El Hospital Clínico Quirúrgico Lucía Íñiguez Landín, la principal institución sanitaria de la provincia de Holguín, no cuenta con agua potable para sus pacientes. Una denuncia en Facebook del residente Reynier H. González muestra a los acompañantes de los enfermos recorriendo casi un kilómetro hasta un pozo particular para conseguir agua, mientras el propio personal médico reconoce que el agua de tubería no es apta para el consumo.
María Luisa Mendoza, hermana del reconocido lanzador cubano Héctor Mendoza, falleció a los 27 años por dengue hemorrágico en un hospital de la Isla de la Juventud.
Farmacias privadas en Cuba: Las primeras farmacias privadas comienzan a mostrar medicamentos, vitaminas y suplementos que escasean en la red estatal cubana, aunque algunos productos alcanzan precios de varios miles de pesos. La nueva apertura puede mejorar la disponibilidad, pero plantea una cuestión decisiva: cuántos pacientes pueden pagar esas alternativas en medio de la pérdida de poder adquisitivo.
El Hospital General Docente Dr. Juan Bruno Zayas Alfonso, en Santiago de Cuba, recibió el 16 de agosto una donación de insumos médicos procedente de Chile, entregada por el Colectivo de Solidaridad con Cuba Siboney. El envío incluyó medicamentos y materiales sanitarios básicos, en un contexto de escasez crónica que afecta a los hospitales cubanos y que se ha agravado por las restricciones al transporte marítimo hacia la isla.
Las organizaciones Sodepaz y Medicuba España enviaron hoy el séptimo contenedor sanitario de 2026 a Santiago de Cuba, con 900,000 jeringuillas y 2.8 millones de agujas. El ritmo de los envíos refleja la gravedad de la escasez médica en la isla.
El sistema de salud cubano enfrenta un colapso visible en 2026, marcado por apagones, escasez de insumos y una crisis estructural acumulada durante años.
La epidemia de dengue y chikungunya en Cuba no explica por sí sola las al menos 87 muertes registradas entre octubre y noviembre. Detrás del colapso sanitario hay una cadena más profunda: hambre, desnutrición infantil, déficit vitamínico, falta de agua potable, apagones interminables, basura acumulada y hospitales sin recursos. Lejos de los 33 fallecidos que reconoce el Gobierno, la crisis revela un Estado incapaz de sostener la vida.
Una cubana que padece chikungunya asegura que nunca había sentido un dolor semejante, ni siquiera durante el parto, y su relato ha encendido un debate sobre cómo el virus está reescribiendo la escala de los dolores en Cuba. La enfermedad, ya de por sí devastadora, golpea aún más fuerte en un país donde la inflación, los apagones, la falta de medicamentos y la precariedad sanitaria convierten cada síntoma en una carga casi imposible de sobrellevar.
Las imágenes y los testimonios, publicados en redes justo cuando el Gobierno celebra y resalta el control sanitario nacional, constituyen un desafío difícil de soslayar. Porque en un país que dice proteger a su gente, que la muerte se vuelva masiva y visible antes de ser atendida no es solo tragedia: es advertencia. Y en Camagüey la advertencia ya se ha vuelto crónica.
En Cienfuegos, Camagüey y otras provincias, la muerte ya no es solo un rito; es un pasillo saturado, un nicho compartido, un silencio oficial que pesa más que el mosquito que la trae. La cuenta avanza, y mientras tanto, nombres se suman a la lista sin que haya explicación oficial, solo fosas abiertas.