La comunidad empresarial cubanoamericana despide a uno de sus titanes. Este lunes se confirmó el fallecimiento en Palm Beach del magnate y filántropo Alfonso «Alfy» Fanjul Gómez-Mena a los 89 años de edad. Reconocido como una figura central en el resurgir de la industria azucarera en Florida tras el triunfo de la revolución en la Isla, Fanjul deja un legado imborrable en la economía, la sociedad y la política del sur de Estados Unidos.
La noticia de su deceso fue divulgada a través de Facebook por el periodista Wilfredo Cancio Isla, quien resaltó el inmenso impacto del empresario como líder indiscutible de Florida Crystals. Esta compañía, fundada codo a codo con su hermano José «Pepe» Fanjul, se erigió como la piedra angular del sector dulce en territorio estadounidense. Haciendo eco de esta trascendencia, Cancio citó al diario Palm Beach Daily News, rotativo que subrayó cómo Fanjul «contribuyó a redefinir la industria azucarera del estado floridano y del sur de Estados Unidos durante generaciones», remarcando además su profunda y sostenida huella cívica y filantrópica en la ciudad.
La historia de Alfonso Fanjul es la encarnación de la resiliencia en el exilio. Nacido en La Habana en el año 1937, creció en el seno de una de las dinastías más acaudaladas de la Cuba republicana. Antes del histórico parteaguas de 1959, el apellido Fanjul controlaba vastas plantaciones y prósperos ingenios. Sin embargo, la llegada de Fidel Castro al poder trajo consigo la expropiación absoluta de su patrimonio, forzando a la familia a abandonar su patria con las manos vacías.
El renacer comenzó lejos de los cañaverales caribeños. Tras un paso inicial por Nueva York, los hermanos se asentaron en Florida para empezar desde los cimientos. Fue en 1960 cuando encendieron las maquinarias de un nuevo ingenio en Pahokee, una arriesgada apuesta que mutaría en un conglomerado de alcance global. Gracias a la visión directiva de Alfy y Pepe, Florida Crystals Corporation dominó la producción azucarera nacional. La posterior expansión mediante American Sugar Refining (ASR Group) los coronó como los mayores refinadores del planeta, adueñándose de marcas icónicas como C&H y Domino Sugar, y extendiendo sus operaciones por Canadá, México, Europa y República Dominicana.
Este éxito financiero catapultó a los Fanjul a la cima de las fortunas agroindustriales de Norteamérica. Paralelamente, Alfonso tejió una red de contactos al más alto nivel que lo convirtió en una figura habitual de la élite mundial. Sus vínculos abarcaban desde el presidente Donald Trump hasta una estrecha amistad con el rey emérito Juan Carlos I de España, un visitante asiduo de Casa de Campo, el exclusivo complejo turístico dominicano propiedad de la familia.
A pesar de su inquebrantable identidad como exiliado histórico, Alfy Fanjul sorprendió al panorama político al convertirse en la voz más abierta de su clan respecto al futuro de la Isla. En 2014, trascendió que el magnate había realizado un viaje discreto a Cuba para sostener encuentros con autoridades locales, sondeando el terreno ante un inminente cambio de paradigma entre Washington y La Habana. Desmarcándose de la línea dura, abogó por el diálogo y defendió la participación del capital cubanoamericano en la eventual restauración económica de su tierra natal.
Cuando la administración de Barack Obama oficializó el restablecimiento diplomático a finales de 2014, Fanjul respaldó abiertamente el proceso. En múltiples intervenciones argumentó que el aislamiento no había logrado transformar a Cuba, viendo en esta nueva etapa una oportunidad real. Su anhelo personal quedó plasmado en una entrevista con el diario El País, donde aseguró: «Si hay alguna manera de que la bandera de nuestra familia pueda volver a Cuba, estaré encantado de hacerlo». Su intención de regresar estaba condicionada a que la nación caribeña garantizara un clima de seguridad jurídica y un entorno político distinto.
Esta postura conciliadora durante el llamado «deshielo» generó un intenso debate y críticas por parte de los sectores más tradicionales de Miami, quienes consideraban prematuro cualquier acercamiento económico mientras el régimen mantuviera el control. No obstante, Alfonso insistía en que el intercambio comercial aceleraría las transformaciones sociales. Paradójicamente, mientras él tendía estos puentes, su hermano Pepe Fanjul se mantuvo alineado con la visión más conservadora del exilio y el Partido Republicano, evidenciando las distintas sensibilidades políticas dentro de su propia familia.
Aunque el posterior deterioro de las relaciones bilaterales congeló cualquier posibilidad de inversión, Alfy Fanjul pasó a la historia como el rostro empresarial más dispuesto a la reconciliación. Hasta el cierre de esta nota periodística, no se han divulgado las causas de su fallecimiento ni los detalles sobre sus honras fúnebres. Con su partida física desaparece uno de los empresarios cubanoamericanos más influyentes del último medio siglo, un hombre cuya trayectoria estuvo marcada por la construcción de un imperio colosal, su peso en la economía estadounidense y su audaz intento de acercamiento a la Isla que lo vio nacer.





