El comercio hacia Cuba ha sufrido un colapso abrupto en marzo de 2026, en un contexto marcado por el aumento de la presión del gobierno de Donald Trump sobre la isla. Aunque durante décadas el sistema cubano ha resistido crisis severas —desde el embargo estadounidense hasta el llamado “período especial”—, la situación actual presenta características distintas por su intensidad y alcance.
Sin declarar formalmente un bloqueo, la administración Trump ha provocado un efecto equivalente a un cerco económico, señala La Vanguardia, que recoge la nota de AP. Datos de inteligencia marítima indican que los envíos de petróleo, alimentos y otros bienes prácticamente se han detenido. Mientras en 2025 se registraban unas 50 escalas mensuales de buques, en marzo la cifra cayó a solo 11, todas de origen nacional. No hay petroleros en camino y apenas tres portacontenedores internacionales tienen a Cuba como posible destino, aunque podrían desviar su ruta.
Este estrangulamiento ha agravado la ya crítica situación interna. La isla enfrenta apagones masivos y un deterioro del sistema de salud, afectado por la escasez de combustible para ambulancias y hospitales. Cuba produce apenas el 40% del petróleo que necesita, lo que la hace especialmente vulnerable. La vida cotidiana de sus 11 millones de habitantes se ve cada vez más limitada en términos de transporte, acceso a alimentos y servicios básicos.
La presión estadounidense no se limita a medidas económicas directas. Tras la caída del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, Trump ha endurecido su retórica hacia Cuba, sugiriendo incluso que “se encargará” del país. La presencia de buques de guerra en el Caribe y amenazas de sanciones a países que suministren petróleo han generado un efecto disuasorio global: empresas y gobiernos prefieren evitar cualquier vínculo comercial con la isla.
Al mismo tiempo, Washington ha intentado equilibrar su estrategia con gestos hacia el sector privado cubano, permitiendo envíos de ayuda humanitaria y autorizando ventas de combustible a negocios particulares. Sin embargo, expertos consideran estas medidas poco efectivas, dado el limitado acceso al capital y el control estatal sobre la distribución.
En este escenario, muchos cubanos, aunque desean cambios, muestran recelo ante una posible intervención estadounidense. La crisis actual, más que un simple episodio económico, refleja un punto de inflexión en la relación entre Cuba y Estados Unidos, con consecuencias aún inciertas.





















