Semana terrible: la violencia de género dejó más de una víctima cubana y otras se salvaron por muy poco

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En una semana, seis mujeres cubanas atacadas por sus parejas o exparejas, en hechos ocurridos en Cuba o en los Estados Unidos.

En menos de siete días, al menos cuatro mujeres cubanas fueron asesinadas presuntamente por sus parejas o exparejas, dos más sobrevivieron de milagro y otro caso mantiene a una familia entera sin respuestas.

Los hechos ocurrieron en La Habana, Camagüey, Guantánamo, Fort Myers y Las Vegas. La violencia de género no distingue geografía y esta semana lo demostró con una brutalidad que sacudió a la comunidad cubana dentro y fuera de la isla.

Las que no sobrevivieron: cuatro cubanas asesinadas en una semana

La noche del viernes comenzó con una alerta confusa, fragmentada, como ocurre tantas veces en Cuba cuando la información corre primero por redes sociales y testimonios improvisados. Una mujer había sido asesinada en La Habana. Su nombre, en ese primer momento, era incierto. Algunos la identificaban como “Yoyi”. Otros hablaban de “La China”. El lugar también variaba: San Miguel del Padrón o Cotorro.

Con el paso de las horas, y gracias a nuevos testimonios —incluidos los de familiares—, la historia empezó a tomar forma. Detrás de los nombres cruzados y los datos contradictorios había una víctima concreta: Gloria Almanza Céspedes, madre y abuela, cuya muerte ha vuelto a poner en primer plano la violencia de género en la isla.

Las primeras publicaciones en redes señalaban que la víctima era conocida como “Yoyi”. Posteriormente, otras versiones la identificaron como “La China”, generando dudas incluso entre vecinos y usuarios que decían conocerla.

Sin embargo, comentarios de personas cercanas apuntan a que “Yoyi” —o “Yoli”— era el nombre más utilizado en su entorno inmediato, mientras que “La China” pudo haber sido un apodo menos extendido o una identificación errónea en los primeros reportes.

Este tipo de contradicciones revela las dificultades del activismo y la prensa independiente para verificar información en tiempo real debido a que las autoridades del país no colaboran en suministrar información sobre estos casos y muy esporádicamente los publican; y cómo, en cuestión de horas, una historia puede construirse sobre datos incompletos.

De acuerdo con los datos que han logrado consolidarse, Gloria fue atacada en horas de la noche con un arma blanca por su expareja. La agresión, dirigida al pecho, resultó mortal.

Aunque inicialmente se dijo que el agresor se había entregado a la policía, múltiples comentarios de personas que aseguran conocer el caso desmienten esa versión. Según estos testimonios, el hombre fue capturado cuando intentaba salir hacia el oriente del país, lo que introduce un matiz importante: no se trató de una entrega voluntaria, sino de una detención.

Uno de los elementos más contundentes emerge del testimonio de una prima de la víctima, quien describe un patrón de violencia previo:

“No es la primera mujer a la que le hace eso. Ya con esta son tres, pero las otras lograron salvarse. Hasta a la madre de su hijo la apuñaló hace años. Es una persona muy agresiva y siempre está bajo los efectos del alcohol.”

Este comentario no solo aporta contexto, sino que dibuja un perfil preocupante: un agresor reincidente, con antecedentes conocidos en su entorno. La pregunta que queda flotando —y que también aparece en varios comentarios— es por qué esas señales no derivaron en una intervención efectiva antes de que ocurriera el desenlace fatal.

La versión más completa y humana llega desde el entorno más cercano. Una hija de la víctima, identificada en Internet como Keylan Durand, ofreció detalles que ayudan a reconstruir la historia:

Gloria Almanza Céspedes tenía 52 años. Su agresor ha sido identificado como Manuel Martínez Matos, de aproximadamente 49 años, con quien mantuvo una relación durante años. Según su testimonio, ya no estaban juntos: llevaban más de un año separados y alrededor de nueve meses sin contacto directo. Sin embargo, el agresor no habría aceptado esa ruptura. La hija lo resume con una palabra que aparece una y otra vez en casos similares: aferramiento.

Describe a su madre como una mujer con virtudes y defectos, pero respetuosa incluso después de terminada la relación, vinculada a la iglesia y bien valorada en su comunidad. Su mensaje cierra con una exigencia que se repite en decenas de comentarios: justicia.

Más allá de este caso específico, la reacción en redes evidencia un fenómeno mayor. Decenas de usuarios señalan que este tipo de crímenes se ha vuelto frecuente, casi cotidiano en la conversación digital. Algunos apuntan a la falta de leyes más severas. Otros, a la inacción policial ante denuncias previas. También hay quienes insisten en la necesidad de reconocer las señales tempranas de violencia en las relaciones.

Pero entre todas esas interpretaciones, hay un punto en común: la sensación de que los hechos se repiten, con variaciones mínimas, y con consecuencias irreversibles por todo el país. Lo que sí está claro es el resultado: una mujer asesinada, una familia devastada y un nuevo caso que se suma a una lista que, según la percepción pública, no deja de crecer.

En medio del ruido, de las versiones cruzadas y de la indignación colectiva, la historia termina reduciéndose a lo esencial: una vida perdida y un reclamo que vuelve a repetirse —esta vez con nombre y apellidos— para que no quede impune.

En North Fort Myers, Florida, el jueves 30 de abril alrededor de las 4:49 de la tarde, oficiales del sheriff respondieron a un llamado por violencia doméstica en Shelby Lane. Encontraron a Yaneicy Prieto Rodríguez, cubana oriunda del municipio Regla en La Habana, inconsciente con múltiples heridas punzantes. Los paramédicos no pudieron salvarla y fue declarada muerta en la escena. Su esposo, Alain Samón Cuadra, de La Lisa, huyó en una camioneta de trabajo tras el crimen. Unidades caninas de la Oficina del Sheriff lo localizaron poco después en un área boscosa cercana y fue detenido sin incidentes. El sheriff Carmine Marceno calificó el hecho como una violencia brutal e inaceptable y advirtió que quienes cometan este tipo de crímenes serán encontrados y plenamente responsables ante la ley.

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Un video del momento en que fue capturado puede verse aquí

En Las Vegas, Vanesa Rodríguez, joven cubana natural de Ciego de Ávila, fue estrangulada presuntamente por su pareja Roelmer Sánchez-Garrido, quien llamó al 911 horas después cuando ella ya no tenía signos vitales. Personas cercanas aseguran que Vanesa sufría maltrato, intentaba terminar la relación y que el agresor la había aislado y obligado a dejar su trabajo. Deja una hija de aproximadamente año y medio que quedó bajo custodia de las autoridades. Sánchez-Garrido fue detenido.

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Las que sobrevivieron: una huyó herida un kilómetro y otra fue atacada frente a su hijo

Uno de los casos más impactantes de la semana ocurrió el 20 de abril en Mameyal de Caujerí, municipio San Antonio del Sur, en Guantánamo. Yalili Donatien Wilson, de 33 años y madre de tres hijos, fue atraída hacia una zona de monte por su pareja de aproximadamente diez años, Santo Michel Columbie, de 31 años, bajo un pretexto cotidiano. Allí la atacó con un objeto cortante causándole heridas graves, incluyendo en el cuello.

Lo que siguió fue un acto de supervivencia extraordinario. Yalili logró escapar y recorrió aproximadamente un kilómetro gravemente herida, sosteniéndose el cuello para no desangrarse, hasta encontrar ayuda. Sobrevivió. Su agresor, sin embargo, permanece prófugo. Según denuncias de familiares, se oculta en zonas de monte pero ha sido visto en la comunidad, moviéndose con el rostro cubierto. Un hermano suyo presuntamente le estaría facilitando alimentos. La familia denuncia falta de acción policial pese a que la identidad del sospechoso es conocida.

El caso tiene además una dimensión adicional de extrema gravedad: familiares aseguran que el agresor habría cometido previamente un abuso contra la hija mayor de la víctima, una menor de 12 años, y que ese hecho habría sido el detonante del ataque posterior contra la madre. Este señalamiento no ha sido confirmado oficialmente y se mantiene en proceso de verificación.

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En Camagüey, Yinet de la Caridad Pérez Pérez, de 27 años, fue atacada el 2 de mayo dentro de su propia vivienda por su expareja Yoanni Moreno Ramírez, quien llevaba días insistiendo en retomar la relación. El hombre irrumpió en la casa en horas del mediodía y le causó graves heridas con un arma blanca en el rostro, desde la zona cercana a la oreja hasta la mandíbula. Todo ocurrió delante del hijo de ambos, un niño de 9 años. La madre de Yinet intentó defenderla y también resultó herida en un brazo. El agresor huyó y permanece prófugo.

Familia que exige respuestas sobre extraño caso de una joven de 18 años

Al margen de los feminicidios, esta semana también sacudió a Marianao con un caso que la familia de la víctima se niega a dejar pasar en silencio. Anaí, una joven de 18 años, salió en la madrugada del 25 de abril con su novio Alejandro y terminó hospitalizada en estado crítico en el pediátrico Juan Manuel Márquez, con una operación de nueve horas en el cráneo y dos fragmentos de hueso retirados, en coma y sin responder a nadie.

La versión oficial habla de un accidente de motos. Pero la prima de Anaí salió en vivo en Facebook a denunciar que los videos del teléfono de la joven muestran que ambos participaban en una carrera clandestina, que Alejandro no tiene licencia, que las motos desaparecieron del lugar antes de que llegara la policía y que el joven ha dado versiones contradictorias sobre lo ocurrido. Lo más llamativo: Alejandro no presenta ninguna lesión.

La familia denuncia que no ha recibido información clara de las autoridades y que el joven permanece libre, presuntamente porque su padre tiene influencias con funcionarios locales. Anaí falleció posteriormente, según confirmaron allegados. El caso no está clasificado como violencia de género, pero la familia exige que se investigue con la misma urgencia que cualquier muerte violenta de una joven cubana.

Una semana que dejó demasiadas preguntas sin respuesta y demasiadas familias sin la persona que amaban.

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