Del Estado que «no tenemos militares en Venezuela», nos llega ahora «tenemos contactos al máximo nivel con EEUU»

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El Gobierno cubano admitió en los últimos días que mantiene “intercambios de mensajes” y comunicaciones con Estados Unidos, un reconocimiento que contrasta con la línea pública de negación o minimización que La Habana ha usado en otros asuntos sensibles y que, en el caso venezolano, incluyó desmentidos explícitos sobre la presencia de personal militar en ese país.

La nueva formulación, atribuida al viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossío, que en entrevistas previas, hace apenas un par de días, ante medios internacionales, había negado todo contacto, llega en un momento de endurecimiento de la política estadounidense hacia la Isla y de presión económica vinculada al suministro de combustibles.

Fernández de Cossío afirmó el 2 de febrero que “hemos tenido intercambio de mensajes, tenemos embajadas, hemos tenido comunicaciones”, pero que eso no equivale a una “mesa de diálogo”, e insistía en la disposición de La Habana a un diálogo “serio”.

Sin embargo, este miércoles, en declaraciones a CNN, el viceministro puso la reversa, y aseguró que si bien “no se ha establecido un diálogo bilateral formal”, “sí ha habido algunos intercambios de mensajes vinculados a los más altos niveles del gobierno cubano”. Ante la insistencia de «¿cuál era el alto nivel?» solo se limitó a confirmar que sí, que era «a los más altos niveles», pues siempre que se discute el tema Cuba-USA, de eso se encargan los de arriba; no él, que es un pelele del MINREX, que miente y desmiente con su cara más dura lo que hasta ese momento le es orientado que diga.

A pesar de estar – todos – con la soga al cuello – sobre todo el pueblo – el funcionario se atrevió a seguir el pulseo con Mr. Trump, y añadió que Cuba está en disposición de entablar un diálogo “significativo” con Estados Unidos, aunque dejó claro que el régimen no está dispuesto a discutir su sistema de gobierno ni su modelo político.

“No estamos listos para discutir nuestro sistema constitucional, así como suponemos que Estados Unidos no está listo para discutir su sistema constitucional, su sistema político ni su realidad económica”, dijo Fernández de Cossío.

Luego, insistió en que «Cuba no representa ninguna amenaza» y que «no es agresiva contra Estados Unidos». Igualmente señaló que La Habana «no alberga terrorismo ni patrocina el terrorismo”, aunque el hecho de que ha sido refugio de gente buscada por los EE.UU., es un hecho que todos conocen.

No tuvo reparos de Cossío para explicar que las medidas de Washington han agravado la crisis energética que atraviesa la isla, y admitió que el gobierno cubano podría verse obligado a aplicar (más) medidas de austeridad.

Lo más interesante de este desmentido que a sí mismo se ha dado de Cossío, es la confirmación de contactos “al más alto nivel” entre ambos países, lo cual representa un reconocimiento de que La Habana busca aliviar la presión creciente del gobierno de Trump. Del lado estadounidense, Trump ha contribuido al clima de expectativa con declaraciones que sugieren contactos directos con “las más altas” instancias cubanas y con la posibilidad de “trabajar un acuerdo” sobre Cuba.

La admisión cubana de contactos “al más alto nivel” —aunque presentada como comunicación habitual, sin negociación formal— reabre un patrón que la diplomacia de la Isla conoce bien: negar con contundencia cuando el tema toca seguridad o presencia externa, y matizar después cuando la realidad o la presión internacional obliga a reconocer canales, interlocuciones o hechos. Ese contraste quedó particularmente expuesto en 2019, cuando en abril de 2019, el canciller Bruno Rodríguez primero, y en mayo de ese mismo año, la entonces funcionaria Johana Tablada sostuvieran ante periodistas que “no hay tropas cubanas en Venezuela”, en medio de acusaciones de Washington sobre el respaldo de La Habana al gobierno de Nicolás Maduro. Ambos – y también Maduro lo afirmaba en una entrevista a María Elvira Salazar cuando esta aún era periodista – aseguraron a la prensa internacional que los cubanos allí eran civiles y que una mayoría estaba vinculada a misiones médicas.

La negación aquel entonces se presentó entonces como una verdad cerrada y como evidencia de “mentiras” estadounidenses, pero los hechos del 3 de enero de este año, cuando La Habana se vio obligada a admitir la muerte de un numeroso grupo de militares cubanos que defendían a Nicolás Maduro, le dieron la razón a los periodistas, y dejaron a Bruno Rodríguez y a Johana Tablada, «compañeros de trabajo» de Fernández de Cossío, como viles mentirosos.

En esa secuencia de desmentidos y admisiones, entre el «estamos conversando» de Trump, y los primeros «no hay contactos» de Fernández de Cossío, apareció este 4 de febrero, por primera vez «alguien serio», el diario español ABC, publicando una nota firmada por su corresponsal en Ciudad de México, Milton Merlo, en la que afirma —citando fuentes del entorno del gobierno de Claudia Sheinbaum— que el coronel Alejandro Castro Espín estaría participando en conversaciones con agentes de inteligencia estadounidenses para acordar una salida negociada a la crisis cubana. Según ABC, en esos contactos se habría discutido el eventual levantamiento del embargo a cambio de la apertura de sectores estratégicos de la economía cubana a empresas estadounidenses, con México actuando como facilitador político de las conversaciones.

ABC atribuía erróneamente la fuente primaria a un «Periódico de Cuba», cuando la realidad es que los primeros rumores sobre esas conversaciones en Ciudad de México, las dio a conocer el periodista cubano Carlos Cabrera Pérez.

Cabrera Pérez, quien también fue el primero que el 4 de enero de este año fue el primero en hablar de los cubanos muertos en Venezuela en los ataques del 3 de enero, antes de que el Estado cubano terminara reconociendo oficialmente las bajas y comenzara a publicar identidades y homenajes, ya había colocado el tema en circulación de estas converrsaciones, con un post fechado el 30 de enero, donde habló de una delegación encabezada por Alejandro Castro Espín y de contactos con un alto cargo de la CIA, además de mencionar un componente financiero asociado a fondos retenidos para comprar combustible. Esa publicación —con lenguaje de “exclusiva/última hora” y apelación a una fuente mexicana anónima— es, al menos en el registro público disponible, el primer punto rastreable de esa versión antes de que saltara al circuito de medios y capturas.

Un día después recogía que Castro Espín había regresado a La Habana sin nada en la mano, «envuelto» en una pequeña oleada de incredulidad por parte, en su inmensa mayoría, de la tropa de cubanos incrédulos que nunca creen nada, porque en muy pocos casos los enseñaron a pensar en el modo de «es posible que esta gente haga lo que quiera y tú no te enteres».

Tras la confirmación de ABC.es de esas negociaciones, Cabrera volvía a hablar sobre el asunto en un post dedicado a «individuas e individuos de La Habana oficialista, Miami y otras playas del activismo neoperiodistico q llevan días intentando desacreditarme, sin percatarse de que tengo piel de rinoceronte y q me rio hasta de mi mismo.»

A estas alturas de la partida ya nadie niega que Cabrera tenga razón en lo que dijo y que sí, que «La Habana y Washington están conversando», aunque nadie sepa exactamente quiénes, uno por uno, «encabezan esas delegaciones». Menos aún se sabe en qué terminará todo, por más que la lógica indique que algo interesante va a suceder.

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