterior hoy tienen un espacio más favorable para participar en nuestra economía”, afirmó.
En cuanto a la crisis energética, uno de los puntos más sensibles para la población, el gobernante defendió la gestión en fuentes renovables. Según sus datos, la inversión en parques fotovoltaicos permite que estas tecnologías estén «suministrando el 51% de la energía en las horas del día», logrando que la cuota de renovables saltara del 3% al 10% en solo doce meses. No obstante, el desafío mayor sigue siendo la mesa del cubano, por lo que instó a «estimular más la producción nacional y romper la mentalidad importadora», bajo la consigna de «producir todo lo que podamos». Para paliar la falta de insumos químicos y combustible, apostó por un retorno al campo menos tecnificado: «Con la agroecología se pueden lograr rendimientos que nos dan no solo sobrevivencia y resistencia, sino que también nos van a avance”.
Pese al optimismo oficial, los datos del Centro de Estudios de la Economía Cubana dibujan un panorama sombrío: el Producto Interno Bruto (PIB) se desplomó un 5% en 2025, acumulando un retroceso del 15% en el último lustro. Mientras la inflación oficial ronda el 14%, analistas independientes advierten que el impacto real en la cesta básica podría alcanzar un 70%. Con un sueldo medio de 6,000 pesos —apenas 12 euros en el mercado informal—, los cubanos enfrentan un coste de vida que oscila entre los 25,000 y 50,000 pesos mensuales.
Finalmente, expertos como el economista Pedro Monreal han enfriado las expectativas de estas reformas, recordando que en 2025 solo se cumplió la mitad de los planes previstos. Mientras el gobierno insiste en una proyección de crecimiento del 1% para 2026, organismos como The Economist Intelligence Unit vaticinan una nueva caída del 7,2%, dejando las promesas de Díaz-Canel en un terreno de profunda incertidumbre.




















