Roberto Perdomo estalla contra el caos económico y la crisis de movilidad en Cuba: «Me siento como se sienten 8 millones de personas»

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La profunda crisis estructural que atraviesa la Isla no distingue entre ciudadanos de a pie y figuras reconocidas de la pantalla. El destacado actor Roberto Perdomo, uno de los rostros más populares y respetados de la televisión cubana, ha tenido que renunciar temporalmente a su gran pasión: el teatro. La asfixiante situación del transporte y la inflación devoran cualquier retribución económica, haciendo imposible que los artistas puedan sostener su oficio frente a las necesidades básicas diarias.

Estas crudas declaraciones fueron compartidas durante su participación en el programa Todos Hablan, un espacio conducido por Jorge Martínez y transmitido a través del canal Cubamastv. En la entrevista, Perdomo detalló minuciosamente la trampa financiera que representa subirse a un escenario en la Cuba actual, ilustrando el déficit con su propia calculadora mental: «Los 4.700, saqué la cuenta en esos dos ejemplos que te pongo. Digo, a ver, son funciones, cuatro fines de semana, el salario es 4.000 y pico, se me va el salario en transporte, porque 200 para acá y 200 para allá, semanal, tres días y son cuatro semanas… no se puede, me sacrifico».

Consecuencia directa de esta matemática de supervivencia, el veterano intérprete tuvo que declinar recientemente dos importantes convocatorias para regresar a las tablas. Fue invitado para encarnar un papel en «Manteca» y, de igual forma, su colega Linda Soriano lo llamó para liderar el elenco de «Antígona» junto al grupo Impulso. El muro de contención en ambos proyectos fue exactamente el mismo: la imposibilidad logística y económica de movilizarse por la capital. Sobre el primer caso, el artista confesó su frustración al relatar: «No podía, no sabía cómo llegar a Línea, no podía trasladarme para ir a un ensayo, para después volver ¿cómo volvía yo a mi casa?. Fue imposible».

El calvario de la movilidad quedó evidenciado en una anécdota que retrata el día a día de la población. El actor recordó una agotadora jornada de preparación artística describiendo que «Hubo un ensayo, un día de ensayos que estuve una hora esperando en la esquina de mi casa para montarme en un tres patadas de esos que me desbarató». Estos rudimentarios triciclos eléctricos del sector informal se han erigido como el principal, y a veces único, medio de transporte para millones de habitantes, llenando el vacío dejado por el desplome del 93% en la infraestructura del transporte público estatal registrado entre enero y septiembre de 2025.

Perdomo dejó sumamente claro que su ausencia en las carteleras teatrales no responde a un desinterés por la profesión. Afirmó con orgullo: «Me encanta el teatro. Somos actores de teatro, somos ratas de teatro». Sin embargo, reconoció que existe «un abanico de cosas» ancladas en precariedades económicas y de infraestructura que le impiden ejercer. Dejando la puerta abierta a un futuro retorno bajo condiciones dignas, sentenció: «Si yo pudiera salir de mi casa y coger un transporte hasta -esperar no mucho- hasta donde voy a destinarme, yo lo hago y digo, invítenme que voy a hacer teatro porque yo lo controlo, lo domino, lo sé».

La disparidad entre los ingresos oficiales y el costo de la vida es abismal. La Resolución 4/2026 estipulada por el Ministerio de Trabajo establece que las escalas salariales para los profesionales del teatro oscilan entre los 3.260 y 5.560 pesos mensuales. Estos montos son prácticamente simbólicos cuando se enfrentan a los precios del transporte privado, especialmente en un país donde el combustible en el mercado negro ha alcanzado la alarmante cifra de 6.000 pesos por litro.

El intérprete tampoco se guardó opiniones sobre las recientes medidas económicas gubernamentales, apuntando sus dardos hacia el polémico proceso de digitalización financiera. Con contundencia, expresó: «Yo le puse mierdarización porque no ha servido de nada. […] A nosotros mismos nos pagan en transferencia, bajas y dicen que no, que no aceptan transferencia». Esta traba afecta gravemente a los asalariados estatales, incluidos los artistas, quienes ven su dinero atrapado en plataformas digitales sin poder utilizarlo para pagar los servicios básicos del día a día en el circuito informal.

Para concluir su intervención, al ser consultado sobre su estado anímico general en medio de este panorama desolador, Roberto Perdomo lanzó una frase lapidaria que resuena como el sentir de toda una nación: «Me siento como se sienten 8 millones de personas».

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