La diáspora cubana lleva meses mandando remesas, medicinas y ropa. Ahora manda paneles solares. No para iluminar casas — para poder seguir llamando a sus familias cuando ETECSA se queda sin corriente.
En el grupo de Facebook Revolico Zaza del Medio, una campaña convoca a cubanos emigrados a financiar la instalación de paneles solares en esa localidad de Sancti Spíritus. El objetivo no es iluminar viviendas ni hacer funcionar refrigeradores. Es más básico: mantener activa la infraestructura de telecomunicaciones durante los apagones para que las familias en Cuba puedan seguir recibiendo llamadas del exterior.
Según los organizadores, ya se han adquirido 30 paneles fotovoltaicos, pero hacen falta más recursos para completar la instalación. «Hay muchas familias separadas y la única forma de saber de ellos es por una pantalla», explicó una de las participantes de la campaña. La iniciativa ha generado apoyo y también críticas: varios usuarios exigen transparencia en el manejo de los fondos y otros apuntan directamente a ETECSA, la empresa estatal de telecomunicaciones, que en los últimos años ha ampliado su oferta de recargas en dólares pero no puede garantizar continuidad del servicio cuando el sistema eléctrico colapsa.
La pregunta que nadie en el gobierno responde es simple: si ETECSA cobra en dólares, ¿por qué son los emigrados quienes tienen que financiar que sus propias antenas sigan funcionando?
Lo que el Estado ofrece como respuesta: dos enchufes
La Empresa Eléctrica de Sancti Spíritus anunció hace dos meses la habilitación de dos «puntos de carga gratuita» para celulares, lámparas y ventiladores recargables. Uno en el Parque Solar Fotovoltaico El Meso, en Jatibonico. Otro en la sede de la Empresa Eléctrica Provincial, en la ciudad de Sancti Spíritus. Las motorinas eléctricas y las estaciones tipo EcoFlow quedan excluidas por «razones técnicas.»
La medida fue presentada como un alivio para la población. En el contexto de una crisis en la que el déficit eléctrico supera los 2.000 MW diarios, dos puntos de carga en una provincia de 500.000 habitantes es, en la práctica, una respuesta simbólica.
La Unión Eléctrica (UNE) informó que este jueves 9 de julio la disponibilidad de generación a las 6 a.m. era de apenas 880 MW frente a una demanda de 2.730 MW — 1.837 MW en déficit desde primera hora de la mañana. Para el horario pico se proyectan 2.260 MW de afectación, con una disponibilidad estimada de solo 970 MW contra una demanda que podría alcanzar los 3.200 MW.
Los 54 parques solares fotovoltaicos instalados en los últimos dos años aportaron 4.612 MWh el miércoles — un número real pero insuficiente para compensar la falla generalizada de las termoeléctricas. Las unidades 5, 6 y 8 de la Central Mariel siguen fuera de servicio. Varias unidades de otras plantas permanecen en avería sin fecha de reincorporación.
La ironía es total: el sol que Cuba tiene en abundancia alimenta los paneles que la diáspora financia desde Miami, Nueva York o Madrid para que sus madres puedan contestar el teléfono. El Estado, mientras tanto, ofrece dos enchufes.





