Cuba sin Iberostar ni Blue Diamond: dos grandes cadenas hoteleras se van y el futuro es cada día más incierto

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Un hombre de negocios no necesita que le expliquen dos veces lo que es una lista negra. Iberostar lo entendió y actuó: retiró su nombre de doce hoteles cubanos que llevan años en el punto de mira de Washington por su vínculo directo con las Fuerzas Armadas del régimen. La canadiense Blue Diamond hizo lo propio y cerró todas sus operaciones en la isla. Lo que queda es un sector turístico en caída libre y una dictadura que pierde, uno a uno, los socios que le quedaban.

Los doce hoteles de los que Iberostar acaba de desvincularse no son propiedades cualquiera. Son instalaciones controladas por el ejército cubano, el mismo aparato militar que maneja buena parte de la economía de la isla a través de sus conglomerados empresariales. Esa conexión los convirtió en blancos directos de las sanciones estadounidenses, y la cadena española decidió que su marca no podía seguir apareciendo en esas fachadas.

Blue Diamond se va, Meliá se queda sola

La salida de Iberostar no llegó sola. La cadena canadiense Blue Diamond cerró también sus operaciones en Cuba, completando un éxodo que deja a la española Meliá como la única gran marca hotelera internacional con presencia significativa en la isla. Es una soledad que dice mucho: lo que hace unos años era un destino con varias apuestas extranjeras fuertes hoy luce como un mercado que el mundo corporativo prefiere evitar.

La presión viene de Washington. La administración estadounidense ha intensificado su política de sanciones contra empresas vinculadas a las Fuerzas Armadas cubanas, y operar bajo esa sombra se ha vuelto un riesgo que pocas compañías están dispuestas a correr. Iberostar llevaba más de dos décadas en la isla; eso no fue suficiente para quedarse cuando los números y los abogados empezaron a hablar.

Para el régimen cubano, el golpe es doble: económico y simbólico. El turismo ha sido históricamente una de las pocas fuentes reales de divisas en una economía que no genera suficiente por sí sola. La pandemia ya había destrozado las cifras de visitantes, y la recuperación que el régimen necesitaba con urgencia ahora tropieza con este nuevo retroceso. Menos marcas reconocidas significa menos turistas, menos ingresos, menos capacidad para importar lo que la isla no produce.

La infraestructura hotelera que se queda atrás enfrenta además sus propios problemas: mantenimiento deteriorado, escasez de personal capacitado y una oferta de servicios que difícilmente compite con otros destinos del Caribe. Los hoteles que Iberostar deja de gestionar seguirán abiertos, pero sin el respaldo de una marca internacional de peso.

Más empresas mirando la salida

La retirada de estas dos cadenas podría acelerar una tendencia que ya estaba en marcha. Otros inversores extranjeros observan lo que pasa con Iberostar y Blue Diamond y sacan sus propias conclusiones. El riesgo de operar en Cuba —regulatorio, político, reputacional— supera para muchos el beneficio de estar en un mercado de por sí limitado y crecientemente aislado.

Meliá, que sigue apostando por la isla, tendrá que navegar sola ese entorno. Su permanencia puede responder a compromisos contractuales de largo plazo, a una apuesta estratégica o simplemente a que el costo de salir supera por ahora el de quedarse. Lo que está claro es que el paisaje que la rodea cambia rápido, y no para mejor.

Con información de ABC, La Vanguardia, El Periódico y La Jornada

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