La política estadounidense hacia Cuba ha generado esta semana respuestas encontradas en la comunidad cubana del sur de Florida luego de que funcionarios del Gobierno confirmaran que Estados Unidos permitirá que México continúe suministrando petróleo a la isla, pese a las reiteradas declaraciones públicas del presidente Donald Trump de cortar el acceso al combustible y a los recursos económicos.
Que la Casa Blanca no haya exigido a México que detenga sus envíos de crudo a Cuba, es un movimiento que expertos interpretan como una moderación práctica de la política estadounidense ante la profunda crisis energética que enfrenta la nación caribeña. Cuba atraviesa cortes de energía prolongados, escasez de combustible y un deterioro económico que afecta a sectores básicos de la vida cotidiana.
La postura oficial de Washington parece diferir del tono de Trump en redes sociales, donde el presidente advirtió recientemente que “no habrá más petróleo ni dinero para Cuba-cero”, en un intento por presionar al gobierno de La Habana a negociar cambios políticos.
En el sur de Florida, que alberga a una de las comunidades de exiliados cubanos más grandes fuera de la isla, las reacciones no se hicieron esperar. Para muchos, el foco debe estar en la libertad política y la mejora de las condiciones de vida de los cubanos en la isla. “Cuba ha sufrido décadas de represión y privaciones económicas; permitir que sigan llegando recursos solo prolonga el sufrimiento sin cambiar el sistema opresivo”, dijo un residente desde Hialeah, centro neurálgico de la diáspora cubana en el estado.
Según CBS Miami, el activista Orlando Gutiérrez Boronat, vinculado a la Asamblea de la Resistencia Cubana, afirmó que restringir el petróleo y el apoyo financiero es clave para frenar lo que calificó como el flujo de dinero hacia el régimen cubano. Boronat sostuvo que ese combustible no beneficia a la población, sino que termina sosteniendo a la élite gobernante, a la que acusó de operar mediante prácticas ilegales y explotadoras. En su criterio, permitir el suministro energético solo prolonga el control del poder en La Habana sin aliviar las condiciones de vida del ciudadano común.
En el mismo reporte, CBS Miami recoge declaraciones de la congresista republicana por Florida María Elvira Salazar, quien respaldó públicamente la postura del presidente Donald Trump durante una aparición en el programa Face the Nation. Salazar describió la situación en la isla como extrema y afirmó que Cuba carece de agua, electricidad y alimentos, subrayando que el país se encuentra en una posición de debilidad incluso mayor que la de Venezuela. En ese contexto, defendió la línea dura de presión como una herramienta legítima frente al gobierno cubano.
Ambas posturas reflejan una visión compartida dentro de un sector del exilio cubano en el sur de Florida: que el aislamiento económico y energético es un medio para forzar cambios políticos en la isla, aunque otros miembros de la comunidad —también citados por la cadena— cuestionan que esa estrategia conduzca efectivamente a la libertad del pueblo cubano.
Otros residentes coincidieron en que la situación energética, marcada por apagones frecuentes y limitaciones en servicios esenciales, es un problema grave que requiere soluciones urgentes. “No es solo petróleo; es electricidad, agua, alimentos y respeto por los derechos humanos. Mientras eso no cambie, debatir sobre envíos solo es un parche”, manifestó Nuria E., una cubana desde Miami.
Frente a estas posturas, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha defendido la legalidad y la historicidad de los envíos de crudo a Cuba, señalando que se trata de suministro dentro de acuerdos previos entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y la isla, y que no se han incrementado más allá de esas prácticas.
Mientras tanto, el gobierno cubano, representado por el presidente Miguel Díaz-Canel, ha rechazado presiones externas y enfatizado la soberanía nacional, rechazando cualquier condicionamiento político en el acceso a suministros internacionales.
El debate pone de manifiesto las tensiones entre sanciones, necesidades humanas y consideraciones geopolíticas en un contexto donde la crisis energética continua siendo un factor crítico para la vida cotidiana en la isla, y donde las opiniones entre los exiliados cubanos reflejan una amplia gama de aspiraciones sobre el futuro de su país natal.
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