Cuba se prepara para meses críticos de apagones entre septiembre y diciembre

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Los cubanos podrían afrontar otro periodo especialmente difícil entre septiembre y diciembre debido a los mantenimientos programados de varias unidades termoeléctricas, las averías acumuladas y la persistente falta de combustible que continúa limitando la capacidad del Sistema Eléctrico Nacional.

La advertencia de la Unión Eléctrica llega después de meses extraordinariamente complicados y en un momento en que sacar una central de servicio para realizar trabajos de mantenimiento puede aumentar todavía más el déficit de generación. El problema es que esos mantenimientos son al mismo tiempo inevitables.

Muchas de las principales termoeléctricas cubanas llevan décadas funcionando y requieren intervenciones periódicas. Postergarlas puede mantener temporalmente una unidad en línea, pero aumenta el riesgo de que posteriormente ocurra una avería mucho más seria.

Esa contradicción ha marcado buena parte de la crisis eléctrica: Cuba necesita reparar las centrales, pero cada central que deja de producir para ser reparada provoca más apagones.

Durante 2026 el sistema ha sufrido varios colapsos generales. A comienzos de agosto se produjeron dos apagones nacionales en menos de 24 horas, mientras el país intentaba recuperar la red después de una desconexión anterior.

Los cortes cotidianos son incluso más frecuentes. En numerosas provincias fuera de La Habana los habitantes han reportado jornadas con 15, 20 y hasta 24 horas sin servicio eléctrico. Algunas zonas han llegado a permanecer periodos todavía mayores sin corriente.

El déficit tiene dos componentes principales.

El primero es técnico. Buena parte de las centrales termoeléctricas fueron construidas hace décadas y arrastran problemas de mantenimiento, roturas recurrentes y dificultades para obtener componentes.

El segundo es energético. Cuba no dispone de combustible suficiente para mantener en funcionamiento todos los motores y unidades de generación distribuida diseñados precisamente para cubrir los momentos en que las grandes centrales no producen.

La isla consume mucho más petróleo del que puede producir internamente. El País calculó recientemente que el país necesita en torno a 100.000 barriles diarios mientras la producción nacional ronda los 40.000.

El gobierno atribuye la gravedad actual fundamentalmente a las sanciones estadounidenses y a las medidas adoptadas por Washington para dificultar las entregas de petróleo. Críticos y especialistas independientes señalan además décadas de falta de inversión y mantenimiento insuficiente en la infraestructura eléctrica.

Ambos factores pueden coexistir: un sistema envejecido se vuelve todavía más vulnerable cuando tampoco dispone del combustible necesario para compensar sus averías.

Los apagones ya no afectan únicamente la posibilidad de encender una lámpara o un ventilador. Interrumpen el bombeo de agua, deterioran alimentos, dificultan las telecomunicaciones, paralizan pequeñas empresas y reducen la capacidad productiva de industrias estatales. Por eso el anuncio sobre septiembre-diciembre resulta particularmente preocupante.

El país llega a esa etapa después de un verano de colapsos, con muy poco margen de reserva y con centrales que necesitan reparaciones que no pueden seguir aplazándose indefinidamente.

La UNE no está anunciando necesariamente un apagón nacional concreto para esos meses. Lo que está reconociendo es algo igualmente importante: las condiciones que han producido los apagones actuales seguirán presentes durante el cierre de 2026.

Fuentes: Unión Eléctrica, AP, Reuters y EL PAÍS.

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