Guantánamo recibe cuatro ambulancias nuevas para reforzar urgencias médicas, en medio de un déficit crónico de transporte sanitario en la provincia.
Guantánamo recibió esta semana cuatro ambulancias nuevas para su Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM). Son cuatro vehículos para una provincia de más de medio millón de habitantes, con municipios extensos, carreteras en mal estado y comunidades rurales a horas de los hospitales. La cifra no es un error: son cuatro, en total.
La información llega pocos días después de que Cuballama publicara una nota sobre Granma, donde también se incorporaron cuatro ambulancias para toda la provincia, presentadas oficialmente como un “logro” del sistema de salud. El paralelismo no es casual: se trata del mismo esquema, la misma narrativa y la misma proporción. Cuatro como símbolo de avance. Cuatro como respuesta a un colapso estructural.
En Guantánamo, según la prensa local, se trata de tres equipos Foton Toano de fabricación china y un Mercedes-Benz de segunda mano, con un costo conjunto superior a 4,9 millones de pesos cubanos. Hasta ahora, la base regional del SIUM contaba con solo tres móviles activos. Con estas incorporaciones, la flota “se duplica”. El verbo suena grande; el número, no tanto.
La provincia, una de las más pobres del país, ha vivido durante años con ambulancias paradas por roturas, falta de piezas o combustible. En muchos municipios, el traslado de un paciente depende de camiones improvisados, autos particulares o carros estatales adaptados a última hora. La emergencia, en la práctica, se negocia con lo que haya.
Ya días antes, en Granma, se subrayaba el contraste entre la propaganda y la realidad: cuatro ambulancias para una provincia entera no resuelven un sistema colapsado, pero sí permiten construir una escena. La escena se repite ahora en Guantánamo. Cambia el nombre de la provincia, no el guion.
Las autoridades hablan de “capacidad técnica avanzada”, “soporte vital básico” y “mejor atención”. No hablan de cuántas llamadas quedan sin respuesta cada día, ni de cuántas emergencias se trasladan tarde o no se trasladan. No hablan de cuántos pacientes mueren en casa esperando un transporte que nunca llega.
La llegada de estos vehículos no cambia el problema de fondo: el SIUM no está subdimensionado por falta de discurso, sino por falta de recursos reales. Cuatro ambulancias no transforman un sistema; apenas lo sostienen para que no se derrumbe del todo.
La paradoja es que en 2026, en un país que se declara potencia médica, la llegada de cuatro ambulancias sea noticia nacional. No porque resuelva algo, sino porque revela hasta qué punto la escasez se ha normalizado.


















