Médica anestesista de 73 años recoge latas en Camagüey para sobrevivir

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Dedicó su vida a salvar vidas ajenas y ahora recoge latas en la calle para no morirse de hambre. 73 años, anestesista y rebuscando en la calle. El caso de Maura visibiliza la precariedad extrema de los profesionales de salud retirados en Cuba

Maura tiene 73 años, fue anestesista durante décadas y formó a sus dos hijas en la medicina. La historia de este médico cubano jubilado que recorre las calles de Camagüey recogiendo latas de aluminio para sobrevivir no necesita adornos: es una denuncia en sí misma, y fue conocida gracias a un internauta.

Maura camina por Camagüey con una bolsa. Dentro, latas de aluminio recogidas del suelo. Cada una vale unos centavos, pero lo que representan no tiene precio: el fracaso total de un sistema que prometió cuidar a los suyos y no cumplió.

Su jubilación no alcanza. Su salario tampoco. El Estado cubano lleva décadas presumiendo de tener los mejores médicos del mundo y luego los abandona cuando ya no puede sacarles más partido.

Durante años, Maura trabajó como anestesista, una de las especialidades más exigentes de la medicina. La precisión del anestesista no deja margen de error: un gramo de más o de menos puede decidir si un paciente vive o muere.

Sus dos hijas siguieron su camino. Una ejerce como médica y la otra como enfermera. La familia entera entregó su vida al sistema de salud cubano.

Maura tomó esas decisiones durante décadas. Hoy toma otra decisión cada mañana: salir a recoger latas para tener algo que llevarse a la boca. El médico cubano que decide no emigrar, que se queda y envejece en la isla, se enfrenta a este destino con una frecuencia que nadie en el gobierno quiere admitir.

La pobreza de los jubilados cubanos que el régimen no puede disimular

La historia de Maura fue documentada por el internauta, influencer y activista Christian Arboláez. Su relato, difundido en redes sociales, generó indignación y tristeza a partes iguales entre cubanos dentro y fuera de la isla.

La imagen no es nueva. Los cubanos llevan años registrando y denunciando historias de ancianos y jubilados cubanos sin con qué subsistir. Sin embargo, lo que distingue la historia de Maura es su trayectoria. No es una jubilada cualquiera: es una anestesista con décadas de experiencia y la dignidad intacta.

Quienes la conocen cuentan que cuando una pareja se detuvo en la calle para ofrecerle dinero, ella reaccionó con sorpresa genuina. Esa escena resume en un instante todo lo que significa envejecer siendo médico cubano en la Cuba de hoy.

No es la excepción. Es el modelo. Los que se quedaron, los que creyeron en el sistema, los que no emigraron, están pagando ese precio ahora.

La historia de esta mujer cubana que recoge latas en Camagüey es la respuesta más honesta que existe a todos los discursos sobre los logros de la revolución en salud pública.

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