Aíslan en una cárcel de Lugo al exprofesor que se escondió en Cuba para evitar que otros presos lo agredan

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El exprofesor español Martiño Ramos Soto, quien durante meses burló a la justicia escondiéndose en la barriada habanera de El Vedado bajo una identidad falsa, cumple hoy su condena de 13 años y medio en la prisión de Monterroso, en Lugo. Para evitar represalias, las autoridades penitenciarias de España han decidido mantenerlo estrictamente separado de la población penal común.

Tras su extradición desde Cuba en abril pasado y un breve período provisional en la cárcel madrileña de Soto del Real, el exdocente fue reubicado en el módulo 6 del recinto gallego, un área con fines terapéuticos. Según fuentes cercanas al caso reveladas por el medio El Debate, la decisión responde a motivos de seguridad integral: «Lo meten ahí para que no se mezcle y no le peguen». A pesar de la gravedad de su expediente, fuentes internas confirman que su ingreso y posterior adaptación a la nueva rutina carcelaria han transcurrido sin alteraciones.

Ramos Soto enfrenta esta sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Ourense tras probarse un atroz historial de agresiones físicas y sexuales contra una de sus alumnas, abusos perpetrados de forma reiterada desde que la víctima tenía 12 hasta los 16 años. El tribunal documentó cómo el educador se aprovechó de su posición de confianza y de la vulnerabilidad familiar de la menor para someterla a prácticas sádicas. El dictamen detalla episodios de extrema violencia, incluyendo una golpiza tras la cual la abandonó en una zona de monte, además de confirmarse que llegó a contagiarle una enfermedad infecciosa.

La actual reclusión en la península ibérica marca el desenlace de una larga huida que lo llevó por Portugal, Brasil y Perú, hasta establecerse en Cuba. Eligió la Isla con la falsa esperanza de que la ausencia de un tratado de extradición vigente con España le garantizaría la impunidad definitiva. En la capital cubana operó bajo el seudónimo de «Martín Soto» y fingió ganarse la vida como fotógrafo, hasta que fue finalmente capturado el 21 de noviembre de 2025.

Su estancia tras las rejas en La Habana estuvo lejos de ser llevadera. Durante los cerca de 150 días que permaneció en el sistema penitenciario cubano, enfrentó condiciones que las propias autoridades policiales españolas calificaron de extremadamente duras. La escasez de alimentos, sumada a la humedad y la suciedad de las instalaciones, quebraron la resistencia del prófugo, quien terminó suplicando que se aceleraran las gestiones diplomáticas para su traslado a España y poner fin a su pesadilla caribeña en el Caribe.

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