Se viralizan imágenes de viejo tren que une Las Tunas y Manatí

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La imagen de un tren herrumbroso y agotado recorre las redes sociales cubanas, lleno de dolor y personas que con desesperación tratan de capturarlo, cifrando en sus mohosos fierros esperanzas de salvar una vez más los caminos del Oriente Cubano, entre Las Tunas y Manatí. No hay otra posibilidad para los habitantes de unos 19 asentamientos que yacen a las orillas de las líneas. Solo 3 días a la semana pueden viajar, moverse, para resolver asuntos importantes para sus vidas, para su sustento, quizás para distraerse.

El tren 4037 pasa con sus chirridos por La Guinea, Las Marías, Gramal, Tania, La Anacahuita, los lunes, miércoles y viernes, desde las 7:30 de la mañana, un horario que quienes han experimentado los viajes en trenes cubanos, conoce que puede convertirse en las 8:30, las 9:30, las 2:00 de la tarde. O sencillamente no llegar nunca.

Esos son los únicos días en que sus pobladores pueden aspirar a conectarse con el mundo situado un poco más allá, tan cerca y a la vez tan lejos. Sin medios de transporte, el país se vuelve imposible, eterno, infinito, inalcanzable.

Las fotos del viejo tren que circulan por las redes sociales revelan un vehículo que debería estar durmiendo el sueño eterno hace mucho tiempo, y su andar lo asemeja más a un zombi que a un ser vivo. Parece que pudiera devorarse de un momento a otro a sus pasajeros, que es una trampa mortal para quienes lo abordan desesperadamente, para quienes lo atestan y emulan con los trenes desbordados de la India, con la que muchos comparan ya esta situación.

Personas con capacidad de abstracción y mucha imaginación identificaron al tren como un modelo de la marca Fiat, pero con añadiduras, remiendos y modificaciones que lo hacen casi irreconocible. Ahora es de marca cubana. Es un híbrido, un “frankenstein”, como se suele decir. Es muchos trenes a la vez, y muchas otras cosas que con sus trozos contribuyen a que se mantenga en funciones todavía.

La llegada esporádica del zombi ferroviario es también insegura pues aunque sea un muerto viviente tiene que comer, y hasta ahora solo devora combustible, que es más escaso que nunca. En Cuba siempre en combustible es escaso. Todo es escaso. Menos las multitudes que se lanzan con la vida a tomar las flacas oportunidades que se les dan de satisfacer necesidades básicas.

Muchos han comentado que viajar en este tren zombi es como “echar las tripas” por la boca. Es una montaña rusa que pone a prueba la resistencia física y psicológica. Una máquina de claustrofobias, una fábrica de desesperaciones.

Quizás el tren no quiere ser zombi. Quiere morir, quiere detenerse definitivamente, quiere que lo despedacen para parchear otros trenes viejos como él. Que lo dejen descansar. Su cara es la de un ser aburrido de existir.

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