Historiadora y académica cubana explica demasiado bien que la crisis actual no es culpa de Trump

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La discusión sobre Cuba volvió a girar, otra vez, alrededor de Donald Trump, el embargo y la presión de Estados Unidos. Pero en medio de ese ruido, la historiadora cubana Alina Bárbara López Hernández ha puesto sobre la mesa una explicación mucho más incómoda: la crisis actual del país no es consecuencia de una agresión reciente, sino el resultado de un proceso largo de desgaste interno.

El análisis fue compartido por la periodista cubana Natasha Vázquez. Según explicó, lo dicho por Alina Bárbara, fueron palabras que esta le envió cuando ella le pidió su opinión sobre la situación actual en la isla, para un artículo en La Voz de Galicia.

Según dijo, por razones de espacio solo pudo utilizar un fragmento de todo el análisis hecho por la académica cubana

«Como ha vuelto «estar de moda el «parque temático Cuba», con alguna gente que va a «conocer la realidad cubana» desde hoteles 5 estrellas, mientras culpan a Trump y al bloqueo de lo que les toca y de lo mucho que no, comparto este análisis magistral que tuvo la amabilidad de enviarme recientemente la profe Alina Bárbara López Hernández«, expresó Vázquez, no sin antes dejar una recomendación muy explícita: que este merece leerse completo.

En el análisis, Alina Bárbara desmonta una idea que se repite con facilidad en el debate internacional. Reconoce que el endurecimiento del discurso y las políticas de Trump generan impacto y atención mediática, sobre todo en Europa, donde ese tono revive reflejos históricos de rechazo al imperialismo. Pero advierte que ese foco desvía la mirada de lo esencial: la crisis cubana no es coyuntural, es estructural.

Define el momento actual como una “crisis terminal por implosión” de un modelo económico, político y social que se ha ido agotando desde dentro. No es un sistema que necesite ser derrotado desde fuera, explica, sino uno que colapsa por sus propias contradicciones. Ese proceso, insiste, no empezó ahora.

La historiadora sitúa el origen del deterioro en etapas anteriores: primero con la caída del campo socialista, luego con el relevo de Fidel Castro por Raúl Castro, y más adelante con un conjunto de reformas que marcaron un giro profundo en la relación entre el Estado y la población. Recuerda, además, que el carácter autoritario del sistema cubano es previo incluso al embargo estadounidense, con control sobre sindicatos, prensa e intelectualidad desde antes de 1962.

Uno de los puntos más sensibles de su análisis es el cambio de modelo bajo el gobierno de Raúl Castro. Según explica, Cuba pasó de un esquema que garantizaba ciertos niveles básicos de bienestar —salud, educación, asistencia social— a otro con un sesgo claramente antipopular. Enumera medidas concretas: cierre masivo de comedores obreros, aumento de la edad de jubilación, reducción de derechos laborales, dolarización parcial de la economía y recorte sostenido de la inversión social.

Ese proceso culmina, según su lectura, con la llamada Tarea Ordenamiento en 2021, un paquete de reformas que terminó de desestabilizar la economía y acelerar el empobrecimiento. La reacción social no tardó en llegar: apenas meses después, el 11 de julio, miles de cubanos salieron a las calles en las mayores protestas registradas en décadas.

López Hernández también desmonta otro argumento frecuente: que el deterioro visible en Cuba es reciente. Recuerda que problemas como la escasez en la libreta de racionamiento, el colapso de la industria azucarera o el deterioro de los servicios públicos vienen de mucho antes del actual escenario político en Estados Unidos. Lo que ha cambiado, señala, es la visibilidad.

Su conclusión apunta a una idea difícil de esquivar: el Estado cubano ha dejado de sostener las condiciones mínimas de vida mientras mantiene intacta su capacidad represiva. “Hay prioridades”, advierte, y entre ellas no está el bienestar de la población.

En medio de un debate internacional que simplifica la crisis cubana a un conflicto externo, su análisis devuelve la discusión a un terreno más complejo: el de las decisiones internas, acumuladas durante años, que han llevado al país hasta el punto en que está hoy.

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