Cubanos consternados por los daños dejados por Ian en la isla

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Antes de salir al mar y avanzar hacia la Florida, Ian azotó la provincia cubana de Pinar del Río con vientos sostenidos de 205 kph (125 mph) y aunque no se reportaron muertes, sí causó destrucción en varios de los municipios de esa provincia y derribó decenas de casas de tabaco en los municipios de Consolación del Sur y San Juan y Martínez, principalmente.

Los daños que dejó Ian en otras localidades, como la cabecera provincial, Pinar del Río, y en el municipio de Sa Luis no fueron menos. El medio oficialista TelePinar informó de graves daños en el principal hospital de la ciudad de Pinar del Río, y tuiteó fotos de techos derrumbados, escombros arrojados y árboles derribados en varias partes de la ciudad.

“Fue horrible”, dijo Yusimi Palacios, residente de Pinar del Río dentro de su casa dañada.

Yusimí, ante el medio oficialista apeló casi que a un imposible, habida cuenta de la crisis que azota el país que vive practicamente desde hace dos años de regalos y donaciones; incluso hasta de lugares insospechados como Haití y Namibia.

«(…) aquí estamos vivos, y solo le pido a la revolución cubana que me ayude con el techo y el colchón”, dijo la joven.

Otros salieron de sus casas a ofrecerle su pedigree revolucionario al mandatario cubano Miguel Díaz-Canel, quien en el día de ayer visitó a Pinar del Río.

Una mujer le contó que está viva gracia a él; le habló de sus dos hijos, una que es jefa de sector y el otro, que es integrante de las Tropas Especiales. Una segunda le recordó a Díaz-Canel que su padre participó en la Limpia del Escambray y que él personalmente, tiempo después, le dio una casa:

«(Yo no), la Revolución,» dijo el gobernante cubano.

Debido a la miseria imperante en la isla, muchas personas se vieron casi «obligadas» a permanecer dentro de sus casas, a pesar de la fuerza anunciada del huracán Ian, para evitar los robos. Una de ellas, moriría incluso, aplastada por una de las paredes de la vivienda que se derrumbó con la fuerza de los vientos.

Otros, los que se autoevacuaron, se enconmendaron a sus santos para que estos protegiesen sus bienes durante el azote de la tormenta, mientras miraban con angustia y resignación los escasos bienes dejados atrás.

Algunos se marcharon en autobuses; otros, lo hicieron a pie, con sus hijos o sin ellos, por las calles anegadas y fangosas, en algunos casos.

Algunos de los que allí residieron, hasta hace algunos años, probablemente meses también, expresaron desde Miami su dolor por lo sufrido por Pinar y por sus familiares que quedaron atrás.

Las imágenes de dos ancianos sumergidos dentro del agua, uno de ellos de alrededor de 90 años de edad, son algunas de las imágenes que los cubanos no olvidarán del huracán Ian

Y aunque parezca imposible de creer, existe algo más triste y desolador que un anciano sumergido en el agua, dentro de su casa, esperando que pase una tormenta. Es la imagen de un país entero en apagón, debido al colapso del sistema electroenergético nacional.

La isla oscura, la isla que no tiene nada, fue el leit motiv para que una periodista cubana, residente en Irlanda, Annarella Grimal, expresara:

«(…) El Sistema Electroenergetico Nacional colapsó.
La Salud Pública colapsó.
La educación colapsó.
La economía colapsó.
La institucionalidad colapsó.
La defensa civil colapsó.
Y yo pregunto, si nada funciona bien, si todo ha llegado a un punto de no retorno, ¿qué más necesita el régimen para declarar el estado de emergencia, hacer las maletas y largarse?
¿Qué más tiene que pasar para que los acólitos de ese régimen reconozcan que en 62 años, finalmente, ya hemos tocado fondo?
Es demasiado. Ya esto colmó la miseria, la incompetencia, la indolencia y la paciencia.
Lo que está sucediendo en Cuba no creo que tenga comparación o precedentes con ningún otro país en el mundo.
Lo que estamos viendo y viviendo es un crimen, en toda la extensión de la palabra. Y escribo esto con una tristeza total.
Cuba se apagó.
Cuba es un agujero negro, oscuro e infinito. Una tumba, como leí por ahí.
Dios proteja a los inocentes, a los que dependen de soporte vital, a los que no pueden valerse por sí mismos.
Dios, danos fuerzas a los cubanos y restaura la razón y la vida.»

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