Actriz Laura Ramos habla del desarraigo tras salir en busca de libertad: “Es insostenible lo que pasa en Cuba”

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La actriz cubana Laura Ramos llegó por primera vez al programa online La Casa de Maka con un tono que se fue alejando del entretenimiento ligero para entrar en un terreno más personal y, por momentos, político. En una conversación sin guion rígido, la intérprete repasó su carrera internacional, su vida fuera de la isla y la carga emocional que arrastra tras años de emigración. En ese recorrido dejó una frase directa sobre la realidad cubana: “Es insostenible lo que está pasando en Cuba”.

Ramos no construye su relato desde el activismo constante, sino desde la experiencia. Explica que su salida de Cuba no fue el resultado de un plan estructurado, sino de oportunidades que fueron apareciendo en distintos países. Ha vivido y trabajado en España, Colombia, México y Brasil, encadenando proyectos y volviendo a empezar varias veces. Esa trayectoria le permitió crecer profesionalmente, pero también dejó una sensación persistente: la de no pertenecer del todo a ningún sitio.

Esa idea atraviesa buena parte de la conversación. La actriz habla de sentirse “siempre extranjera” y describe lo que llama una “orfandad” emocional, una palabra que no utiliza en tono dramático, sino como constatación. Construir una vida fuera implica avanzar, pero también dejar atrás vínculos que no se reemplazan con facilidad. En su caso, la familia sigue siendo el centro, incluso a distancia. Durante la pandemia, cuando quedó varada en Cuba durante siete meses, pudo reconectar con ese entorno de una forma que no había sido posible en años.

Ese regreso temporal a La Habana coincidió con uno de los momentos más duros recientes en la isla. Ramos no entra en detalles técnicos ni económicos, pero sí deja clara su percepción: la situación actual no es sostenible. La frase no aparece como consigna, sino como conclusión de lo vivido y observado. Reconoce que no suele posicionarse políticamente de forma abierta, pero matiza que hay momentos en los que guardar silencio deja de ser una opción.

Su carrera fuera de Cuba ha estado marcada por esa dualidad. Por un lado, la necesidad de adaptarse a nuevas industrias, nuevos acentos y nuevas dinámicas de trabajo. Por otro, la ausencia de un punto de retorno claro. Ramos reconoce que Cuba no ha sido, en términos profesionales, un espacio al que pudiera volver para desarrollar su carrera. Esa falta de base interna refuerza la lógica de la emigración continua.

El punto de inflexión en su visibilidad internacional llegó con la serie Entrevías, donde interpreta a una inspectora de policía. El papel lo consiguió tras enviar un casting desde México, sin conexiones previas con la producción. Desde su llegada al rodaje, explica, entendió que debía demostrar su nivel desde el primer momento, en un entorno exigente y con actores consolidados como José Coronado. Con el tiempo, el equipo se convirtió en un grupo cercano, y el impacto de la serie superó sus propias expectativas.

Ese reconocimiento internacional contrasta con el tono más íntimo de su paso por Miami. En La Casa de Maka también habló de su relación de pareja, de su decisión de mantener cierta privacidad y de su vínculo con el teatro. Actualmente participa en una obra en la ciudad que aborda temas vinculados a la identidad, la memoria y la experiencia cubana. Sobre el escenario, dice, encuentra un espacio distinto, más directo, donde puede trabajar emociones que no siempre caben en el formato audiovisual.

El hilo que une todos esos elementos —carrera, migración, familia, Cuba— es el desarraigo. No como una etiqueta, sino como una condición que se va acumulando con el tiempo. Ramos no lo presenta como un sacrificio heroico ni como una tragedia, sino como parte del costo de construir una vida fuera. En ese contexto, su frase sobre la situación en la isla no queda aislada: encaja dentro de una trayectoria marcada por la distancia y la observación constante de lo que ocurre en su país de origen.

La conversación no cierra con conclusiones políticas ni propuestas. Termina donde empezó: en una mezcla de recuerdos, experiencias y certezas personales. Pero deja una línea clara: la de una actriz que ha construido su carrera fuera de Cuba, que reconoce lo que ha ganado en ese camino y que, al mismo tiempo, no pierde de vista el país que dejó atrás ni la sensación de no haber terminado de irse del todo.

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