El mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva afirmó que Donald Trump le confirmó que no planea una intervención militar en Cuba y abrió la puerta a un eventual proceso de mediación impulsado por Brasil entre ambos países.
El encuentro, celebrado durante más de tres horas en el Despacho Oval, ya es considerado uno de los movimientos diplomáticos más relevantes del año en el hemisferio. Al finalizar la jornada, Lula declaró ante periodistas en la embajada brasileña en Washington que Trump le transmitió que no tiene intención de invadir Cuba. “Si la traducción fue correcta, me dijo que no piensa invadir a Cuba”, afirmó el mandatario sudamericano, mientras señaló que La Habana «quiere dialogar».
Las declaraciones llegan en un contexto de creciente preocupación regional por el endurecimiento del discurso de Washington hacia La Habana y por la persistente crisis económica y energética que atraviesa Cuba. En ese escenario, Lula intentó posicionar nuevamente a Brasil como interlocutor clave entre Estados Unidos y la Isla.
El presidente brasileño sostuvo que Cuba desea abrir canales de diálogo y defendió la necesidad de discutir el embargo económico de Washington. Lula calificó las sanciones estadounidenses como “el bloqueo más prolongado de la historia contemporánea” y aseguró que han condicionado durante décadas el desarrollo económico cubano.
“Si el presidente Trump necesita ayuda para discutir la situación de Cuba, estoy completamente a disposición”, expresó Lula, reforzando su papel de mediador regional y retomando una estrategia diplomática que históricamente ha caracterizado a Brasil en América Latina.
Además de la cuestión cubana, la reunión estuvo marcada por el conflicto comercial entre Brasil y Estados Unidos. Las relaciones entre ambos países se habían deteriorado desde julio de 2025, cuando la administración Trump impuso aranceles del 50 % a productos brasileños, medida interpretada por sectores políticos brasileños como una represalia relacionada con el proceso judicial contra el expresidente Jair Bolsonaro.
Para intentar reducir las tensiones, Lula propuso una “ventana de negociación” de 30 días entre los equipos técnicos de ambos gobiernos. El mandatario defendió la necesidad de restaurar un flujo comercial estable y evitar que las disputas políticas continúen afectando las relaciones económicas entre las dos mayores economías del continente.
Pese a las diferencias ideológicas entre ambos líderes, las imágenes oficiales mostraron un ambiente mucho más distendido de lo esperado. Lula incluso bromeó ante periodistas sobre la actitud del republicano. “Trump riendo es mejor que de cara seria”, comentó el presidente brasileño entre risas.
Trump también valoró positivamente el encuentro. En mensajes publicados posteriormente en Truth Social, el mandatario estadounidense calificó la reunión como “muy productiva” y elogió la capacidad de negociación del líder brasileño.
En plena campaña por la reelección presidencial en Brasil, Lula aprovechó además la visita para rechazar cualquier lectura de interferencia estadounidense en la política interna brasileña. Según afirmó, el acercamiento con Trump responde únicamente a intereses diplomáticos, económicos y estratégicos.




















