Pensión de $4 dólares al mes, sin hijos en casa o nadie que los cuide y sufriendo apagones de 40 horas. Los ancianos en Cuba están cada día más abandonados, pero el régimen cubano se niega a liberar presos políticos, las negociaciones con EE.UU. se estancan y ellos seguirán hasta hurgando en la basura a ver qué encuentran para comer.
El mismo lunes que el embajador de Cuba ante la Naciones Unidas le dijo a la Associated Press que los presos políticos «no están en la mesa de negociación» con Estados Unidos, la propia AP publicó desde La Habana un reportaje sobre los ancianos cubanos que sobreviven con pensiones equivalentes a $4 al mes.
Dos historias del mismo día, del mismo medio, sobre el mismo país. Tal pareciera que una no tiene que ver con la otra, pero sí. Juntas cuentan algo que ninguna de las dos dice por separado: mientras el régimen gestiona su futuro político en los pasillos de la ONU, los que hicieron la revolución rebuscan en la basura.
En la Iglesia del Espíritu Santo de La Habana Vieja, un grupo de casi cincuenta ancianos se reúne tres veces por semana para comer una ración de carne molida, arroz, frijoles colorados y galletas con mayonesa. Antes de sentarse, rezan en voz alta. Carmen Casado, de 84 años, ingeniera química jubilada, es una de las que no falta. Su pensión mensual es de 2,000 pesos cubanos — cuatro dólares al cambio informal que los cubanos usan cada día para sobrevivir.
Según el reportaje de AP, Cuba es ya uno de los países con la población más envejecida de América Latina: casi el 26% de sus habitantes tiene 60 años o más, casi el doble del promedio regional. En los últimos cinco años, la isla ha perdido 1.5 millones de habitantes, casi todos jóvenes que emigraron.
Los que se quedaron son, en muchos casos, los que no pudieron irse: los viejos. Muchos de ellos viven solos en apartamentos de un cuarto en La Habana Vieja, sin hijos cerca, sin pensión suficiente para comprar lo básico. Mercedes López Rey, 83 años, lleva comida de la iglesia a vecinos que no pueden moverse. La foto de Fidel Castro sigue en su mesita de noche. Casado dice que es afortunada — puede valerse por sí misma, no usa bastón. Eso ya es un privilegio en la Cuba de 2026.
Mientras eso ocurre en las calles de La Habana, el embajador de Cuba ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, declaró a la AP en Nueva York que los presos políticos son un asunto interno que no forma parte de ninguna negociación con Washington. La liberación de figuras como Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo — reconocidos como presos de conciencia por organizaciones internacionales — había sido una de las condiciones centrales que EE.UU. planteó durante las conversaciones secretas del 10 de abril en La Habana, las primeras entre los dos países en una década.
La respuesta de Soberón fue directa: «Tenemos nuestro sistema legal, como aquí en Estados Unidos tienen el suyo. Debemos respetar los asuntos internos de ambos.» El Departamento de Estado respondió con un comunicado que tampoco dejaba margen: «El régimen cubano debe dejar de jugar mientras se llevan a cabo conversaciones directas. Tienen una pequeña oportunidad para llegar a un acuerdo.»
El plazo de dos semanas que Washington impuso venció el viernes 24 de abril. Cuba no liberó a nadie.
El régimen que no cede en la ONU es el mismo que autorizó recientemente a emprendedores privados a operar residencias de ancianos — un giro inédito en un sistema que durante décadas lo controló todo — porque ya no puede sostener ni siquiera eso. La pensión de $4 no es un fallo del sistema. Es el sistema. Y los ancianos que rezan antes de comer en una iglesia porque el Estado no les garantiza ni la comida lo saben mejor que nadie.
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