David Contreras, el cubano que disparó mortalmente a su propio hijo en noviembre de 2023 en Kendall, en el condado de Miami-Dade, Florida, fue condenado este lunes 30 de marzo a 12 años de prisión.
Según reportó Telemundo 51, el hombre, de 54 años, se declaró culpable de homicidio involuntario con arma de fuego tras aceptar un acuerdo con la fiscalía, por lo que no tendrá que enfrentar un juicio por asesinato en segundo grado, de lo cual se le acusaba.
La sentencia de Contreras incluye además una década de libertad condicional por matar a su hijo, Eric, un estudiante de la Universidad Internacional de Florida (FIU), de 21 años, en su propia casa.
Tras el tiroteo ocurrido en la vivienda familiar, en el 10703 de Southwest 84th Avenue, en el tranquilo vecindario de Kendall, el padre llamó al 911, pero al llegar la policía encontró al joven con heridas de bala y fue declarado muerto en la escena.
De acuerdo con las investigaciones, la discusión familiar se desató a raíz de que padre e hijo volvieron de un viaje a Orlando.
“¿Qué he hecho? Estaba peleando con mi hijo… perdí la cabeza”, se le oye decir al padre en la llamada al 911.
Durante el proceso judicial, el acusado explicó que había actuado en defensa propia y afirmó haber sufrido años de maltrato por parte de su hijo, pero los fiscales rechazaron esa versión. Aun así, su entorno familiar lo respaldó en todo momento, e incluso un juez le permitió permanecer bajo arresto domiciliario mientras esperaba el juicio.
“Tengo que vivir con eso, señor juez”, expresó ante la audiencia final en corte, según reportó Local 10.
El caso conmocionó no solo a la comunidad local, sino también a compañeros y amigos de Eric en la FIU, donde era miembro de la fraternidad Sigma Phi Epsilon. “Siempre será recordado por ser un hombre bondadoso y por iluminar cualquier habitación”, expresaron en su momento.
Desde el inicio, las autoridades catalogaron el hecho como un caso de violencia doméstica. El portavoz policial Álvaro Zabaleta llegó a describirlo como una tragedia difícil de comprender: “Solo pensar que la vida del hijo estaba en las manos del padre y la quitó, es algo que nunca podremos entender”.
Detrás del proceso judicial queda una historia marcada por conflictos familiares, tensiones acumuladas y un desenlace fatal que transformó para siempre la vida de todos los involucrados. Una tragedia que, más allá de la sentencia, deja una herida imposible de cerrar.





















