Donald Trump comprimió su narrativa de poder en una misma escena: el Capitolio como set, la política exterior como trofeo, y un mensaje doméstico amarrado a símbolos. Habló mucho sobre Venezuela y a no dudarlo, le lanzó un guiño a La Habana. Y todo ocurrió no a bordo del Air Force One como había estado ocurriendo ultimamemente, sino durante el llamado Discurso del Estado de la Unión.
La noche del 24 de febrero, durante su discurso del Estado de la Unión, convirtió el hemiciclo en ceremonia militar al otorgar la Medalla de Honor al Chief Warrant Officer 5 Eric Slover, piloto de un Chinook, herido en la operación llevada a cabo en Caracas que, según la versión presentada por la Casa Blanca, culminó con la captura del dictador Nicolás Maduro. El gesto quedó integrado al propio guion del discurso, con detalles sobre el vuelo nocturno, el fuego de ametralladoras y las heridas que recibió Slover antes de completar la inserción.
En esa misma intervención, Trump colocó a Venezuela en el centro de su relato internacional, pero no con el lenguaje de sanción o confrontación habitual, sino con una fórmula de giro: la llamó “socio y amigo” y afirmó que Estados Unidos había recibido “más de 80 millones de barriles de petróleo” del país. La afirmación queda enmarcada como un resultado inmediato del nuevo escenario político en Caracas que tantos dolores de cabeza está causando en La Habana.
El mismo tramo de Venezuela fue acompañado por un golpe emocional calculado para televisión: Trump anunció y escenificó el reencuentro de Enrique Márquez, presentado como preso político del chavismo, con su sobrina Alejandra González en las gradas del Congreso. En la cobertura del evento, el momento se conectó con el anuncio de cierres de centros de detención y liberaciones tras el cambio de poder en el país, convirtiendo una historia familiar en pieza de respaldo a la operación y a la nueva relación bilateral que Trump describió.
Y otra vez La Habana se sacudió.
Por si fuera poco, Trump aprovechó el mismo escenario para elevar el perfil del cubano Marco Rubio dentro de su administración. En el discurso lo agradeció y lo presentó como un secretario de Estado con una legitimidad singular en Washington, subrayando que su confirmación fue unánime en el Senado, un dato que también recogieron coberturas en vivo del evento.
Y esta vez La Habana debe haber pronunciado alguna que otra «palabra bonita».
El Discurso del Estado de la Unión
En esa misma noche, además de la condecoración vinculada a la operación de extracción de Maduro de Venezuela, Trump metió otra Medalla de Honor dentro del propio discurso: la del capitán retirado de la Marina E. Royce Williams, de 100 años. CBS News subrayó que fue la primera vez que un presidente entrega la Medalla de Honor —la máxima condecoración por valor en combate— durante un Estado de la Unión, y recogió la frase con la que Trump lo presentó ante el pleno: “Tonight, at 100 years old, this brave Navy captain is finally getting the recognition he deserves. He was a legend long before this evening”. La medalla se la colocó Melania Trump en el hemiciclo, con el tipo de pausa y ovación que convierten la escena en parte del ritmo televisivo de la intervención.
La puesta en escena tuvo esa lógica de “momentos” intercalados, con el discurso funcionando como columna vertebral y los reconocimientos como picos emocionales que obligan a detenerse, mirar al invitado, aplaudir, volver al texto.
Pero… ¿qué más dijo? Según varios medios consultados, AP, CBS, The Guardian, entre otros:
- Trump vendió la economía como su eje central: dijo que inflación, gasolina, hipotecas y crimen “han bajado”, y que empleo, salarios y bolsa “han subido”, presentándolo como una “resurrección histórica” y el comienzo de una “Golden Age”.
- Le metió bastante a inmigración y frontera: afirmó que llevan meses con entradas ilegales en “cero” y habló de deportaciones récord, y a la vez pidió más herramientas legales, incluyendo medidas contra “sanctuary cities”.
- Hizo anuncios de agenda interna: habló de recortes de impuestos y de crear “Trump Accounts” como cuentas de ahorro para niños; también mencionó medidas para vivienda/asequibilidad y una propuesta de “warrior dividend” de 1.776 dólares para militares.
- En lo cultural-legislativo, pidió cosas que sabe que polarizan pero le ordenan a su base: un paquete sobre reglas electorales (voter ID) y medidas sobre transición de menores sin consentimiento parental.
- En energía, se fue por el carril fósil (“drill, baby, drill”) y presumió expansión de producción, sin meter el tema clima; la cobertura lo enmarca como parte de su línea de desmontar incentivos “verdes”.
La noche estuvo armada como cadena de “momentos”: reconocimientos a invitados, pausas para ovaciones y escenas diseñadas para sostener el ritmo televisivo de un discurso que terminó siendo el más largo en décadas, alrededor de 1h48m. Axios lo resumió como un discurso atravesado por interrupciones constantes —aplausos, abucheos, reacciones— y remarcó que esa mecánica contribuyó a que el evento terminara siendo extraordinariamente largo



















