La fuga de médicos jóvenes agrava la crisis sanitaria en Cuba ante salarios por debajo de 100 dólares mensuales

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Se gradúan y se van. Los salarios de miseria los empujan a abandonar la isla en masa y Cuba se queda sin doctores: el régimen destruye su propia joya de la corona

Un médico cubano recién graduado gana menos de 100 dólares al mes. Con ese dinero tiene que comer, vestirse, transportarse y vivir en un país donde la inflación ha destruido cualquier lógica de precios. La conclusión a la que llegan cada vez más jóvenes es la misma: estudiar seis años de medicina para esto no tiene sentido. Y se van.

El éxodo de médicos jóvenes en Cuba no es un fenómeno nuevo, pero su ritmo actual alarma incluso a quienes llevan años siguiendo la crisis del sistema sanitario cubano. Según un reciente reportaje de Le Monde, los recién graduados se enfrentan a un dilema sin salida real dentro de la isla: aceptar condiciones laborales y salariales que consideran indignas, o buscar fuera lo que el sistema cubano no puede ofrecerles.

Menos de 100 dólares para salvar vidas

Las cifras exactas son difíciles de obtener en un país donde la transparencia estadística no existe, pero los testimonios recogidos por medios internacionales apuntan en la misma dirección: la mayoría de los médicos cubanos, especialmente los más jóvenes, perciben salarios que no superan los 100 dólares mensuales. En un contexto de inflación galopante y escasez estructural, esa cantidad no alcanza para cubrir necesidades básicas.

A la miseria salarial se suma el deterioro del entorno de trabajo. Los hospitales cubanos enfrentan escasez crónica de insumos médicos y medicamentos. Equipos sin mantenimiento, quirófanos con recursos insuficientes, y la presión de atender a una población cada vez más enferma con cada vez menos herramientas. Los médicos jóvenes, formados con estándares que el propio sistema ya no puede sostener, chocan de frente con esa realidad el primer día que pisan un hospital como profesionales.

El régimen pierde su argumento más usado

Durante décadas, el castrismo utilizó la salud pública como escudo y como escaparate. Las tasas de mortalidad infantil, los médicos enviados al exterior como instrumento de política exterior, la narrativa del sistema sanitario gratuito y universal: todo eso formaba parte del argumento central con el que el régimen justificaba su existencia ante el mundo. Ese argumento se erosiona cada vez que un médico joven hace la maleta.

Porque la fuga no solo debilita el sistema desde adentro, reduciendo la cantidad de profesionales disponibles para atender a la población. También desmonta el relato. Si los propios médicos cubanos, formados por la revolución, prefieren irse antes que quedarse, algo fundamental ha fallado en el modelo que el régimen lleva sesenta años defendiendo.

Un sistema que no puede retenerse a sí mismo

El régimen ha intentado históricamente controlar la emigración de profesionales de la salud con una mezcla de restricciones administrativas y misiones internacionales que funcionan, en la práctica, como exportación de mano de obra médica a cambio de divisas para el Estado. Pero ese mecanismo tiene límites, y la desesperación económica actual los está empujando.

Los jóvenes médicos que se van hoy no regresan. Se insertan en sistemas de salud de otros países, convalidan sus títulos, construyen una vida nueva. Cuba pierde así no solo el trabajo que producirían durante décadas, sino también la inversión que el Estado hizo en formarlos. Es una hemorragia que el sistema sanitario cubano, ya en estado crítico, no está en condiciones de absorber.

[FUENTE] Le Monde, «A Cuba, le sauve-qui-peut des jeunes médecins devant des salaires et des conditions de travail jugées indignes»:

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