El gobierno mexicano niega un acuerdo para aceptar deportados de otros países desde Estados Unidos, pero reconoce que ha recibido a más de 13.000 personas de otras nacionalidades.
México afirma que ofrece un trato humanitario a migrantes deportados desde Estados Unidos, pero el caso de los cubanos muestra una situación más difícil que el discurso oficial. Muchos llegan a territorio mexicano después de intentar entrar a Estados Unidos y terminan detenidos, devueltos o varados, sin una respuesta clara sobre qué pasará después.
El gobierno mexicano ha negado que exista un acuerdo formal para recibir a deportados de terceros países enviados por Estados Unidos. Sin embargo, también ha reconocido que ha aceptado a miles de personas de otras nacionalidades. La explicación oficial es que México no puede dejarlas sin atención por razones humanitarias.
El problema aparece cuando esa recepción no se traduce en estabilidad. Para un cubano deportado o devuelto a México, recibir un trato humanitario debería significar acceso a información, protección, atención básica y opciones legales. Pero muchos migrantes quedan en una situación incierta, sin poder avanzar hacia Estados Unidos y sin querer regresar a Cuba.
La mayoría de los cubanos que atraviesan México no lo hacen como destino final. Usan el país como ruta hacia la frontera estadounidense. Antes de llegar, muchos han vendido propiedades, pedido préstamos, pagado coyotes o recorrido varios países. Cuando el proceso se interrumpe, la pérdida económica y emocional puede ser enorme.
También pesa el miedo al regreso. Para algunos migrantes, volver a Cuba significa regresar al mismo escenario que los expulsó: falta de oportunidades, bajos salarios, escasez, presión política o vigilancia. Por eso quedar en México no siempre se percibe como una solución, sino como una pausa forzada.
México está en una posición complicada. Por un lado, recibe presión migratoria desde el sur. Por otro, enfrenta exigencias de Estados Unidos para contener los flujos hacia la frontera norte. En medio quedan los migrantes, que muchas veces no entienden qué norma se les aplica ni qué camino pueden seguir.
El lenguaje oficial suele hablar de cooperación, humanidad y orden migratorio. Pero en el terreno la experiencia puede ser más dura: estaciones migratorias saturadas, falta de recursos, trámites lentos y personas sin dinero para sostenerse mientras esperan.
El caso cubano forma parte de una crisis migratoria regional más amplia. La salida masiva de la isla ya no afecta solo a Estados Unidos. También presiona a México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe. Cada país termina administrando una parte del éxodo cubano, aunque no siempre tenga una política clara para hacerlo.
Por eso el debate no debe quedarse en si México recibe o no a cubanos deportados. La pregunta es qué ocurre con ellos después de recibirlos. Un trato humanitario no puede limitarse a permitir la entrada o evitar el rechazo inmediato. También debe ofrecer condiciones mínimas para que esas personas no queden abandonadas en otro país.
FUENTE: El Universal
https://www.eluniversal.com.mx/opinion/articulista-invitado/mexico-habla-de-un-trato-humanitario-para-los-cubanos-deportados-la-realidad-es-distinta/





















