A pesar de la retórica de solidaridad, expertos advierten que la relación entre China y Cuba es más pragmática y cautelosa de lo que parece, condicionada por intereses económicos y el pulso con Washington.
El apoyo de China hacia Cuba, aunque expresado en términos solidarios, se mantiene limitado en acciones concretas, según coinciden expertos consultados por distintos medios internacionales. A pesar de la retórica de Pekín en defensa de la soberanía cubana, la realidad económica y geopolítica muestra una relación más cautelosa de lo que sugiere el discurso oficial.
Helen Yafe, investigadora de economía política latinoamericana en la Universidad de Glasgow, es directa al respecto: «La China ha sido muy enfática, declarando claramente su oposición a las medidas tomadas por EE. UU. y defendiendo el derecho de Cuba a tener su propio sistema económico y político. Pero son solo palabras». Comparada con otros aliados históricos de la isla, como Rusia o Venezuela, China aparece como el socio más prudente. «Comparada a otros aliados, China es claramente más cautelosa», señala el analista Meyers.
La relación comercial entre ambos países respalda esa lectura. Cuba no es un socio significativo para Pekín en América Latina, y las importaciones chinas de productos cubanos —principalmente níquel y zinc— disminuyeron en casi 600 millones de dólares entre 2017 y 2022, según datos de la World Integrated Trade Solution (WITS). Aunque el régimen cubano afirma que el comercio aumentó entre 2024 y 2025, la realidad económica sigue siendo frágil.
Emily Morris, investigadora del Instituto de las Américas de la University College London, reconoce que la ayuda china ha sido crucial, especialmente en el sector energético —con la instalación de parques fotovoltaicos que ya aportan 1.300 MW al sistema eléctrico cubano—, pero advierte que Beijing no está dispuesto a asumir compromisos abiertos: «China no quiere simplemente verter dinero en Cuba como si fuera un pozo sin fondo». La relación, añade, «opera bajo criterios de mercado», y desde la perspectiva de Pekín, Cuba no representa un mercado lucrativo.
La presión de EE. UU. condiciona de manera decisiva la postura china con la isla. Shawn Yuan, editor del servicio chino de la BBC, es claro: «Cuba simplemente no es tan importante para China económicamente. Irritar a EE. UU. por una economía pequeña como la cubana no es del interés de China». Esta lógica explica por qué, pese a que un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino condenó el embargo y la acusación contra Raúl Castro, Beijing no ha trasladado esa postura a acciones económicas concretas.
El factor Taiwán añade otra capa de complejidad. Cualquier apoyo más visible a Cuba podría interpretarse como un desafío directo a los intereses estadounidenses en la región, lo que llevaría a tensiones que Pekín prefiere evitar. La solidaridad ideológica con La Habana tiene un límite claro: no puede poner en riesgo la relación estratégica con Washington.
En resumen, el régimen cubano puede contar con el respaldo retórico de China y con ayuda puntual —como el donativo de arroz o los paneles solares—, pero no con el tipo de apoyo económico masivo que tuvo en su día de la Unión Soviética. La relación entre ambos países se sostiene sobre un equilibrio delicado entre la afinidad ideológica y la prudencia geopolítica.
[FUENTES]
- G1 / Globo Brasil, «Por que apoio da China à aliada Cuba é tão limitado em meio à pressão dos EUA?», https://g1.globo.com/mundo/noticia/2026/05/25/por-que-apoio-da-china-a-aliada-cuba-e-tao-limitado-em-meio-a-pressao-dos-eua.ghtml
- Correio Braziliense, «Por que apoio da China à aliada Cuba é tão limitado em meio à pressão dos EUA?», https://www.correiobraziliense.com.br/mundo/2026/05/amp/7427289-por-que-apoio-da-china-a-aliada-cuba-e-tao-limitado-em-meio-a-pressao-dos-eua.html





















