El sistema eléctrico cubano colapsó en el oriente horas después de que el ministro terminara intervención

Havana
algo de nubes
27.2 ° C
27.2 °
27 °
83 %
1.5kmh
20 %
Jue
29 °
Vie
29 °
Sáb
32 °
Dom
32 °
Lun
32 °

La noche del 13 de mayo de 2026 quedará como una de las más oscuras —en sentido literal— de la historia reciente de Cuba. A las 7:00 de la tarde, la Unión Eléctrica (UNE) publicó en sus redes sociales su actualización vespertina del Sistema Electroenergético Nacional (SEN): disponibilidad de 1,020 MW frente a una demanda de 3,130 MW. Afectación actual: 2,127 MW. Los números solos describen un sistema que genera apenas un tercio de lo que el país necesita. Pero esa noche los números se quedarían cortos.

Horas antes, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, había comparecido en la televisión estatal cubana para explicar la situación. Lo que dijo no fue tranquilizador. Reconoció que las plantas termoeléctricas operan con equipos que superan los 50 años de vida útil, cuando su vida útil estándar es de entre 25 y 30 años. Admitió que el país necesita al menos ocho buques de combustible al mes para sostener una generación mínima, y que en abril solo llegó uno. Confirmó que aunque Cuba tiene instalados más de 1,300 MW en capacidad solar, la fragilidad de la red eléctrica solo permite absorber 580 MW de energía renovable sin riesgo de colapso total inmediato. El sistema, dijo, está «particularmente tenso.»

Lo que ocurrió después dejó en evidencia que «particularmente tenso» era un eufemismo.

Según reportó el activista y comunicador Magdiel Jorge Castro en sus redes sociales antes de que la Unión Nacional Eléctrica dijera algo, la Empresa Eléctrica de Santiago de Cuba informó que toda la región oriental del país quedó desconectada del SEN. El colapso abarcó la totalidad del oriente cubano.

Poco después, una segunda publicación del mismo comunicador citó a la Empresa Eléctrica de Holguín, que informaba de un «colapso inminente del SEN» en esa provincia. La región oriental —que incluye las provincias de Santiago de Cuba, Holguín, Granma, Guantánamo y Las Tunas— quedó a oscuras.

Las causas exactas del colapso no fueron precisadas de forma oficial.

La UNE había documentado durante el día tres incidencias técnicas en sus publicaciones: a las 11:57, la Unidad 6 de la CTE Máximo Gómez salió de línea por emergencia. A las 17:37, la Unidad 3 de la CTE Ernesto Guevara De La Serna entró en línea. A las 18:29, esa misma unidad volvió a salir de línea por un salidero de aceite en turbina. La última actualización pública de la UNE en redes sociales fue publicada hace más de diez horas. Desde entonces, silencio oficial.

Horas después, es decir, hace unos minutos, la UNE hizo tres publicaciones en línea. En una, advirtió de la salida de la CTE Guiteras… otra vez por problemas en la caldera.

Luego, compartió una publicación del Ministerio de Energía y Minas hecha 10 horas antes.

Y, finalmente, admitió la caída del SEN en el Oriente del país.

El contexto en que se produce este colapso es el peor en décadas. Venezuela interrumpió sus envíos de petróleo a Cuba en noviembre de 2025. México suspendió prácticamente sus entregas desde enero de 2026. El único alivio del año fue un buque con crudo ruso llegado en abril, cuyas reservas se agotaron a principios de mayo. Desde entonces, el sistema no ha tenido respaldo. El déficit proyectado para el pico nocturno del 13 de mayo superaba los 2,000 MW, el máximo registrado en todo 2026, según datos de la propia Unión Eléctrica.

Cuba acumula, según el seguimiento de medios independientes, siete colapsos totales del SEN en los últimos 18 meses. El más grave hasta ahora había sido el del 16 de marzo de 2026, con un apagón de 29 horas y 29 minutos. El del oriente, ahora en la mañana del 14 de mayo añade un nuevo capítulo a esa secuencia.

Las consecuencias de apagones de esta magnitud van mucho más allá de la incomodidad doméstica. Sin electricidad no funciona el bombeo de agua. No operan los refrigeradores de medicamentos ni los equipos hospitalarios. No hay transporte eficiente. La cadena de frío de los alimentos se rompe en cuestión de horas. En un país donde el 96% de la población ha perdido acceso adecuado a alimentos por la inflación, según datos citados por medios independientes, perder la cadena de frío no es un dato técnico: es una crisis humanitaria dentro de la crisis.

El ministro De La O Levy advirtió durante su comparecencia que los meses de julio y agosto serán aún peores, cuando la demanda eléctrica suba por el calor y el sistema tenga aún menos capacidad de respuesta. Lo que no dijo es qué planea hacer el gobierno al respecto, más allá de continuar culpando a las sanciones estadounidenses.

Las sanciones contra la isla existen y tienen efecto real, pero es necesario señalar que la crisis eléctrica cubana no comenzó en enero de 2026. Las termoeléctricas llevan décadas sin mantenimiento adecuado. El propio primer ministro Manuel Marrero Cruz reconoció en octubre de 2024 que la escasez de combustible era el mayor problema del sistema, antes de que Trump firmara ningún decreto.

Lo que el régimen construyó durante décadas —un sistema eléctrico obsoleto, centralizado, sin inversión y sin redundancia— no se derrumba solo por las sanciones. Se derrumba porque nunca fue diseñado para durar, sino para funcionar mientras hubiera petróleo barato o regalado desde Venezuela. Ese petróleo ya no llega. Cuba ya no tiene dinero para comprarlo pues agotó sus arcas construyendo hoteles que hoy están vacíos. Y el sistema cae. Todos. El SEN primero.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

¿Quieres reportar algo?

Envía tu información a: [email protected]

Lo más leído

Quizás te interese

Envíos a CUBA desde → $1.79 x LBENVÍA AQUÍ
+