Burocratismo pone trabas a la adopción responsable en Cuba

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Numerosos internautas, en su mayoría mujeres, reaccionaron a una publicación aparecida en el portal de La Joven Cuba donde, grosso modo, se certifica que la raíz de los males en Cuba no es consecuencia del embargo norteamericano, sino más bien del embargo mental de un sistema que continuamente pone trabas y más trabas hasta a las cosas más sencillas.

Con esa afirmación no queremos decir que adoptar un niño sea una cosa sencilla de hacer. En cualquier país del mundo es un proceso que conlleva responsabilidades, requisitos, tiempo de planificación, conocer a la familia que adoptará etc… pero que en Cuba, se complejiza en aspectos que uno ni siquiera puede imaginar.

El texto recoge la historia de Marcia, quien luego de un viaje a Holguín, a su regreso a La Habana inició el proceso legal de adopción de Katy, la hija de uno de sus hermanos, quien había sido abandonada por su madre biológica mientras su padre cumplía misión en Angola. La niña mostraba claros signos de descuido, y la familia de Marcia decidió proteger y cuidar a Katy.

Sin embargo, el engorroso proceso y los vacíos legales complicaron la tutela total, y optaron por esperar el regreso del padre de la misión internacionalista. Durante ese tiempo, el paradero y bienestar de Katy quedó en incertidumbre.

Esta es una de las tres historias centrales de la narrativa, que señala cómo el Código de Familia de 1975, que regía por aquel entonces, a pesar de representar un avance significativo respecto a la antigua legislación colonial, aún conservaba limitaciones notables. Por ejemplo, señala el texto, el adoptado solo establecía un vínculo paternal con el adoptante, sin extenderse a otros parientes. Además, la adopción no garantizaba que el adoptado adquiriera los apellidos del adoptante, lo cual generaba situaciones incómodas en el Registro del Estado Civil.

Peor aún: también podía ser anulada por vicios en su formalización y revocada como si fuera un simple contrato.

Menos engorro presenta el nuevo Código de las Familias, establecido en septiembre de 2022, el cua introdujo cambios respecto al de 1975, especialmente en los requisitos y procedimientos de adopción, pero que aún es insuficiente. Ahora, los adoptantes deben tener al menos 25 años, condiciones económicas adecuadas y demostrar idoneidad parental. La edad para ser adoptado se amplió de 16 a 18 años, y la diferencia de edad entre adoptantes y adoptados se estableció entre 18 y 50 años, con excepciones para casos especiales.

Como paso novedoso se incluye que se garantiza igualdad de derechos para parejas heterosexuales y homosexuales en el proceso de adopción y prohíbe la adopción a personas con antecedentes penales por delitos de violencia de género, sexuales o contra la infancia.

Sin embargo, señala el texto, a pesar de estos avances, la adopción en Cuba sigue enfrentando obstáculos burocráticos y legales prolongados. Hay falta de coordinación entre instituciones y la ausencia de visitas de fiscalía evidencian la desconexión con las necesidades de los niños.

Dos historias más

El texto recoge además la historia de Amanda, una bebé cubana nacida en circunstancias desconocidas que fue encontrada abandonada el 1 de noviembre de 2022. Después de recibir cuidados médicos durante un mes, fue trasladada a la Casa de Niños sin Amparo Filial de Bauta, Artemisa. donde aún permanece.

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También se menciona la historia de Afibola, una mujer queer, quien debido a «preocupaciones por la seguridad y el bienestar en un entorno marcado por la violencia ginecobstétrica», se replanteó la idea de concebir un hijx en la Isla.

Ella y su pareja comenzaron a cuidar temporalmente a una niña. Este acto de solidaridad «se transformó en un largo y complejo proceso de adopción» – ocurrido antes del 2022 – que la llevó ante una jueza que «cuestionó su situación marital».

Así lo recoge el texto:

«Para ese entonces, el matrimonio igualitario aún no estaba aprobado en Cuba; regía el Código de la Familia de 1975 que, a pesar de no dejar explícito que debían ser conyugues única y exclusivamente los adoptantes, existían ambigüedades. El artículo 101 mencionaba que nadie podía ser adoptado por más de una persona, excepto por cónyuges. Sin embargo, no quedaba claro si esta restricción se aplicaba únicamente a la adopción conjunta o si también se extiende a la adopción realizada por un solo individuo.

«Regía el Código de la Familia de 1975 que, a pesar de no dejar explícito que debían ser conyugues única y exclusivamente los adoptantes, existían ambigüedades.»

El resultado no pudo ser menos que lamentable: «el sistema judicial cubano se mostró reticente a conceder la adopción.» Afibola debió esperar entonces a que se aprobara en el 2022 el actua Código de las Familias, para que se reconocier a ella y su pareja como matrimonio o «cónyugues». Así y todo, con posterioridad, ha tenido problemas legales en diatribas con la madre de la menor a quien, a pesar de todo, se le otorga más derechos.

El texto concluye que – entre otras cosas – «el sistema legal y social cubano aún no ha logrado adaptarse a la diversidad de modelos familiares y a las nuevas formas de maternidad,» y retoma como ejemplo el caso de Afibola quien «a pesar del largo camino recorrido después de cuatro años, aun no obtiene la responsabilidad parental, la cual le confiere de facultades, deberes y derechos para el cumplimiento de la función de asistencia, educación y cuidado de su hija.»

Cientos de solicitudes de adopción vs pocas adopciones concedidas

El texto cita al diario Granma, quien en una publicación informaba que de 2013 al 2018, en Cuba se habían realizado 130 solicitantes de adopción en espera de un niño, niña o adolescente.

Sin embargo, solamente 13 niños fueron adoptados en Cuba durante el período comprendido entre 2017 y 2021; a razón de 3 por año. Una cifra que luce «extraña» por minúscula. Además, de manera increíble, solo cuatro niños estaban en proceso de adopción, en los dos años más críticos de la pandemia de covid-19.

Imágenes que en algún momento hemos visto de casas de niños sin amparo filial en La Habana y en Santiago de Cuba, muestran que en el lugar la cantidad de menores que pudieran ser adoptados por familias responsables supera con facilidad los veinte.

Beatriz Roque Morales, directora nacional de Educación Especial del Ministerio de Educación (MINED), señala que «para julio de 2023, en el país existían 54 hogares que ofrecían albergue a 419 niños, niñas y adolescentes.»

Ante las exiguas cifras de adopciones realizadas, uno se pregunta si es que los niños que carecen del cuidado filial demoran en tener una familia que los acoja, y las personas que quieren adoptar demoran en hacerlo, por trabas en los procesos legales establecidos.

Pudiera ser, pero también hay que tener en cuenta que la profunda crisis económica pudiera influir como variable en esta situación. Eso sí, suman cientos de madres, a nivel nacional, las que tienen problemas para concebir una criatura en su vientre; con mayor o menor grado de aptitud «económica»; con mayor o menor grado de «condiciones».

Sin embargo las trabas jurídicas de un proceso donde debe existir una coordinación eficiente, que resulta inexistente, entre instituciones y organismos del estado, complejiza el proceso.

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