Marco Rubio volvió a colocar a Cuba en el centro de la agenda regional, esta vez durante una conversación telefónica con el presidente de El Salvador, Nayib Bukele. El secretario de Estado estadounidense sostuvo que el régimen cubano no realizará las reformas que necesita la población mientras considere que cuenta con el respaldo de la comunidad internacional.
La llamada tuvo lugar el martes 13 de octubre y estuvo dedicada principalmente a la relación entre Washington y San Salvador, la seguridad regional y la cooperación diplomática. Sin embargo, Rubio aprovechó el intercambio para introducir el tema cubano y remarcar la importancia que Estados Unidos concede a la postura que adopten otros gobiernos frente a La Habana.
Rubio busca sumar apoyos internacionales frente a Cuba
Durante la conversación, Rubio pidió a El Salvador trabajar junto a Estados Unidos y otros países afines para impulsar prioridades comunes dentro de Naciones Unidas. En ese contexto planteó que la percepción de respaldo exterior permite al régimen cubano evitar cambios de mayor profundidad.
No trascendió que Bukele haya asumido algún compromiso específico respecto a Cuba, ni se informó de una respuesta concreta del mandatario salvadoreño a ese planteamiento. La conversación sí confirma que Washington intenta llevar su política hacia la Isla más allá de las relaciones bilaterales y convertirla también en un asunto de coordinación con otros gobiernos latinoamericanos.
El planteamiento encaja con el endurecimiento del discurso que Rubio ha mantenido durante los últimos meses. A finales de septiembre, el jefe de la diplomacia estadounidense advirtió que las autoridades cubanas se equivocaban si pensaban que podían limitarse a resistir hasta el final de la administración de Donald Trump, mientras Washington continúa reclamando transformaciones políticas y económicas en la Isla.
Las reformas económicas de La Habana siguen bajo cuestionamiento
La advertencia llega después de que el gobierno cubano anunciara durante el verano un paquete de 176 medidas económicas que incluye cambios en la gestión empresarial, nuevas posibilidades para actores privados y extranjeros y una reorganización de parte del aparato estatal. Miguel Díaz-Canel ha defendido esas transformaciones como una vía para enfrentar la prolongada crisis económica, aunque ha insistido en que no significan abandonar el modelo socialista.
Desde Washington, la valoración ha sido mucho más crítica. Estados Unidos cuestionó esas reformas y las calificó de insuficientes, al considerar que no representan una transformación estructural del sistema político y económico cubano.
Rubio ya había asegurado anteriormente que Cuba necesita una “reforma sistémica y seria” y había puesto en duda que los actuales dirigentes fueran capaces de llevarla adelante. Sus palabras a Bukele añaden ahora otro componente: para el secretario de Estado, cualquier respaldo internacional que La Habana perciba como suficiente reduce los incentivos para emprender cambios más profundos.
La conversación entre Rubio y Bukele también abordó la protección de infraestructuras estratégicas salvadoreñas, incluidos los puertos, frente a lo que Washington considera influencias extranjeras perjudiciales. Estados Unidos y El Salvador reafirmaron además su cooperación en áreas como seguridad hemisférica, desarrollo económico y tecnología, en una relación que se ha estrechado durante la actual administración estadounidense.

