Confirmado desordenamiento de la economía en Cuba; PIB cayó un 13%

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En Cuba la economía se contrae y la inflación crece, se resume grosso modo de las intervenciones este miércoles de Marino Murillo Jorge y Alejandro Gil Fernández.

Dos de las más esperadas intervenciones en el día de ayer en el Palacio de las Convenciones, como parte de la «rendición de cuentas» de los diputados cubanos ante la Asamblea Nacional del Poder Popular terminaron siendo la confirmación del desajuste de la economía en Cuba; problemas y más problemas; inflación, más que nada. La caída este 2021 del PIB cubano un 13%.

El número es, ligeramente inferior a la mayor caída del PIB cubano registrado en su historia: la del año 1993, año más cruento y difícil del llamado Período Especial, cuando la economía de Cuba se contrajo un 14,9%; y ligeramente superior a la caída registrada en 1992 (-11,6%) y
1991 (-10,7%)

Fue el viceprimer ministro y titular de Economía y Planificación (MEP) en Cuba, Alejandro Gil Fernández, quien dio a conocer la mala nueva, al presentar la marcha de la economía hasta el 30 de septiembre de este año, y enumeró dos culpables fundamentales: «el recrudecimiento del bloqueo y la pandemia.»

Gil Fernández para nada se refirió al hecho de que, cuando la máxima dirección del país se decidió a jugar una vez más al quita y pon, que ahora llaman «Ordenamiento», la pandemia de la COVID-19 se encontraba haciendo estragos en economías muchísimo más sólidas que la economía – o como se llame – imperante en Cuba. En ese sentido, tal vez Gil Fernández debió incluir un tercer factor: la incompetencia de la máxima dirección del país al implementar en ese momento un plan que a todas luces provocaría inflación y desabastecimiento, justo en un período donde, el movimiento de mercancías a nivel mundial se encontraba sino paralizado del todo, bastante contraído.

Es por ello en parte que las exportaciones previstas se comportaron a un 68,7% del plan. El país apenas pudo ingresar unos 1 344 millones de dólares de bienes; mientras que las importaciones rondaron los 5 800 millones de dólares, el «65% de lo planificado.»

«Los ingresos, al cierre de septiembre se cuantifican unos 2 mil millones de dólares (60% del plan)» y «se prevé que se capten unos 700 millones menos que lo planificado, en lo que inciden los ingresos de la actividad turística,» señalan portales oficialistas que citan las palabras de Gil Fernández.

Otro dato de interés: Cuba invirtió 1 348 millones de dólares para la compra de alimentos en el período.

Ex Zar de la Economía confirma inflación

Marino Murillo, ex Zar de la economía en Cuba y actual jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo de la llamada «Tarea Ordenamiento» informó sobre los resultados de la puesta en marcha de esta y dijo que fue «la inflación minorista» la principal desviación de la Tarea Ordenamiento.

Su presentación antecedió a la del Ministro de Economía, y fue una especie de aperitivo del desastre que vendría después. Si alguien aportó cifras negativas fue este, Murillo, al exponer cómo «los costos de la canasta de bienes y servicios de referencia casi duplican los números diseñados»; y al referirse a «los precios» dijo que estos en enero «crecieron 224% en comparación con diciembre» y en febrero, un 12%.

Murillo Jorge anunció que «el crecimiento de los precios de las empresas estatales (222% de inflación) está por debajo del diseño.»

“La inflación que se ha producido mayorista en el sector empresarial le viene dando una rentabilidad del 11% y la de la inversión extranjera un 28% de rentabilidad”, expresó Murillo Jorge.

La gente está viviendo precios siete, 10 veces más grandes”.

«La gente está viviendo precios siete, 10 veces más grandes”, añadió más adelante el diputado; y dijo que «los precios de los servicios de transporte y vivienda, y los alimentos tienen crecimientos muy superiores al 60% diseñado.»

No menos desastre se ve en la llamada Canasta Básica. Murillo Jorge dijo que esta alcanzó «su costo más alto en La Habana, con 3 250 pesos, y en las provincias orientales con 3 057,» cuando su valor diseñado era apenas casi la mitad: 1 528 pesos.

“El costo de la canasta viene subiendo mes a mes y no se ha logrado detener”, reconoció el funcionario.

También se duplicó el gasto diseñado para la alimentación fuera del hogar. Se había calculado «en torno a los 400 pesos.»

«Está en 800,» precisó Murillo.

Murillo Jorge habló además de «caída de ofertas» y especialmente notorias fueron estas tres afirmaciones hechas:

“Cuando sobra dinero en la economía casi siempre hay inflación, y lo primero que hay que hacer es a través de políticas fiscales controlar el dinero que hay en la economía.»

“Si queremos que haya equilibrio monetario el Estado tiene que recoger el 92% de los ingresos de la población y el ocho por ciento se mueve entre personas. ¿Qué es lo que más influye en esa capacidad de absorción? Las ventas minoristas estatales. A las formas no estatales que venden el Estado les recoge los impuestos”.

“Si no se está recogiendo todo el dinero que estaba previsto tenemos otro fenómeno: la población está acumulando más dinero de lo que debía tener o se lo está gastando en otra cosa. Vamos a tener más dinero en la población de lo que estaba previsto. Pero ese dinero está polarizado. Hay un grupo de gente con mucho dinero”.

Y esta última afirmación, en parte, pudiera ser un antecedente de lo que se viene encima para el 2022: El Estado recogiéndole el dinero a las personas.

Al haber menos recaudación ahora, «explicó» Murillo, es muy probable, casi seguro, que «el próximo año el efectivo en manos de la población sea superior a lo diseñado, con ingresos polarizados».

Esto unido a la «dolarización parcial de la economía» ha incrementado «la inconvertibilidad de la moneda.»

«Si queremos batallar contra la inflación habrá que ver cómo todos estos desequilibrios se van armonizando”, una frase que pudiera encerrar una estrategia que otra vez golpearía a la población pues «la solución» estaría en el «mejor control de la liquidez en manos de la población», toda vez que «la mayor participación de los productores nacionales», parece ser una misión imposible desde hace ya varias décadas en la isla.

A los cubanos no les interesa «participar dentro», en parte porque el propio Estado se ha encargado de demostrar con el transcurso de los años que, el que participa mucho y se enriquece, lo pierde todo.

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