La petrolera estatal de Angola que llegó a Cuba con grandes promesas acaba de marcharse sin haber perforado nada. Cuba pierde otro socio energético: Sonangol se va del Bloque 9 sin cumplir sus compromisos financieros
Cuba necesita petróleo como nunca en su historia reciente. Sus reservas operan al límite mínimo. Su único suministro externo actual es el petróleo ruso que llega en cargamentos esporádicos mientras Washington vigila cada tanquero que se acerca a sus costas. En ese contexto, la salida de Sonangol del proyecto de exploración del Bloque 9 no es solo una mala noticia empresarial. Es otra señal de lo difícil que resulta para el régimen cubano encontrar socios dispuestos a comprometerse económicamente con la isla cuando el riesgo político y financiero es máximo.
La empresa australiana Melbana Energy Limited, que opera el proyecto de exploración del Bloque 9 junto a CUPET, la petrolera estatal cubana, confirmó oficialmente que Sonangol — la gigante petrolera estatal de Angola — dejó de participar en el proyecto por incumplimiento de sus compromisos financieros. La información fue reportada inicialmente por medios especializados en energía y recogida por medios independientes cubanos en los últimos días.
Sonangol había entrado en el proyecto con la expectativa de contribuir capital y capacidad técnica a la exploración del Bloque 9, una zona de aguas profundas frente a la costa norte de Cuba con potencial de reservas hidrocarburíferas. La salida por incumplimiento financiero sugiere que la compañía angoleña no pudo o no quiso cumplir con los pagos comprometidos, posiblemente como consecuencia de sus propias dificultades internas o de la presión que las sanciones estadounidenses ejercen sobre cualquier empresa que opere en Cuba.
La salida de Sonangol ocurre en el peor momento posible para Cuba. La Orden Ejecutiva 14380 de Trump, firmada el 29 de enero, impuso aranceles a terceros países que suministren petróleo a la isla y ha provocado la intercepción de al menos siete tanqueros. Venezuela — que antes aportaba entre el 80% y el 90% del crudo importado por Cuba — dejó de enviar petróleo tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas americanas en enero. México suspendió sus envíos bajo presión directa de Marco Rubio. El único cargamento recibido en meses fue el del buque ruso Anatoly Kolodkin, con 730,000 barriles llegados a finales de marzo — suficiente para menos de dos semanas de operación normal.
En ese escenario, la posibilidad de que Cuba encuentre reservas propias en el Bloque 9 representaba una esperanza a largo plazo — no una solución inmediata, pero sí una perspectiva de independencia energética futura. La salida de Sonangol complica ese horizonte. Melbana Energy sigue en el proyecto, pero sin el capital y la capacidad técnica del socio angoleño, el avance será más lento y más costoso.
El caso Sonangol se enmarca en un patrón más amplio. Cuba ha intentado en los últimos años atraer inversión extranjera en su sector energético con resultados magros. La empresa canadiense Sherritt, la única minera occidental activa en la isla, suspendió operaciones por falta de combustible. La misma escasez energética que Cuba intenta resolver con exploración es la que impide que los proyectos de exploración avancen. Un círculo vicioso que el régimen no puede romper sin acceso a divisas, sin acceso a combustible y sin un entorno político que garantice seguridad jurídica a los inversores.
La CEPAL proyecta una caída del PIB del 6.5% en 2026. Sonangol acaba de confirmar, con su salida, que el mundo de los negocios no ve una salida a esa caída en el horizonte inmediato.
Fuente utilizada: Melbana Energy Limited (comunicado oficial)



















