¿Chirrín Chirrán? Trump cree que sí, pero La Habana dice otra cosa: «No somos amenaza (…) hay dignidad»

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Entre el “Cuba fracasará muy pronto” de Trump y el “aquí nadie amenaza, aquí hay dignidad” de los medios oficiales, la Isla vuelve a quedar atrapada entre dos relatos irreconciliables que, una vez más, convierten su destino en un campo de batalla geopolítico.

Por si o por no: mientras el Gobierno habla de “voluntad”, los jóvenes cubanos son llamados a un servicio militar obligatorio que no pueden rechazar.

Donald Trump volvió a colocar a Cuba en el centro de su discurso político este martes durante una visita a Iowa, donde aseguró que “Cuba fracasará muy pronto” tras perder el respaldo económico y petrolero que recibía de Venezuela.

Según el mandatario estadounidense, el corte de esos suministros ha dejado al Gobierno cubano sin oxígeno financiero y energético, empujándolo hacia un colapso inevitable.

“Cuba es realmente una nación que está muy cerca del fracaso”, afirmó ante periodistas. “Recibían dinero de Venezuela. Recibían petróleo de Venezuela. Ya no lo reciben. Vamos a ver qué pasa con Cuba”.

Las declaraciones no llegan solas. En las últimas semanas, el Wall Street Journal reveló que la Casa Blanca trabaja en una estrategia para promover un cambio de régimen en Cuba antes de que concluya 2026, basada en el debilitamiento económico total del país. Funcionarios estadounidenses consideran que la pérdida de subsidios venezolanos ha agravado los apagones, la escasez de alimentos y medicamentos y el estrés social, generando condiciones propicias para una ruptura interna.

En ese mismo marco, Trump firmó el 29 de enero una Orden Ejecutiva que declara a Cuba como “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, activando una “emergencia nacional”. El documento acusa a La Habana de albergar “sofisticadas capacidades militares y de inteligencia” y de mantener vínculos con “países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores malignos adversarios”.

Como parte de esa orden, Trump anunció que impondrá nuevos aranceles a cualquier país que venda o suministre, directa o indirectamente, petróleo a Cuba. Desde Washington, la medida es presentada como un acto de “protección” de la seguridad estadounidense. Desde La Habana, se describe como una escalada de guerra económica.

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Granma calificó la decisión como “un acto de genocidio económico disfrazado de seguridad nacional” y sostuvo que la verdadera intención es castigar colectivamente al pueblo cubano por su decisión de mantener un proyecto soberano.

“El Gobierno de Estados Unidos vuelve a mentir, como lo hace sistemáticamente”, afirma el diario, negando que Cuba albergue terroristas, coopere ilegalmente con otros países o represente amenaza alguna.

En ese mismo texto se recuerda que en territorio estadounidense han encontrado amparo personas como Luis Posada Carriles, responsable del atentado al avión de Cubana de Aviación en Barbados, mientras se acusa a Washington de fabricar pretextos para justificar una política extraterritorial.

Desde Juventud Rebelde, el periodista Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, UPEC, fue aún más duro. Describió la medida como “una excreta yanqui” que pretende convertirse en “orden imperial contra la libertad del mundo” y advirtió que, si se normaliza este tipo de agresión, ninguna nación independiente podrá sentirse a salvo.

“Hoy vienen por Cuba, mañana será por Canadá, Groenlandia y cualquier país que se les antoje ubicar en su teoría fascista del espacio vital”, escribió.

Juanita Carrasco, otra de las firmas históricas del diario, afirmó que la declaración de emergencia puede interpretarse como una advertencia previa a una intervención militar directa. Según su análisis, Trump recurre a una falacia para imponer aranceles adicionales y cercar totalmente la economía cubana, con el objetivo de provocar un estallido social que fuerce un cambio político en la isla.

Carrasco recuerda que en la propia Orden Ejecutiva se menciona a Rusia, China, Irán, Hamás y Hezbolá como supuestos aliados de Cuba, y denuncia que no existe una sola prueba de esas acusaciones, a pesar de que las pruebas de la afinidad entre La Habana, Moscú, Beijing y Teherán las conoce todo el mundo; y que fotos de Díaz-Canel junto a líderes de las organizaciones mencionadas están en Internet a disposición de quien desee verlas. A juicio de la veteranísima Juanita Carrasco, la escalada forma parte de la reactivación de la Doctrina Monroe y coincide simbólicamente con la herencia imperial de William McKinley.

En otra pieza, titulada “Aquí nadie amenaza, aquí hay dignidad”, el jovencísimo, pero semper fidelis, Raciel Guanche Ledesma, sostuvo en el Juventud Rebelde que Estados Unidos busca repetir guiones fallidos para socavar la Revolución, paralizar la economía y forzar al país a arrodillarse.

“¿Amenaza de qué?”, se pregunta el texto, «recordando» que Cuba jamás ha bloqueado ni invadido a otro país, ni ha lanzado guerras en el mundo. Para un joven tan desconocedor de la historia sobre la exportación de Revoluciones y guerrillas, el papel le ha venido de perillas para decir lo que le vino a la mente.

En toda esta retahíla de condenas oficialistas, no podía faltar el canciller Bruno Rodríguez Parrilla; el bien llamado «Condenador en Jefe» o «Condenaitor». Fiel a su estilo, Bruno condenó – ya lo decíamos – “en los términos más firmes” la nueva escalada. En un mensaje en X afirmó que Washington pretende imponer un bloqueo total al combustible, utilizando una lista de mentiras para justificar una agresión que, según dijo, convierte al Gobierno estadounidense en la “única amenaza real” para la paz y la estabilidad regional.

Rodríguez denunció además el chantaje a terceros países, amenazados con aranceles si no se suman a la política de bloqueo, y recordó que Cuba lleva más de seis décadas sometida al cerco económico más prolongado que haya sufrido una nación.

«Hoy, la paz, la seguridad y la estabilidad de Nuestra América están en peligro por la doctrina belicista (…),» señaló en otra publicación.

En paralelo, medios como Politico, Reuters y Bloomberg han revelado presiones de Washington sobre México y otros países para frenar los envíos de crudo a la Isla. Pemex habría retirado un cargamento previsto para finales de enero, mientras la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que la ayuda humanitaria continuará, aunque subrayó que las exportaciones de la empresa no dependen directamente del gobierno.

El escenario es de máxima tensión. Desde Washington se insiste en que el colapso cubano es inminente. Desde La Habana se responde que no se trata de una crisis de sistema, sino de una agresión diseñada para quebrar a un país pequeño que se niega a someterse.

Por si o por no, mientras desde Washington se habla de colapso inminente y desde La Habana se responde con llamados a la dignidad, el propio Estado cubano convoca en paralelo a los varones nacidos en 2010 a inscribirse en el Registro Militar como “primer paso” hacia el Servicio Militar Activo, según anunció el MINFAR el 29 de enero a través del mayor Alberto Ramos Mendoza. Es decir, para los que tengan de 16 años en adelante. 16 años…

La nota, que se apoya en el Decreto–Ley No. 224, presenta el trámite obligatorio como – escuchen esto – “una muestra de la voluntad de los jóvenes de prepararse para la defensa de la Patria”, cuando en la práctica no existe voluntad posible en un sistema donde el Servicio Militar no es una opción, sino una imposición legal.

El cierre de la nota —“este proceso reafirma el compromiso de las nuevas generaciones con los valores de defensa y soberanía del país”— funciona como una pieza de propaganda clásica: convierte la obligación en adhesión, el miedo en deber, y el cansancio en épica. En una Cuba donde la mayoría de los jóvenes sueña con irse del país para mejorar económicamente, no con empuñar un fusil, ese lenguaje no describe una realidad: intenta fabricarla. La manipula – y miente de manera descarada -, ante los ojos de toda una población que, absolutamente no cuenta con los recursos legales para eludirla.

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