Haila, los memes, la discriminación y el racismo “natural”

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Es común escuchar románticamente que el arte de una figura popular deja de ser suya para pertenecer a todos los públicos, que se apropiarán de esta de disímiles maneras y garantizarán su trascendencia o no en la historia, que la convertirán muchas veces en parte de sus vidas, referentes y modos de conducta.

Eso es verdad. Pero también es cierto que cuando se es célebre, no solo el desempeño creativo se “entrega” a las audiencias. También sucede que estas suelen apropiarse de la vida, de los hechos, del pasado y del presente de la persona notoria. Esa es la parte fea, o la menos agradable, de la fama. La persona y la artista no se pueden separar.

Se deja de pertenecer a uno mismo para ser de todos. Y no siempre de una manera idílica. Se es monitoreado y escaneado constantemente en varios o en todos los aspectos de la vida, y no siempre con buenas intenciones. Se es blanco de críticas, indagaciones, rumores y bromas que no siempre se mantienen en zonas moderadas, y terminan muchas veces dejando a un lado lo artístico.

La intérprete Haila María Monpié, por estos días, visita esta zona fea de la fama, las áreas ásperas de la popularidad, que ponen a prueba el carácter y la integridad.

Una broma sobre su aspecto físico delgado en los años 90, cuando formaba parte de la orquesta Bamboleo, que la catapultó a la fama, se ha convertido en una bola de nieve en las redes sociales, efímera pero intensa y aplastante, que ha revelado además un lado feo y persistente de la sociedad cubana: el racismo, en su empeño por llevar el ingenio satírico hasta sus extremos, de agotarlo hasta el último meme.

Los memes cebados en la vieja grabación televisiva han pasado del inicial discurso sobre la delgadez a los claros rasgos raciales, han transitado del discurso de la fealdad al discurso abiertamente racista y misógino, anclado en toda una “tradición” discriminadora viva que revitaliza el legado de una colonia esclavista de la cual Cuba se emancipó no hace 200 años todavía.

En términos históricos, esto es casi nada. El racismo derivado de la economía esclavista impuesta por la metrópoli de entonces, persiste, bien enraizado en el imaginario cotidiano del cubano, que lo practica muchas veces de manera inconsciente. Y lo asume con la mayor y más alarmante naturalidad, no considerándolo dañino en lo absoluto. Pues es parte del sistema de valores en el que se crece y se forma. Igual sucede con el machismo y la violencia. 

La sátira y la parodia son dos de los modos más importantes y clásicos del humor, y se articulan como los pilares fundamentales del “choteo” cubano, y del choteo mundial, que tiene al meme como el más reciente modo expresivo, el primero autóctono de las redes sociales. Aunque se derive de previos métodos y estéticas como el collage, y de la apropiación como método creativo.

El meme es un arte en formación y ebullición, que si bien puede ser practicada por todos dado su sencillo herramental, ya tiene sus “autores” y “estrellas”, que destacan entre lo demás, y se perfilan a su vez como personalidades, por su particular ingenio para la comedia.

El meme también se ha sumado al arsenal político del cubano y del resto de los ciudadanos del mundo, por sus virtudes sintéticas como arte visual, específicamente en el terreno de lo gráfico (la cartelística, el humor gráfico), que se vale de la síntesis y la capacidad comunicativa aguda y súbita.

Es un modo de expresión casi instantáneo y potente, indetenible, cuya efímera existencia garantiza que su impacto no sea devastador a largo plazo. Pues hasta ahora no hay antídoto contra este. La mejor estrategia contra sus embates, hasta ahora, es “dejarlo pasar”. Se rige por las mismas leyes del rumor y la potencia de su propagación.

La celebridades deben lidiar todo el tiempo con la sátira y la parodia, que casi nunca van a deslindar con claridad entre práctica artística y ser humano. Esto forma parte del perenne cuestionamiento (escrutinio tiende al escarnio constantemente) a que son sometidos 24/7. Haila dejó hace mucho tiempo de pertenecerse para ser de todos, para ser la “diva del pueblo”, que no siempre se apropiará de ella de manera agradables. Y para eso hay que estar listo.

Ahora, Haila respondió a las sátiras iniciales sobre su delgada figura de los 90 —para ser sinceros, casi todos los cubanos tenían figura delgada en esos años— con “seriedad”, haciendo patente su enojo y declarándose ofendida. Esta confrontación es válida, pues es su derecho. Pero el humor satírico y paródico es un “monstruo” que engulle todas las armas lanzadas contra sí, y solo parece fortalecerse cuando es atacado, pues es la señal inequívoca de que cumplió uno de sus cometidos: molestar.

¿Entonces, Haila debió dejar pasar la primera andanada de memes? Quizás sí, quizás no. Tampoco hay respuestas absolutas a este dilema. Cierto que está bastante demostrado que contra la sátira solo triunfan el silencio o la “contra-sátira”, dígase la capacidad de “asimilar el golpe” y “pagar con la misma moneda”.

Pero eso no significa que el racismo como recurso, en sus formas más básicas, esté correcto. Es ante todo una práctica denunciable y puede clasificar como crimen de odio. Las comparaciones explícitas de Haila con monos y güijes delatan que poco no nada se ha conseguido en la lucha contra el racismo como valor social. Y son realmente ofensivos no solo para ella, sino para todos.

Es dudoso que lo autores de los memes en cuestión los hayan gestado a partir de una agenda discriminatoria consciente. No, estas personas, que deben ser de tez blanca y mayormente hombres (lo que involucra el sexismo en la ecuación) sencillamente asumen como natural reírse de los rasgos raciales, pues lo heredaron como algo picaresco, pero no eminentemente malsano.

La andanada de memes racistas contra Haila revela aristas tristes de una sociedad que se refugia en la risa ante tantas desgracias que la aquejan, pero termina riendo y choteándose indiscriminadamente (¿desesperadamente?) sin discernir si el objeto de su burla es el gobierno, Díaz-Canel, Raúl Castro, o una mujer negra que fue delgada en su juventud y dejó grabada para la posteridad sus distintos modos de expresión artística, validos como cualquier otro recurso en el escenario.            

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