Cuba, 20 de mayo: la presión llega desde todos los frentes

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En el mismo día en que la comunidad cubana en Miami encendía velas en la Ermita de la Caridad del Cobre para conmemorar 124 años del nacimiento de la República, Washington le lanzó al régimen cubano tres golpes simultáneos: un mensaje en español de Marco Rubio ofreciendo 100 millones de dólares en ayuda humanitaria, una acusación penal contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, y la declaración de Donald Trump de que Cuba «se está cayendo a pedazos» y que no hace falta ninguna escalada militar para que eso ocurra.

Hay días en que la historia se acumula. Este 20 de mayo fue uno de esos.

Tres movimientos. Un solo día. Una fecha que no fue elegida al azar.

Lo que Rubio le dijo a los cubanos que ningún funcionario cubano les ha dicho jamás

Rubio grabó un video de cinco minutos en español. No habló para los medios. Habló para la gente que lleva meses sin luz, sin comida y sin combustible.

«La verdadera razón por la que no tienen electricidad, combustible ni alimentos es porque quienes controlan su país han saqueado miles de millones de dólares», dijo, apuntando directamente a GAESA, el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas cubanas que, según Axios, controla cerca del 70% de la economía de la isla.

Rubio fue más lejos. Llamó a la élite militar cubana por lo que es: «La élite cleptocrática del régimen ha acaparado los recursos restantes de la isla para su propio beneficio y su lujoso estilo de vida.»

Los apagones en Cuba llegan a 22 horas diarias en algunas provincias, según recogen medios como El Mercurio. Eso no es un dato técnico. Es que cuando un cubano se despierta por la mañana, la probabilidad de que tenga luz es menor que la probabilidad de que no la tenga.

La oferta de los 100 millones tiene una condición que el régimen no puede aceptar sin contradecirse: el dinero irá a través de la Iglesia Católica y organizaciones caritativas. No pasará por GAESA. No pasará por el Estado. Llegará, o intentará llegar, directamente a las manos que lo necesitan.

Bruno Rodríguez, canciller del régimen, respondió llamando a Rubio «el vocero de intereses corruptos y revanchistas.» Es la respuesta de siempre: descalificar al mensajero sin tocar el mensaje. Díaz-Canel advirtió que una intervención militar resultaría en un «derramamiento de sangre de consecuencias incalculables.»

Nadie en Washington habló de intervención militar. Trump dijo exactamente lo contrario.

Raúl Castro, acusado. El 20 de mayo, elegido. Nada de esto es casual.

El Departamento de Justicia presentó cargos criminales contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate el 24 de febrero de 1996. Murieron cuatro personas. Tres eran ciudadanos estadounidenses.

Han pasado treinta años. Treinta años en que las familias de Carlos Costa, Mario de la Peña, Pablo Morales y Armando Alejandre Jr. han esperado algo parecido a la justicia.

Una acusación formal no arrastra a Castro a ningún tribunal mañana. Tiene 93 años y no sale de Cuba. Pero lo convierte en un acusado oficial ante la ley estadounidense, le cierra puertas en países aliados y coloca sobre La Habana una presión simbólica que ninguna sanción económica puede replicar por sí sola.

Elegir el 20 de mayo para anunciar esos cargos es un mensaje que en la Calle Ocho se entiende sin necesidad de traducción.

Trump también habló este martes. «Realmente perdieron el control de Cuba», declaró según La Jornada. Y añadió que no hace falta escalar, porque «ese lugar se cae a pedazos.» No es retórica belicosa. Es casi lo contrario: la descripción de un colapso en marcha que Washington no necesita acelerar porque ya tiene su propia velocidad.

El dinero que llega, el dinero que se mueve y el dinero que nadie explica bien

Mientras todo esto ocurría, un barco procedente de México y Uruguay atracaba en La Habana con 1.600 toneladas de ayuda humanitaria, según Proceso. Es el quinto envío mexicano del año. El gobierno de Claudia Sheinbaum lo llama solidaridad fraternal. La Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana admitió que la ayuda responde a una solicitud del régimen cubano para «evitar ingobernabilidad y caos social.»

Esa frase es notable. No dice que Cuba pasa trabajo. Dice que sin esa ayuda podría haber caos. Es el propio gobierno mexicano reconociendo, en un documento oficial, la fragilidad del régimen que dice apoyar.

Y luego está Sherritt. La minera canadiense que el 15 de mayo anunció que se iba de Cuba, renunció a tres miembros de su junta directiva y vio desplomarse sus acciones. Días después, firmó un acuerdo preliminar con Gillon Capital, una firma estadounidense vinculada a un ex asesor de Donald Trump, y anunció que no disolvería sus intereses cubanos después de todo.

Bloomberg confirmó la conexión con el entorno de Trump. El Globe and Mail añadió el detalle que lo cambia todo: las autoridades estadounidenses no se oponen a las conversaciones en curso entre Sherritt y Gillon Capital.

Una firma del entorno de Trump toma el control de la única minera extranjera importante que queda en Cuba. Washington dice que no se opone. Y Sherritt, que iba a irse, decide quedarse. En geopolítica, las coincidencias de este tamaño no existen.

Lo que queda cuando se junta todo

Rubio con su video en español. La acusación contra Raúl Castro en el Día de la Independencia. Trump diciendo que Cuba se cae sola. México enviando toneladas de ayuda mientras admite que sin ella habría caos. Una firma del entorno trumpista tomando posición en la única minera que queda en la isla.

Todo esto en el mismo día, o en la misma semana.

María Corina Machado dijo desde Venezuela, según El Pitazo, que «muy pronto Venezuela y Cuba serán libres.» Puede ser optimismo. Puede ser información. Desde aquí no es posible saberlo.

Lo que sí es posible saber es que Cuba lleva décadas resistiendo presiones de distinto tipo. Que el régimen ha sobrevivido a la caída de la URSS, al Período Especial, al fin del subsidio venezolano y a cuatro administraciones estadounidenses. Que la resistencia institucional de un sistema autoritario no debe subestimarse, como bien advirtió Alina Fernández en una entrevista con CNN este mismo martes.

Pero también es posible saber que la combinación de presiones que enfrenta el régimen cubano en este momento de 2026 no tiene precedente reciente. No es solo la presión de Washington. Es la presión de Washington más el colapso energético más la escasez de alimentos más la emigración masiva más la acusación penal contra su líder histórico más la pérdida del suministro petrolero venezolano más el cerco a las empresas extranjeras que operan en la isla.

Eso es mucho para aguantar. Incluso para un régimen que lleva 67 años entrenando para aguantar.

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