La ya debilitada situación energética en Cuba vuelve a enfrentarse a la incertidumbre tras conocerse que un segundo petrolero ruso que transportaba combustible hacia la Isla habría quedado detenido en alta mar.
El buque “Universal”, cargado con unos 270 mil barriles de diésel, partió desde Rusia a mediados de abril, pero su trayecto se ha interrumpido cuando aún se encontraba a más de 1.600 kilómetros del destino previsto. Por el momento, no existe una fecha confirmada de arribo.
Según datos de seguimiento marítimo citados por Bloomberg y la firma Vortexa, la embarcación —sujeta a sanciones de Estados Unidos— permanece prácticamente inmóvil desde hace semanas. En este tipo de operaciones, especialmente en rutas vinculadas a países sancionados, no son raros los cambios de itinerario o las detenciones prolongadas por motivos logísticos, financieros o de riesgo operativo.
El episodio se produce en un contexto particularmente sensible para el sistema eléctrico cubano, que vive desde hace años apagones prolongados debido a un déficit estructural de generación. La combinación de infraestructura envejecida, falta de divisas para importar combustibles y dependencia externa ha llevado a un escenario sin salida prácticamente.
En ese marco, cualquier retraso en la llegada de fuel o diésel tiene efectos inmediatos: más presión sobre las plantas de generación, mayor frecuencia de apagones y un impacto directo en la movilidad, la producción y los servicios básicos.
En lo que va de año, el margen de alivio ha sido limitado. Solo un envío ruso —el del petrolero “Anatoly Kolodkin”— logró descargar combustible en la Isla, proporcionando un respiro breve que no alteró la tendencia general de la crisis.
Durante las últimas semanas han vuelto a arreciar los apagones en la isla tras agotarse el envío de petróleo ruso en un contexto de suma fragilidad para el régimen cubano, marcada por las declaraciones de Trump sobre una posible “toma” de Cuba mientras la isla se prepara para una posible intervención militar.




















