Un inesperado acercamiento por parte de agentes del FBI a dos jóvenes residentes en el sur de Florida ha generado un nuevo foco de tensión en los discretos contactos entre Washington y La Habana, especialmente en «El Cangrejo».
Según reveló una investigación de Martí Noticias, las autoridades federales estadounidenses abordaron a Carlos Ernesto y Camilo Pérez-Oliva, hijos de Óscar Pérez-Oliva Fraga, actual viceprimer ministro y titular del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera de Cuba, con el aparente objetivo de lograr una comunicación directa con el alto dirigente.
Durante el encuentro, los agentes solicitaron información y un número telefónico para contactar al ministro, figura de rápido ascenso en el Gobierno y nieto de Ángela Castro. Los hermanos, quienes emigraron a Estados Unidos siendo menores de edad y se formaron en la Universidad Internacional de Florida (FIU), rechazaron la petición. Ambos mantienen distancia de las posturas políticas de su padre, administran negocios privados sin vínculos con el régimen y han manifestado su apoyo a activistas de la isla, llegando incluso a participar en las protestas del 11 de julio de 2021 en Miami.
Tras negarse a cooperar con los agentes, los jóvenes notificaron el suceso a su familia, lo que desencadenó la intervención de Raúl Guillermo Rodríguez Castro. El nieto de Raúl Castro ha consolidado su peso en los intercambios con Estados Unidos pese a no ostentar un cargo diplomático oficial. Según fuentes vinculadas al proceso, Rodríguez Castro estaba «furioso» por el acercamiento y trasladó de inmediato a los negociadores estadounidenses que esta actuación era «inaceptable», advirtiendo que podría afectar las posibilidades de diálogo.
Por el momento, el propósito exacto de los agentes federales sigue siendo una incógnita. Expertos legales señalan que un requerimiento de este tipo no implica necesariamente que exista una investigación criminal en curso o sospechas de un delito, pudiendo tratarse simplemente de una búsqueda de información específica. Ni el FBI, ni el Departamento de Estado, ni los propios hermanos han emitido declaraciones públicas para esclarecer las intenciones detrás de esta gestión que mezcla nuevamente los nexos familiares de la cúpula cubana con la alta política.
A pesar de la controversia y de los rumores sobre una posible ruptura de los canales diplomáticos impulsada desde La Habana, la comunicación se mantiene activa. Un funcionario del Departamento de Estado desmintió las versiones de crisis afirmando que «en ningún momento las negociaciones estuvieron en peligro». La misma fuente recalcó que las conversaciones siguen su curso y que la verdadera barrera para lograr avances sigue radicando en la negativa del Gobierno cubano a aceptar los cambios que Washington considera imprescindibles.





