Imágenes de anciana cubana hurgando en la basura y que asegura ser ingeniera Química encienden las redes

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Algunos usuarios consideran que se trata de un caso real que evidencia el deterioro de las condiciones de vida de los ancianos en Cuba, mientras otros dudan la autenticidad del material y aseguran es contenido manipulado o generado con herramientas digitales.

Sea este caso real o ficticio, nadie duda de que es un caso posible, pues escenas similares son cada vez más frecuentes en el país. Y aquí mencionaremos algunos otros casos muy similares a este.

Imágenes de una anciana cubana hurgando en la basura, mientras asegura haber sido ingeniera química durante más de tres décadas, han generado una fuerte reacción en redes sociales en las últimas horas. El caso, difundido inicialmente por perfiles como el de Irma Lidia Broek y amplificado por la página La Tijera, se ha convertido en uno de los contenidos más comentados por usuarios dentro y fuera de la isla en las últimas horas.

Según el testimonio atribuido a la mujer, esta asegura haber sido “ingeniera química durante 35 años”. La frase acompaña escenas donde se le ve buscando entre desechos para sobrevivir. En el mismo relato, añade: “Nos engañaron. Mira dónde estoy ahora… Esto duele en el alma. Lo hago por mis nietos. Patria y Vida”. Las palabras, cargadas de frustración, han sido interpretadas por muchos como un reflejo de la situación que enfrentan numerosos jubilados en Cuba.

La publicación ha circulado ampliamente, acumulando miles de interacciones y comentarios que van desde la indignación hasta el cuestionamiento.

Mientras algunos usuarios consideran que se trata de un caso real que evidencia el deterioro de las condiciones de vida de los ancianos, otros han puesto en duda la autenticidad del material, sugiriendo que podría tratarse de contenido manipulado o generado con herramientas digitales. No obstante, incluso entre quienes dudan del origen del video, prevalece la idea de que escenas similares son cada vez más frecuentes en el país.

La versión difundida por La Tijera refuerza esa lectura, al presentar el caso como ejemplo de una generación que dedicó su vida al estudio y al trabajo, pero que hoy enfrenta dificultades para cubrir necesidades básicas. En ese contexto, varios comentarios coinciden en señalar que las pensiones resultan insuficientes frente al costo de la vida, especialmente en un escenario marcado por inflación, escasez y deterioro de servicios.

El debate también ha derivado en discusiones más amplias sobre las causas de esta situación. Algunos responsabilizan directamente al sistema político y económico, mientras otros insisten en factores externos como el embargo estadounidense. Entre ambas posturas, el caso ha servido como catalizador de una conversación que refleja la polarización existente en torno a la realidad cubana.

Más allá de la autenticidad puntual del material, el episodio ha puesto nuevamente en primer plano la situación de vulnerabilidad en la que viven muchos adultos mayores en la isla, particularmente aquellos que dependen exclusivamente de una pensión estatal. En ausencia de una respuesta oficial sobre este caso específico, las imágenes continúan circulando como símbolo de una realidad que, para muchos, ya no puede ocultarse.

Casos reportados por activistas como Lara Crofts desde La Habana, y Yasser Tamayo desde Santiago de Cuba, han dado cuenta en las últimas semanas de ancianos que durante años estuvieron vinculados de algún modo a la enseñanza, y que ahora sobreviven en las calles, obrando por un milagro.

El caso de la anciana que afirma haber sido ingeniera química durante 35 años no aparece aislado en el mapa reciente de historias que circulan desde Cuba. Tiene un antecedente muy cercano, tanto en el perfil profesional como en la etapa de la vida en la que ocurre el derrumbe. En septiembre de 2025, el activista Yasser Sosa Tamayo documentó en Santiago de Cuba el encuentro con un hombre de 79 años, antiguo profesor de Química, a quien encontró durmiendo en la calle, en condiciones de abandono similares.

En ambos relatos hay una coincidencia que va más allá de la anécdota: se trata de personas formadas en el mismo campo —la química—, con décadas de trabajo acumulado, que terminan en la vejez dependiendo de lo que encuentren o de lo que alguien les ofrezca en el momento. No son historias de marginalidad previa ni de trayectorias interrumpidas a mitad de camino. Son vidas completas, con una lógica profesional clara, que desembocan en un punto de vulnerabilidad extrema.

También coincide la edad como factor determinante. No se trata de jóvenes en situación de exclusión, sino de adultos mayores que, tras haber atravesado toda una vida laboral dentro del sistema, llegan a una etapa en la que ya no pueden sostenerse por sí mismos y quedan expuestos. En el caso del profesor encontrado por Sosa Tamayo, la escena era concreta: dormir en un portal, esperar el cobro de una pensión insuficiente, depender de la ayuda puntual de un exalumno. En el caso de la anciana, las imágenes la muestran buscando en la basura, con un discurso que apela directamente a esa misma trayectoria: estudio, trabajo, sacrificio.

La similitud entre ambos casos no está en los detalles, sino en la estructura. Dos profesionales de la química, dos historias que llegan al final de la vida en condiciones de precariedad, dos escenas que rompen con la expectativa de estabilidad asociada a ese tipo de formación. Uno documentado en el terreno por un testigo directo, otro difundido en redes y sometido a discusión sobre su autenticidad. Pero en ambos, el punto de llegada es el mismo: la exposición pública de una caída que ya no puede ocultarse ni explicarse como excepción.

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