En Cuba ya no se trata de curarse: el nuevo objetivo es no enfermarse. La escasez crónica de medicamentos en Cuba empuja a los ciudadanos al mercado negro y la medicina alternativa.
Cuba enfrenta una crisis de abastecimiento que el régimen no puede ocultar y pedir un medicamento en las redes sociales es arriesgarte a que pierdas la cuenta.
«Evitamos enfermar, sería otra complicación.» La frase, recogida por El País entre ciudadanos cubanos, condensa mejor que cualquier estadística lo que significa vivir hoy en Cuba. No es resignación. Es una estrategia de supervivencia en un país donde conseguir un analgésico, un antibiótico o un antihipertensivo se ha convertido en una odisea sin garantías.
Una escasez que ya no sorprende a nadie
La crisis de medicamentos en Cuba no es nueva, pero ha alcanzado en los últimos meses una dimensión que los propios ciudadanos describen como sin precedentes. Los reportes de El País y El Mundo coinciden en el mismo panorama: farmacias con estantes vacíos, hospitales sin insumos básicos y una población que ha dejado de contar con el sistema de salud como red de seguridad.
Lo que antes era una carencia intermitente se ha vuelto estructural. Los cubanos han aprendido a no depender de que haya medicinas disponibles cuando las necesiten, y han reorganizado sus rutinas en consecuencia. Evitar el frío, no exponerse al sol, no realizar esfuerzos físicos excesivos: medidas elementales que en cualquier otro país serían recomendaciones de sentido común, en Cuba son decisiones calculadas para no terminar en una farmacia vacía o en un hospital sin suministros.
El mercado negro, única salida para quien puede pagarlo
Ante la ausencia del Estado como proveedor de salud, el mercado informal ha llenado el vacío. Los medicamentos que no aparecen en las farmacias estatales circulan por canales paralelos a precios que multiplican varias veces su valor oficial, cuando existe. Antibióticos, antiinflamatorios, medicamentos para enfermedades crónicas como la hipertensión o la diabetes: todos tienen su precio en el mercado negro, y ese precio está fuera del alcance de la mayoría de los cubanos.
Quienes no pueden acceder al mercado informal recurren a remedios caseros, medicina alternativa o simplemente esperan que la enfermedad pase sola. En un país donde el salario mensual promedio no supera los diez dólares en el mercado informal de divisas, la elección entre comer y comprar medicinas no es retórica: es una decisión real que miles de familias enfrentan cada semana.
Cuba construyó durante décadas una reputación internacional basada en su sistema de salud. Esa reputación choca hoy con la realidad que documentan los corresponsales extranjeros y los propios ciudadanos en redes sociales. Los hospitales enfrentan problemas de infraestructura severos, cortes de electricidad que afectan equipos médicos y escasez de material quirúrgico y farmacológico básico.
Según el diario español El Mundo, la crisis de abastecimiento que afecta a la isla no se limita a las medicinas. La falta de alimentos frescos, la escasez de productos de higiene y el deterioro generalizado de los servicios básicos configuran un colapso sistémico que el régimen ha intentado gestionar con medidas parciales que la población considera insuficientes.
El gobierno de Díaz-Canel ha reconocido las dificultades pero las enmarca sistemáticamente en el contexto de las sanciones estadounidenses y la crisis global de suministros, evitando cualquier análisis sobre la responsabilidad del modelo económico en el colapso. La narrativa oficial contrasta con la experiencia diaria de millones de cubanos que no encuentran en esa explicación ninguna solución práctica para el lunes por la mañana.
Facebook sanciona a quien intenta sortear la crisis sanitaria cubana
La escasez de medicamentos en Cuba no solo enfrenta el silencio del régimen. También tropieza con los algoritmos de Facebook. La plataforma tiene entre sus políticas la restricción de contenido relacionado con la compra, venta o solicitud de medicamentos, una norma diseñada para combatir el tráfico ilegal de fármacos que, aplicada sin contexto, termina penalizando a quienes denuncian una crisis humanitaria.
Activistas cubanos como Lara Crofs y Patricia Mujica han perdido sus cuentas de Facebook por publicaciones relacionadas con el pedido de medicamentos para enfermos en la isla. En algunos casos fue el algoritmo de la plataforma el que detectó el contenido y aplicó la sanción automáticamente. En otros, agentes del régimen cubano y funcionarios de la Seguridad del Estado revisaron sistemáticamente sus publicaciones y presentaron denuncias masivas para activar los mecanismos de moderación de Meta.
El resultado es el mismo en ambos casos: la cuenta desaparece, el historial se pierde y la voz que documentaba la crisis se silencia. No con una orden judicial ni con un arresto, sino con un clic desde La Habana y un algoritmo en California que no distingue entre un traficante de opioides y una madre cubana preguntando dónde conseguir insulina para su hijo.
Tal vez alguien cercano a Mark Zuckerberg pudiera decirle que….
[FUENTES] El Mundo, «Cuba. – El Mundo»
[FUENTES] El País, «Cuba, sin medicinas: “Evitamos enfermar, sería otra complicación”


















