Reinaldo Arenas murió hace 31 años: “Cuba será libre. Yo ya lo soy”

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El escritor cubano Reinaldo Arenas decidió morir el 7 de diciembre de 1990 en Nueva York. Tenía 47 años, y el sida había diezmado sus fuerzas. A duras penas había terminado su novela El color del verano, teniendo que dictar su autobiografía Antes que anochezca ya sin fuerzas para machacar las teclas de la máquina de escribir. Se tomó un coctel de pastillas somníferas y whisky. Al amigo que lo acompañaba pidió que no lo despertara del sueño, pero la muerte se demoró en llegar y este la aceleró con un gesto piadoso de eutanasia. Cortó su respiración con una bolsa plástica, con una “jabita de nylon”, uno de los símbolos de la carestía cubana y la búsqueda del sustento en la Isla de jabas vacías, ya sin cartuchos siquiera.

Pero Arenas había muerto varias veces ya. Primero cuando fue censurado en Cuba, por homosexual confeso e intelectual disidente. Luego cuando tuvo que huir por el Mariel falseando su carnet de identidad, transformando su apellido Arenas por Arinas, pues sobre él pendía la orden de no dejarlo irse de Cuba. Dijo alguna vez que fuera de Cuba, en el exilio, era un fantasma.

Dejó una carta de despedida a todos sus amigos que puede ser considerada un testamento político, o un epílogo a una obra que es un gran manifiesto contra el sistema político cubano, ante cuyas presiones nunca cedió, silenciado como tantos, Antón Arrufat, Virgilio Piñeira. Antes de que anocheciera en su vida, ganó una mención en el Premio Cirilo Villaverde de la UNEAC en 1965 con su primera y gran novela Celestino antes del alba, la única que logró publicar en Cuba. Esta fue además la primera de la conocida como “Pentagonía de la Revolución”, que se compone además de  El palacio de las blanquísimas mofetas, Otra vez el mar, El asalto y la referida El color del verano.

La carta dice así y lo sigue diciendo más de tres décadas después:

Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la  libertad de Cuba, pongo fin  a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también las esperanza de que pronto Cuba será libre. Me siento satisfecho con haber podido contribuir aunque modestamente al triunfo de esa libertad. Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas con esta decisión. Sólo hay un responsable: Fidel Castro.

“Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país.

“Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la isla los exhorto a que sigan luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza.

Cuba será libre. Yo ya lo soy

Firmado

Reinaldo Arenas

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