Feminicidio, puñaladas, drogas sintéticas y un robo con tijera: Matanzas vivió en una semana lo que ninguna provincia debería vivir en un año, con un caso donde un ladrón incluso entró armado con machetes a una escuela.
Seis casos de violencia y delincuencia en Matanzas revelan el deterioro del orden público en Cuba durante última semana de abril de 2026
En menos de diez días, la provincia de Matanzas acumuló un feminicidio confirmado, un asesinato a puñaladas en una parranda y otro en un hospital; además de un robo con violencia en una calle de Cárdenas, un ataque con machetes dentro de una escuela primaria en Jovellanos y la detención de un hombre con cannabinoides sintéticos en plena vía pública.
Los hechos, documentados por páginas comunitarias como Con Todos La Victoria —página oficialista vinculada al MININT en la provincia— y Nio Reportando un Crimen, pintan el retrato de una provincia al límite y de un orden público que en Cuba se resquebraja sin que las autoridades ofrezcan respuestas concretas.
Marian Pino Martínez: el feminicidio número 16 en Cuba en 2026
El 10 de abril, en la localidad de San Bernardo, municipio Jagüey Grande, Marian Pino Martínez fue asesinada por su expareja en su propia casa. Tenía 23 años, trabajaba como maestra de círculo infantil y era madre de dos niñas, una de cuatro años y otra de apenas unos meses. El crimen ocurrió en presencia de al menos una de sus hijas.
Los observatorios Alas Tensas y Yo Sí Te Creo en Cuba confirmaron el caso y lo registraron como el feminicidio número 16 en Cuba en lo que va de 2026, el tercero en apenas 30 horas, junto a los de Yarisleidis Saavedra Hernández en Pinar del Río y Maylén Fernández Soriano en Las Tunas, esta última trasladada al hospital en una carreta de bueyes mientras aún tenía vida. Cuba no tiene tipificado el feminicidio como delito específico en su Código Penal y los medios estatales rara vez reportan estos casos.
El presunto responsable, identificado como Jorge Luis Piña Rodríguez, fue detenido de inmediato por las autoridades. La página Con Todos La Victoria confirmó el arresto y describió el hecho como «un drama pasional que se salió de control», aunque los observatorios independientes de género lo clasificaron sin ambigüedades como feminicidio.
Lo primero que llama la atención en la publicación de Con Todos La Victoria sobre el asesinato de Marian Pino Martínez es lo que no aparece: su nombre. La víctima es referida únicamente como «una joven de 23 años», sin identidad, sin rostro, sin historia. El agresor, en cambio, sí tiene nombre completo: Jorge Luis Piña Rodríguez. Este desequilibrio no es casual ni inocente. Es el reflejo de una lógica institucional que durante décadas ha tratado a las mujeres asesinadas como un dato estadístico antes que como personas. Nombrar a la víctima es el primer acto de justicia simbólica. Omitirla es, aunque sea sin intención, perpetuar su invisibilidad.
El segundo problema es el lenguaje y este problema lo tienen TODAS las páginas del MININT a la hora de escribir sobre estos casos. La publicación describe el feminicidio de Marian como «un drama pasional que se salió de control», una expresión que la literatura especializada lleva décadas señalando como machista, inexacta y peligrosa. La abogada y académica Lucía Sabaté concluye en su análisis que el término «crimen pasional» es «una construcción cultural del patriarcado para defender sus privilegios», utilizada para morigerar, suavizar y encubrir crímenes de género. Según la abogada feminista Ana Karen Flores, «decir que son crímenes pasionales atenta contra los derechos de las mujeres y no debe nombrarse así.» La antropóloga Myriam Jimeno lo describe como «un dispositivo cultural que oculta que el extremo criminal hace parte de una cadena cotidiana de agresiones.» Hablar de «drama pasional» desplaza la responsabilidad del agresor hacia la emoción, como si matar fuera una consecuencia lógica del amor no correspondido. No lo es. Es un feminicidio. Y Marian Pino Martínez tenía nombre.
Jovellanos: un joven de 21 años muerto a puñaladas en una parranda
En el reparto Luisa de Jovellanos, en horas de la madrugada, Yosmay Juan González Díaz, de 21 años, perdió la vida tras recibir al menos tres puñaladas, dos en el pecho y una en la zona inferior del brazo. El presunto agresor, identificado por testigos como «Leroy», de 17 años y barbero de oficio según versiones preliminares, fue detenido poco después del hecho.
Quienes lo conocían describieron a la víctima como un joven tranquilo, sin antecedentes de conflictos. La comunidad quedó consternada y el sepelio se realizó en medio de un dolor colectivo que se derramó en redes. «Este pueblo es una carnicería», escribió una vecina. Otra, que trabaja como coordinadora en la funeraria, relató que «el dolor estaba hasta en las paredes.»
La plataforma Nio Reportando un Crimen, que documentó el caso, aclaró que la información se basa en testimonios de colaboradores y que algunos detalles no han sido confirmados oficialmente por las autoridades.
Cárdenas: la ciudad donde el crimen no descansa
De todos los municipios de Matanzas, Cárdenas concentró en esta semana la mayor cantidad de hechos violentos y delictivos reportados. Robos, drogas sintéticas y un asesinato dentro de un hospital dibujaron el retrato de una ciudad donde, según sus propios habitantes, ya no hay un solo espacio seguro.
El hecho más grave ocurrió en la madrugada del sábado al domingo, cuando un joven que trabajaba como custodio en un hospital de Cárdenas fue agredido por la espalda con un objeto punzante y murió en el lugar. El caso fue reportado por la plataforma Nio Reportando un Crimen con base en testimonios de colaboradores. Al cierre de esta nota, las autoridades no habían confirmado la identidad oficial de la víctima ni la captura del responsable.
La indignación en redes fue inmediata y reveló una percepción generalizada de abandono institucional.
«Ya no hay seguridad en Cuba, da miedo caminar por las calles y la policía pendiente del que pone carteles o hace manifestaciones», escribió un usuario. Otro fue más directo: «Las autoridades andan detrás del que vende ajo, cebolla y yogur.» El hecho de que el crimen ocurriera dentro de una instalación de salud, uno de los pocos espacios que la población asocia con cierta protección, amplificó el impacto del caso en la comunidad.
En la calle Industria del barrio Pueblo Nuevo, en Cárdenas, una mujer vivió una noche de terror cuando un hombre se presentó en su casa haciéndose pasar por comprador de joyas. El escenario parecía una transacción normal hasta que el sujeto sacó una tijera y la amenazó. Le arrancó dos cadenas de oro y huyó sin llegar a lesionarla físicamente.
El detenido, identificado como Jozsef Atilio, fue arrestado por las autoridades. La página Con Todos La Victoria lo presentó como un caso de robo con violencia resuelto con rapidez, aunque los comentarios de vecinos reflejan una frustración acumulada. «Necesitamos un juicio ejemplarizante en Cárdenas para que el pueblo confíe más», escribió una residente.
En la calle La Marina de Cárdenas, efectivos policiales detuvieron a Joaquín Manuel Fuentes, de 26 años, después de observarlo lanzar una cartera contra la placa de una vivienda en un intento por deshacerse de la evidencia. Dentro encontraron dos fragmentos de papelitos y 18 tiras de lo que aparenta ser cannabinoides sintéticos, sustancias que en Cuba han proliferado de manera alarmante en los últimos años.
El detenido reconoció que el material era «químico» y declaró haberlo comprado a un desconocido. Permanece detenido mientras avanza su proceso legal.
Jovellanos: machetes, piedras y vandalismo en una escuela primaria
En la primaria Camilo Cienfuegos, en Carlos Rojas, municipio Jovellanos, un hombre irrumpió armado con machetes y piedras, agredió al custodio del plantel, cortó el cordón del asta de la bandera, forzó persianas de un aula y robó 3,000 pesos cubanos. Como si fuera poco, destruyó murales conmemorativos y macetas del jardín escolar antes de huir.
Las autoridades lo detuvieron tras una investigación y durante el proceso descubrieron que el mismo individuo había robado previamente 300 litros de aceite dieléctrico de un transformador eléctrico comunitario en el propio consejo popular, un delito que en Cuba puede calificarse como sabotaje y conlleva penas de entre 7 y 15 años según el artículo 151 del Código Penal, según señalaron varios comentaristas con conocimiento jurídico.
Los seis casos, ocurridos en distintos municipios de Matanzas en menos de diez días, no son excepcionales. Son el reflejo de una tendencia que los propios habitantes de la provincia denuncian cada vez con más urgencia en redes sociales: la sensación de que el orden público se ha roto, de que la delincuencia opera sin freno efectivo y de que las autoridades responden al hecho consumado pero no previenen el siguiente.
«Cuando las autoridades quieran, acaban con la delincuencia. Ahí está la prueba», escribió un vecino.
El comentario refleja una frustración legítima, pero también una visión reduccionista del problema. Ojalá fuera tan simple. La evidencia criminológica acumulada durante décadas apunta en otra dirección: ningún país ha resuelto su problema de violencia a punta de arrestos.
Lo que sí funciona, aunque requiere más tiempo y voluntad política real, es educación, empleo, movilidad social y un Estado que llegue antes del crimen y no solo después. Mientras no existan esas condiciones, por cada delincuente detenido habrá otro esperando ocupar su lugar. En Cuba, donde la crisis económica ha pulverizado todas esas bases simultáneamente, pedirle a la policía que resuelva lo que la política económica destruyó es pedirle peras al olmo.




















