Cuba enfrenta su mayor crisis energética en décadas. Washington aprieta el cerco, La Habana responde con medidas de emergencia que trasladan el costo al bolsillo del cubano de a pie.
Por primera vez en su historia, Cuba dejará de vender combustible a un precio único en dólares. A partir del próximo 15 de mayo, cada proveedor autorizado a importar y comercializar gasolina o diésel podrá fijar su propio precio según el costo real de adquisición.
Así lo confirmó el Ministerio de Finanzas y Precios, en una medida que llega en medio de una crisis energética marcada por la escasez de diésel y gasolina, apagones prolongados y dificultades crecientes para garantizar suministros estables en toda la isla.
La decisión sacude un sistema que, al menos en teoría, había funcionado como escudo frente a la volatilidad del mercado internacional. Hasta ahora, Cuba mantenía un precio fijo para la venta de combustibles como política de protección ante los cambios e inestabilidades de un mercado convulso —reconoce el propio gobierno— pero eso «ya no es posible sostener económicamente en las presentes condiciones.»
En la práctica, esto significa que a partir de este viernes los conductores cubanos podrán encontrar precios distintos en estaciones de servicio que venden el mismo tipo de combustible, algo inédito desde que comenzó la dolarización parcial del sector energético.
El gobierno cubano atribuye directamente la situación a Washington. El recrudecimiento del llamado «bloqueo» económico, agravado por las órdenes ejecutivas del 29 de enero y del 1 de mayo de 2026 del presidente Donald Trump, ha provocado una drástica disminución de los suministros de combustible. En los últimos meses, aseguran, «se ha intensificado el cerco mediante amenazas y coacción» para impedir que los barcos atraquen o que los proveedores vendan, en un escenario internacional encarecido por guerras y tensiones geopolíticas; pero la realidad es otra: Cuba no tiene dinero para comprar combustible y vive de lo que le regalan; llámese primero URSS, luego Venezuela, más tarde México y ahora Rusia (cuando pueden estos dos últimos)
Sin embargo, los pronunciamientos oficiales encuadran la crisis como agresión imperial, no como fracaso de gestión. Según la Federación de Mujeres Cubanas, por ejemplo, Estados Unidos «quiere aterrorizar al mundo entero» con sus sanciones contra Cuba. Lo que el gobierno no menciona con igual énfasis es la otra cara de esa ecuación: su ineficiencia probada.
Como muestra indeleble del deterioro que atraviesa la isla, el pasado domingo, el dólar alcanzó un nuevo máximo histórico en el mercado informal cubano, cotizándose a 543 pesos cubanos, mientras que la tasa oficial del Segmento III del Banco Central se mantiene en 498 CUP. Esa brecha de 45 pesos expone la distancia entre el valor reconocido por el mercado y el esquema cambiario administrado por el Estado, donde ningún cubano va a comprar dólares, por muy baratos que estén, porque sencillamente el Estado no tiene para venderlos.
Para millones de cubanos que reciben salarios estatales —cuyo promedio no supera los 13 dólares mensuales— la liberalización de precios del combustible no es una señal de apertura. Es una carga más.
La apuesta científica: «hacer correr» el crudo propio
Ante el cierre de los grifos externos, La Habana ha volcado parte de su apuesta en una salida técnica de producción propia: la termoconversión. Rafael López Cordero, investigador titular del Centro de Investigaciones del Petróleo (Ceinpet), explicó que el proceso permite disminuir la viscosidad del crudo pesado cubano y reducir discretamente su contenido de azufre, sin necesidad de mezclarlo con nafta —insumo que escasea— lo que posibilita destinar mayores volúmenes de nafta a la producción de gasolina.
La mayor parte del petróleo que Cuba extrae en su franja norte es pesado, denso y cargado de azufre: durante décadas fue considerado prácticamente inútil para refinar.
El presidente Díaz-Canel celebró el avance afirmando que «rompimos un tabú que había en el país, de que el crudo nacional no se podía refinar.»La tecnología piloto está siendo instalada en la refinería Sergio Soto, en Cabaiguán, provincia de Sancti Spíritus, una instalación que ya procesa crudo nacional y cuenta con facilidades auxiliares de vapor, agua tratada, suministro eléctrico y personal con experiencia en crudos pesados desde 2010.
Los críticos señalan, sin embargo, que el entusiasmo oficial supera a los resultados concretos. Cuba produce diariamente entre 30,500 y 40,000 barriles de crudo, una cifra muy inferior frente a una demanda nacional estimada en unos 110,000 barriles por día.
La tecnología de termoconversión sigue en fase piloto y aún debe superar varias etapas antes de poder aplicarse a escala nacional. La ausencia de un cronograma preciso genera dudas sobre su impacto inmediato en el día a día de los cubanos.
El costo humano de la ecuación energética
El efecto de la crisis no se mide solo en litros de gasolina. Muchos cubanos temen que el nuevo esquema de precios libres termine trasladando todavía más presión al bolsillo en una economía donde los salarios estatales siguen muy lejos del costo real de vida. Los apagones se extienden durante horas en todo el país. Los escasos combustibles llegan a altos costos, por lo que no es posible mantener un precio único y fijo para la venta en dólares en todo el país, en ello influirá el proveedor, el costo de los fletes, la ruta del suministro, los seguros, los riesgos y la fluctuación del mercado internacional.
El resultado es un país en modo supervivencia: apostando a soluciones científicas que aún no escalan, liberalizando precios que el ciudadano no puede pagar, y culpando a Washington de todo lo que falla, en una narrativa que tiene parte de verdad y mucho de cortina de humo sobre décadas de gestión centralizada que agotaron la economía antes de que llegara cualquier sanción.



















