En Cuba la esperanza no se vende ni en MLC

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El órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, luego de publicar recientemente que en los Estados Unidos hay estantes vacíos, y por ende carencias crónicas de alimento, ahora pondera en un nuevo artículo que la Isla es “referente y ejemplo, en medio de los estragos de la Covid-19 en el mercado laboral”, ya que desde inicios de la pandemia “ha implementado importantes garantías destinadas a proteger a los trabajadores y sus familias”.

Para ejemplificar esta aseveración, el texto echa mano de algunas cifras que vistas fuera de contexto, pudieran testimoniar un país que garantiza a su pueblo una calidad de vida en medio de los terribles daños que la pandemia ha provocado en el mercado laboral global donde se han extinto más de 255 millones de empleos. 

El documento refiere que tras dos años de Covid-19 “es difícil que exista un hogar cubano donde alguno de sus miembros no haya estado en cuarentena, o una madre que no se acogiera a la posibilidad de permanecer en casa al cuidado de los hijos tras la suspensión del curso escolar, o alguien que tuviera la oportunidad de ejercer el trabajo a distancia o el teletrabajo”.

Menciona además los 596 millones de pesos cubanos que Alejandro Gil, Ministro de Economía, reportó haber pagado en garantías salariales desde el presupuesto estatal.

Este es un presupuesto estatal que se nutre, por supuesto, en gran medida, de los impuestos de los ciudadanos, a partir del descuento de diferentes porcientos de todos sus ingresos, tanto de los propios salarios cuando trabajan en dependencias oficiales, como de los ingresos provenientes de labores privadas o “no estatales”, como reza la norma en uso no escrita del lenguaje oficial.

Estas cifras abultadas e impresionantes parecen pedir el agradecimiento a un Estado cuyo deber es precisamente ese: garantizar la vida y sustento de sus ciudadanos, quienes lo pagan para eso. La ciudadanía es la empleadora del Estado y no viceversa. Así que tal inversión millonaria no sería más que la “devolución” de una parte de lo pagado por los trabajadores a través de impuestos a los ingresos de todo tipo.

Eso es lo primero, pero lo otro y más graves es que ni el pago íntegro de las cantidades salariales establecidas por ley a la mayoría de los trabajadores, alcanza para el sustento de estos, dada la astronómica inflación que no cesa de crecer, devaluando casi diariamente la moneda nacional. Disparando las cotizaciones no oficiales de las MLC, del dólar y el euro hacia el horizonte de los tres dígitos, y delatando lo ilusorio de la tasa invariable de 24×1 establecida por el Estado a inicios de 2021.

Reza un triste y certero dicho que “Cuba es el único país donde suben los salarios y las personas son más pobres”. Pues con los salario ascendió todo, empezando por las propias tarifas estatales. Pues si el gobierno de Díaz-Canel y su asesor López-Calleja hubieran querido atemperar la inflación inmensurable y desbocada, tenían que «predicar con el ejemplo” y proteger tarifas básicas como las del agua, electricidad y gas según las reglas pre-2021, pre-Tarea Ordenamiento.

El gran logro del ordenamiento en Cuba. Más crisis con los alimentos y el auge de los precios.
Uno de los mayores «logros» del llamado «ordenamiento» en Cuba, es que cada vez haya menos alimentos en Moneda Nacional, y que cada más matazón en las tiendas en MLC para adquirirlos.

En Cuba las mayorías se enfrentan a un gran intríngulis muy concreto: o se va al trabajo o se hace una cola que como promedio puede alcanzar las ocho horas reglamentarias de un empleo tipo. O se gana el salario o se hace cola. Y si se hace cola no se trabaja ni se gana salario, haciendo imposible hacer cola.

Es una serpiente que se muerde la cola y grita de dolor. Sobre esta lógica, el Estado debería pagar a quienes hacen colas para comprar la racionada comida del día, compuesta fundamentalmente de pollo, “perritos” y picadillo.

Así que si bien se ofrecen algunas garantías que completan los salarios a personas que no pueden cumplir con las jornadas completas solo por motivos de salud o permite el trabajo “a distancia”, otras garantías básicas han sencillamente desaparecido o se han enrarecido pavorosamente.

Y por último, la joya de la corona de espinas que llevan los cubanos en sus calvarios diarios: el acceso limitado por ley al campo MLC y a todos los productos de “alta gama”, según refrendara hace un tiempo Díaz-Canel, que se pueden adquirir en estas tiendas vedadas para una gran parte de la población que ya ni puede ir a las CADECA a comprar la moneda fuerte.

Por “alta gama” entiéndase cualquier cerveza, los jabones de marca, la pasta de dientes, los pomos de verduras encurtidas, el queso gouda, otras carnes que no sean pollo, el champú, el acondicionador, el gel de baño, el papel sanitario. Verdaderos privilegios. 

De esos 596 millones, cuántos hay que utilizar para comprar en el mercado “informal” tanto las MLC para acceder a las tiendas prohibidas o para adquirir a sobreprecio los productos que comprar los detentadores de esta moneda dura.

tiendas mlc
La joya de la corona de espinas que llevan los cubanos en sus calvarios diarios: el acceso limitado por ley al campo MLC y a todos los productos de “alta gama Foto flo.uri.sh

Un desodorante spray Nivea de “alta gama” puede costar en Cuba entre 400.00 y 500.00 pesos cubanos. Un queso gouda de unos 10 kilogramos puede tener un valor de 2500.00. Una treintena de huevos puede costar 500.00. Una bolsa de leche en polvo, por demás casi extinta, puede llegar a los 1000.00. Un litro de aceite puede costar 250.00 o 300.00. La lista es larga y terrible.

Mientras el Estado “garantiza” salarios de 4500.00 o 5000.00 pesos a sus trabajadores, para hablar de los más ventajosos, deja de garantizarles casi el resto de la vida y el sustento, empujándolos hacia la economía informal que les complete los otros 10.000 pesos que necesitarían para vivir mínimamente durante el mes una familia cubana, sin lujos, sin restaurantes, hoteles ni altas gamas.

Los empuja al “invento”, a la “lucha”, a los fines de año sin puerco asado, o a la desesperación, la frustración, o la migración a toda costa.

Con solo salir a las calles cubanas resulta muy difícil aceptar la optimista conclusión del artículo de Granma, que califica a la Isla de “referente y de esperanza” para el mundo, cuando lo que más anda escaseando para los trabajadores es la esperanza, que no se consigue ni a precio de MLC.  

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