Capas que el rescate de 108 cubanos en Brasil no cuenta: 2,800 dólares por cruzar y falsos secuestros en Guyana

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Este lunes, la Policía de Carreteras Federal de Brasil rescató a 108 cubanos en Roraima en el mayor operativo humanitario registrado en ese estado.

El hecho fue noticia; pero esa operación es solo la superficie visible de algo que esta semana tuvo al menos dos capas más, igual de reveladoras.

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La Operación Ruta Segura se desarrolló en tres fases a lo largo de la tarde y la noche del lunes en el municipio de Cantá, estado de Roraima, y terminó con la detención de cinco personas acusadas de tráfico de migrantes. Según la policía brasileña, los coyotes cobraban tarifas abusivas mientras prometían un cruce seguro. Lo que entregaban era otra cosa.

«La ruta impuesta por ellos ignora cualquier nivel de dignidad humana o seguridad vial. Los extranjeros son sometidos a viajes agotadores en vehículos que no se mantienen adecuadamente», señalaron las autoridades en su comunicado.

Los 108 rescatados quedaron bajo custodia mientras regularizaban su estatus migratorio y fueron referidos a trabajadores de servicios sociales.

Este no es un caso aislado: desde junio de 2024, las autoridades brasileñas han rescatado un total de 297 cubanos que intentaban cruzar ilegalmente por Roraima. ¿Cómo llegan ahí? Aquí te lo explicamos

Lo que el operativo no cuenta: 2,800 dólares por la selva

Lo que las cifras del rescate no muestran es lo que ocurre antes de que la policía aparezca. Según reportes del medio brasileño G1, los cubanos que intentan cruzar por esta frontera pagan hasta 2,800 dólares, una cifra que cubre el transporte desde Cuba, el cruce en sí y el pago a las redes de coyotes que operan el corredor. En un país donde el salario estatal de un especialista médico equivale a 13 dólares mensuales, reunir esa suma significa años de ahorro familiar, ventas de bienes, préstamos y remesas de parientes en el exterior. Las familias lo hacen porque el cálculo que hacen es que cualquier cosa es mejor que quedarse.

La frontera entre Guyana y Roraima es una de las más permeables de América del Sur, con amplias zonas selváticas imposibles de controlar y una historia larga de tránsito irregular. Para los cubanos tiene además un atractivo concreto: Brasil mantiene una política relativamente abierta hacia los solicitantes de refugio, y muchos han logrado regularizar su situación una vez dentro en poco tiempo. El Ministerio de Justicia brasileño lo anticipó en su informe de mayo: «Si las tensiones geopolíticas entre Cuba y Estados Unidos empeoran, los flujos migratorios hacia Brasil podrían aumentar.»

Pero no todos llegan a Brasil con el dinero «ahorrado» o traído desde Cuba. Algunos se quedan atrapados en Guyana, país al que llegan con lo justo, en una situación de limbo. Sin oportunidades de salir adelante allí, tentados por las oportunidades que ofrece Brasil, al menos dos de ellos acudieron la pasada semana a un método desesperado.

Sin poder trabajar, necesitados de conseguir dinero sin querer robar, esta semana produjo uno de los episodios más insólitos del corredor. Las autoridades de Guyana detuvieron a dos ciudadanos cubanos acusados de haber orquestado un secuestro simulado, según reportó el Guyana Chronicle. Los detenidos habrían creado una situación de crisis ficticia para obtener beneficios personales o llamar la atención sobre su situación migratoria irregular. Los cargos incluyen conspiración y delitos relacionados con el intento de fraude.

Uno de esos dos casos debe haber sido el de Ivan Martínez, un cubano de 29 años, que inventó haber sido secuestrado y golpeado para pedirle a su padre el dinero del «rescate».

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El ardid ha incomodado a la comunidad cubana en Guyana, que lleva años construyendo una reputación de trabajo y discreción en ese país. Un episodio así, independientemente de las motivaciones que lo produjeron, daña la imagen de miles de cubanos que viven allí dentro de la ley y que no tienen nada que ver con lo que dos personas desesperadas decidieron hacer.

Las historias, tienen una sola causa. Son tres noticias distintas que ocurrieron en la misma semana, en el mismo corredor, con el mismo origen: una isla que expulsa a su gente a una velocidad que ninguna operación policial, por grande que sea, puede absorber.

Cuba pierde población a un ritmo que no tiene precedentes en su historia. Las estimaciones más conservadoras hablan de más de 200,000 cubanos que llegaron a Estados Unidos solo en el último año, pero el flujo hacia Brasil, México, España y el resto de América Latina es igualmente masivo y mucho menos documentado. La crisis energética, la escasez de alimentos, la represión política y el colapso del sistema de salud han convertido la emigración en la única salida que perciben amplios sectores de la población cubana, especialmente los jóvenes.

La ruta por Guyana y Roraima es peligrosa, cara y agotadora. Los que la eligen lo saben. Y aun así la eligen. Eso dice más sobre la situación en Cuba que cualquier estadística oficial.

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