Crece la presión sobre Raúl Castro y ahora es que sancionan a Lazo; ya a punto de colgar los guantes

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EE.UU. sanciona a altos funcionarios cubanos y prepara posible acusación contra Raúl Castro. Washington eleva la presión sobre La Habana con sanciones, advertencias militares y acciones judiciales


El gobierno de Estados Unidos ha lanzado una nueva ofensiva contra el régimen cubano con sanciones que alcanzan ahora a Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional y una de las figuras más longevas del poder en La Habana. Las medidas también apuntan a ministros, jefes de inteligencia y cuerpos de seguridad, mientras Washington avanza hacia un posible indictment contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de Brothers to the Rescue en 1996.

La presión sobre la vieja guardia castrista se intensifica en medio de señalamientos sobre drones militares, declaraciones de Miguel Díaz-Canel sobre el derecho de Cuba a defenderse y un nuevo golpe al turismo con la suspensión de vuelos de una aerolínea española.

Así y todo la pregunta que muchos se hacen en Miami es esta: ¿ahora es que van a sancionar a Lazo? ¡Si estuvo a punto hasta de morirse hace cerca de un año!

Las sanciones a Cuba apuntan al corazón del poder

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos amplió su ofensiva contra el régimen cubano con nuevas sanciones dirigidas contra altos funcionarios del gobierno de La Habana. No se trata de una medida simbólica ni de una lista menor: los nombres señalados ocupan posiciones centrales en áreas estratégicas del Estado cubano.

Entre los funcionarios incluidos figuran responsables de ministerios clave como Comunicaciones, Energía y Justicia, además de figuras vinculadas al aparato de inteligencia, la Policía Nacional y la Asamblea Nacional. Según las notas originales, la medida fue reportada por Noticias Telemundo y NBC6 Miami, que presentaron la acción como parte de una presión creciente de Washington contra la cúpula cubana.

En términos prácticos, este tipo de sanciones implica el bloqueo de activos bajo jurisdicción estadounidense y la prohibición de realizar transacciones con personas o entidades en territorio de Estados Unidos. Pero su alcance político va más allá del impacto financiero inmediato.

Washington no está apuntando solamente a figuras decorativas del régimen. Está señalando a funcionarios que controlan sectores decisivos: las comunicaciones, la justicia, la energía, la seguridad interna y la estructura legislativa del país. En otras palabras, la medida golpea áreas que sostienen tanto el funcionamiento cotidiano del Estado como sus mecanismos de control político.

La inclusión de autoridades de la Asamblea Nacional añade un componente simbólico importante. Ese órgano representa formalmente la cúpula legislativa del país, aunque en la práctica funciona bajo el control del Partido Comunista. Sancionar a sus figuras principales equivale a enviar un mensaje directo contra la arquitectura institucional del régimen.

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Una presión más quirúrgica contra funcionarios cubanos

Las nuevas sanciones a Cuba encajan dentro de una estrategia cada vez más individualizada. En lugar de limitarse a medidas generales contra el país, Washington ha ido apuntando a personas concretas dentro del aparato estatal cubano.

Esa lógica busca responsabilizar directamente a quienes toman decisiones, ejecutan políticas o sostienen estructuras represivas. Al incluir a ministros, jefes de inteligencia y autoridades vinculadas a la seguridad, Estados Unidos intenta dejar claro que la presión no se dirige solo contra “el régimen” como concepto abstracto, sino contra los cuadros que lo administran.

La amplitud de los perfiles afectados también resulta relevante. No se trata de funcionarios de segunda línea, sino de responsables de áreas sensibles. Comunicaciones es clave para el control informativo y tecnológico. Justicia sostiene el andamiaje legal del sistema. Energía es un sector crítico en medio de la crisis eléctrica nacional. La inteligencia y la Policía Nacional forman parte del aparato de vigilancia y represión.

Por eso, esta ronda de sanciones tiene una lectura doble: económica y política. Busca aislar a los funcionarios sancionados, pero también marcar públicamente a quienes Washington considera piezas activas del sistema de control cubano.

El posible indictment contra Raúl Castro por el derribo de 1996

El elemento más explosivo de la ofensiva estadounidense podría estar todavía por concretarse: una posible acusación formal contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de la organización Brothers to the Rescue en 1996.

Según la nota atribuida a NBC6 Miami, NBC News confirmó que el gobierno estadounidense avanzaba hacia una acusación formal contra Castro por aquel incidente, ocurrido cuando él encabezaba las Fuerzas Armadas cubanas. En el ataque murieron cuatro personas.

El caso de Brothers to the Rescue ocupa un lugar central en la memoria del exilio cubano en Miami. El derribo de las avionetas no fue un hecho menor ni un episodio olvidado: marcó profundamente la relación entre Estados Unidos, Cuba y la comunidad cubanoamericana.

Raúl Castro, hoy de edad avanzada, fue durante décadas una de las figuras más poderosas del régimen. Antes de suceder a Fidel Castro en la presidencia, dirigió las Fuerzas Armadas Revolucionarias, una institución decisiva dentro del sistema cubano. Una acusación formal en Estados Unidos contra él tendría una carga histórica enorme.

No solo elevaría la presión legal sobre una figura clave del castrismo. También enviaría un mensaje político de alto calibre: Washington estaría dispuesto a revisar judicialmente uno de los episodios más graves de la confrontación bilateral de los años noventa.

La Habana apuesta a resistir, pero el costo lo paga la población

El régimen cubano ha respondido históricamente a las sanciones estadounidenses con un discurso de resistencia. La narrativa oficial presenta cada medida de Washington como una agresión imperialista y la utiliza internamente para reforzar la idea de una plaza sitiada.

Esa estrategia no es nueva. Durante décadas, el gobierno cubano ha usado el conflicto con Estados Unidos como justificación para explicar fracasos económicos, restricciones políticas y sacrificios sociales. Cada sanción externa se convierte en combustible para el relato interno.

Sin embargo, analistas citados en las notas advierten que La Habana podría estar apostando a ganar tiempo. La idea sería resistir la presión actual a la espera de que un cambio político en Estados Unidos modifique el escenario.

Bustamante, según la versión base, advirtió que el gobierno cubano no tiene el lujo de limitarse a “agotar el tiempo” sin asumir un riesgo enorme. Ese riesgo no recae solamente sobre la cúpula. Recae, sobre todo, sobre una población que ya enfrenta apagones, inflación, escasez, deterioro de servicios básicos y una migración masiva.

La activista cubana Rosa María Payá fue todavía más directa al describir la situación: “La gente está sufriendo a niveles que no son humanos”, expresó, según la nota de NBC6 Miami. Su valoración conecta la presión política internacional con la realidad cotidiana dentro de Cuba.

Por su parte, la activista Amelia Calzadilla, desde Madrid, España, lo resumió así:

«La pregunta que se impone, de asumir la información como cierta, es: ¿de dónde saca el régimen dinero para adquirir estos drones cuando vive como el eterno mendigo pidiendo ayudas en nombre del pueblo de Cuba, y mantiene a su población en la más absoluta miseria por escasez de recursos propios y fuentes de financiamiento? ¿Cuál sería el trato para su adquisición? ¿Acuerdos con Rusia, con China, con Irán?»

Las sanciones llegan en medio de una crisis nacional profunda

El momento de las sanciones no puede separarse del deterioro interno de la isla. Cuba atraviesa una crisis económica, energética, migratoria y social de grandes proporciones. El sistema eléctrico se mantiene bajo una tensión permanente, el turismo no ha recuperado los niveles esperados y la población vive bajo una combinación de carencias materiales y falta de libertades.

Por eso, sancionar al ministro de Energía, por ejemplo, tiene una lectura particular. La crisis eléctrica no es solo un problema técnico: se ha convertido en una de las expresiones más visibles del colapso estatal. Los apagones afectan hogares, hospitales, transporte, alimentación, comunicaciones y productividad.

La cartera de Comunicaciones también tiene peso político. En Cuba, internet y las telecomunicaciones no son simples servicios comerciales. Son espacios de control, vigilancia, censura y disputa pública. Desde las protestas del 11 de julio de 2021, el acceso a la red y los cortes de conexión han sido temas centrales en la relación entre ciudadanía y poder.

Justicia, por su parte, ocupa un lugar clave en el tratamiento de opositores, manifestantes, activistas y ciudadanos procesados por motivos políticos. La sanción contra figuras de ese sector refuerza la lectura de que Washington busca asociar nombres concretos con estructuras de represión institucional.

Lista de funcionarios y entidades sancionadas por Estados Unidos

La nueva ronda de sanciones anunciada por Estados Unidos contra Cuba incluye a altos funcionarios del régimen vinculados a sectores estratégicos del Estado, la seguridad interna, las Fuerzas Armadas y el aparato político. En total, el paquete señalado por Washington comprende once individuos y tres entidades u organismos cubanos, aunque algunos reportes diferencian entre nuevos sancionados y nombres previamente incluidos cuyos registros fueron actualizados bajo el nuevo marco sancionador.

Entre los funcionarios señalados figuran Mayra Arevich Marín, ministra de Comunicaciones; Vicente de la O Levy, ministro de Energía y Minas; y Rosabel Gamón Verde, ministra de Justicia. La inclusión de estos tres nombres apunta directamente a áreas sensibles del funcionamiento estatal cubano: las telecomunicaciones, el sistema energético y el aparato judicial.

También aparece en la lista —¡finalmente!— Juan Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, uno de los cargos institucionales más visibles del régimen. Junto a él fue señalado Roberto Tomás Morales Ojeda, secretario de Organización del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y miembro del Buró Político, una figura clave dentro de la estructura partidista.

La ofensiva estadounidense alcanza además a mandos militares. Entre ellos están Joaquín Quintas Solá, viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; José Miguel Gómez del Vallín, jefe de la Contrainteligencia Militar del MINFAR; Raúl Villar Kessell, jefe del Ejército Central; y Eugenio Armando Rabilero Aguilera, jefe del Ejército Oriental.

Dentro del aparato de seguridad interna también fueron incluidos Eddy Manuel Sierra Arias, jefe de la Dirección General de la Policía Nacional Revolucionaria, y Oscar Alejandro Callejas Valcarce, jefe de la Dirección Política del Ministerio del Interior y exdirector de la PNR. Ambos nombres refuerzan el enfoque de Washington sobre las estructuras de control, vigilancia y represión del Estado cubano.

Además de los individuos, el paquete incluye a la Dirección de Inteligencia de Cuba, también identificada como DGI, Dirección General de Inteligencia o G2. A esa entidad se suman el Ministerio del Interior, conocido como MININT, y la Policía Nacional Revolucionaria, PNR, cuyos registros fueron actualizados bajo el programa sancionador aplicado por Estados Unidos.

La diferencia entre algunos reportes se debe a la forma de contar los nombres. Algunos medios hablan de nueve nuevos individuos sancionados, mientras otros elevan la cifra a once al incluir a Sierra Arias y Callejas Valcarce dentro del paquete completo actualizado. En la práctica, la lista amplia queda compuesta por once personas y tres entidades cubanas.

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