Cubanos pierden el bolsillo para protegerse ante Ómicron con mascarillas KN95

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Por estos días no hay prenda de vestir más importante que una mascarilla anti covid19. Aunque todavía molesten y sean rechazados por muchos, pocas cosas han quedado más claras desde el comienzo de la pandemia, hace dos años, como el uso de este accesorio y su efectividad para frenar los contagios.

La variante cubana de la mascarilla es el conocido “nasobuco” y la exigencia sobre su uso en el territorio nacional, ha derivado en multas a quienes se resisten a llevarlo, pero también ha calado en la creatividad y la inventiva del cubano. Desde slogans, poemas, cartas y canciones dedicadas a esta pieza, hasta sus más imaginativos diseños.

Pero el nasobuco de tela coincide con ser el más barato y, desgraciadamente, el menos efectivo, sobre todo frente a la nueva variante Omicrón, la cual ya sabemos, ha desplazado al sarampión como virus más transmisible entre los humanos.

Costureras y personas con habilidades para ese oficio han cubierto las necesidades de miles de personas que durante estos dos años no han tenido acceso a mascarillas de mayor seguridad y efectividad como los N95, KN95, KF94, FFP3 y otros de los más recomendados por instancias internacionales.

Uno quirúrgico, por su parte, vale entre 25 y 30; mientras que los muy seguros KN95, los cuales no son ofertados por el estado, pueden oscilar los 150 pesos en las redes de compra y venta paralelas. Foto Flickr

En una infografía que circula por estos días con cifras de la Universidad Autónoma de México y la Organización Mundial de la Salud se contrasta que el solo el KN95 presenta un 95 por ciento de eficacia frente a la variante Ómicron, mientras que los quirúrgicos de tres capas cuentan con un 75 por ciento y los de tela un dos por ciento.

Estos últimos pueden costar entre 15 y 50 pesos cubanos, cuando es de un diseño en particular o de una marca de moda como Tanya Cuba. Uno quirúrgico, por su parte, vale entre 25 y 30; mientras que los muy seguros KN95, los cuales no son ofertados por el estado, pueden oscilar los 150 pesos en las redes de compra y venta paralelas.

Los primeros son lavables y reutilizables muchas veces, pero casi nunca cuentan con las capas suficientes, ni con el tejido conveniente para lograr frenar la entrada del virus. El propio Daniel García, uno de los científicos responsables de la vacuna cubana Soberana 02 escribió en sus redes: “La verdad es que tu nasobuco, el mío, el nuestro lo más probable es que no nos proteja de la infección con una variante tan contagiosa como Ómicron”.

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Foto: IG @cuenta_hasta_mil

En una de sus habituales publicaciones especializadas en las redes, otro científico cubano, Amílcar Pérez Riverol pedía a la familia cubana fuera del país que si pretendían viajar a la isla no olvidaran incluir dentro de los insumos unas 20 mascarillas KN95 para sus seres queridos. E incluso desde antes, ya había alertado sobre las consecuencias de que estos tipos de cubrebocas se hicieran tan inasequibles para los cubanos.

No importa que el doctor Francisco Durán se presente ante las cámaras cada mañana con un nasobuco hecho a mano y como promoción de la marca Cuba. En otras apariciones públicas, el dirigente de Salud Pública se ha dejado ver con su respectivo KN95. Lo mismo que otros altos dirigentes del gobierno, como el propio presidente Miguel Díaz Canel, quien desde hace meses no deja de presentarse sin su máscara adecuada.

Otros como el Primer Ministro, Manuel Marrero, por ejemplo, se presentan con los nasobucos quirúrgicos de tres capas, los cuales son ya más frecuentes entre los cubanos, aunque no resultan del todo baratos si tomamos en cuenta que como todos, excepto los de tela, los quirúrgicos son de rápido deterioro y es preciso cambiarlos constantemente. Aun así, este tipo es de los más populares en el país, gracias a las personas que se dedican a venderlos una vez importados al por mayor.

Mucha gente, no obstante, ni siquiera puede permitirse ese gasto en un país que tiene la devaluación monetaria e inflación económica más grande de América Latina. Por tanto, no les queda más remedio que usar la variante doble que se encargaron de adoctrinar los medios de comunicación y que no es más que una salida de emergencia, para países como Cuba.

Si con uno no vale, entonces ponte dos. Lo cierto es que ni siquiera así estamos seguros: “No importa que lo usemos doble, es que no está hecho para eso” dice el Dr. Daniel García. Y agrega además: “En espacios cerrados es como si fuera un escudo de hojalata contra una bala trazadora”.

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