Cubano sobrevive a derrumbe en Sancti Spíritus

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Este cubano tuvo la dicha de que ninguna piedra del derrumbe le afectara ni un hueso ni un órgano. Es una historia asombrosa.

El diario provincial Escambray de la provincia de Sancti Spíritus asegura que un ciudadano espirituano sobrevivió a su propio entierro, luego de estar más de cuatro horas debajo de una montaña de escombros. Todo sucedió el pasado 3 de abril, cuando el cubano quedó atrapado cuatro horas bajo un derrumbe.

Y sí, parece que este cubano, al menos esta vez, se le escapó a «La Pelona», que quiso con el derrumbe enterrarlo vivo, pero no lo logró del todo.

El caso de Luis Hernández Casanova, más conocido como Coco, entre quienes le conocen, tiene no solo un «enterramiento», sino además ribetes de asombroso, porque «Coco», sobrevivió además a su propio entierro sin un hueso roto.

Se encontraba trabajando en un horno para fabricar cal cuando este se vino abajo, y todos los ladrillos le cayeron encima.

Sucedió en la comunidad conocida como Hornos de Cal, y cuando los vecinos del Reparto Escribano escucharon el grito de alarma, todos corrieron a ayudarle.

Otros llamaron a la Brigada de Rescate y Salvamento y a la Policía Nacional Revolucionaria. Afuera estaba una ambulancia del Sistema Integrado de Urgencias Médicas. Dentro, mientras, todos trabajaban para liberar a este cubano del derrumbe que se le vino encima.

Una nube de polvo blanco, también, se coló entre cada hendija dejada por los ladrillos. Así que el polvo, molesto para respirar, entorpecía el rescate.

El derrumbe ocurrió alrededor de las 11am con un sol bien cubano rajando las piedras. Testigos presentes dicen que eran rocas inmensas, lo que tenía Coco encima. En total, 4 metros de piedra. Él, debajo, inmovil y ciego, esperaba por el milagro.

Desde la sala de su casa, ahora, hace el cuento. Reconstruye escena del dramatismo vivido ese día. Un día en el que «el techo», se le vino encima. Junto con las paredes.

Luis hace ahora el cuento. El verdadero. El cuento de lo que le pasó el 3 de abril. Foto: Escambray.

De paso, como quien no quiere decir nada, sino solo contar la verdad dice:

“Llevaba tiempo trabajando ahí, pero el domingo no tenía ni gas para cocinar.»

Eso fue lo que lo motivó a ir a recoger carbón.

«Yo siempre voy por el tejar y veo a todo el mundo y ya saben que estoy allá abajo, pero el domingo no había ni un alma allí, entonces yo me metí para allá adentro y me puse a sacar carbón.

“Ya tenía el carbón afuera y dije: Voy a sacar el palo ese de ahí, porque de todos modos van a meter leña, pero cuando yo me meto a sacar el palo siento el derrumbe y ya no me daba tiempo a salir; entonces me tiré de ‘lao’ para que no me pasaran todas las piedras por arriba. Me taparon completo que no podía moverme”.

El palo, presuntamente era la ridícula cosa que sostenía el todo.

El hombre dice que, debajo de toda aquella cantidad de piedras, pensó:

«Me voy morir».

«Eran tres toneladas de piedras que tenía arriba,» relata ahora, cómodo y relajado desde su hogar.

Fue una mujer, María Gutiérrez Cruz, esposa del dueño del horno, quien escuchó el estruendo.

“Era como si llovieran las piedras,» recuerda María.

Su hijo y un amigo, llegaron a la boca de la estructura. Preguntaron: «¿Hay alguien ahí?”.

Debajo, una voz les respondió:

“Sí, soy yo, Coco, que estoy aquí”.

Empezaron a dar gritos y a correr y vino todo el mundo.

“Allá abajo no pensé nada como me sentía con vida y el aire no me faltaba más o menos me mantuve respirando poco a poco. (…) Me preguntaban: ‘¿Estás vivo?’, y yo decía: No te preocupes, estoy vivo, dale, y desde abajo yo los ayudaba. Dios me acompañó”.

Mientras pasaban las horas y los bomberos retiraban las piedras poco a poco, otras piedras iban cayendo. Eso dificultó la operación de rescate, pues en teoría más peso aprisionaba el cuerpo de Hernández Casanova.

A alguien se le ocurrió colocar una tabla para evitar que las piedras lo volvieran a tapar. Finalmente lograron llegar a él a través de un pequeño hueco. Por allí introdujeron la manguera para suministrarle el oxígeno.

Finalmente lograron sacarlo con vida.

Coco, ahora, cuenta que en ningún momento perdió el conocimiento.

«Lo único que sentía eran las piernas que ya se me iban entumiendo y entumiendo, porque estaba como agachado, y una piedra que tenía aquí —se apunta cerca de la cabeza— era la que me apretaba, movía las manos, pero ya me las sentía también entumías.

“Cuando me sacaron estaba un pueblo ahí y todo el mundo aplaudiendo, llorando y montándome en la ambulancia le dije adiós a todo el mundo. Ya cuando me vi afuera dije: Libré de esto”.

La doctora Tania Medina Vera, dice:

“Pensamos que tenía fracturas costales, craneales, pero no se le rompió ni un solo hueso. Hubo que picarle la ropa y las botas para atenderlo y revisarlo. Tenía hematomas en la región de los calcáneos, un trauma de cráneo simple, quemaduras por presión y signos de deshidratación.»

Y nada más.

Ahora desde su casa añade:

«Reconozco el trabajo de los compañeros de la ambulancia, los bomberos, los policías que salían con las manos llenas de sangre de sacar piedras y también a Narciso, Andy y todo los que me ayudaron”.

Coco dice que jamás vio la muerte tan de cerca.

Asegura además que dentro de 48 horas, cuando celebre su cumpleaños 67, «celebrará también otro nacimiento: el del día aquel que sobrevivió a su propio enterramiento.»

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