Delcy Rodríguez asegura viviendas listas antes de que termine 2026 para los damnificados en Venezuela

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Venezuela intenta levantarse de la peor catástrofe natural que ha golpeado a la nación en más de cien años. En este complejo escenario, la presidenta encargada del país, Delcy Rodríguez, asumió el compromiso público de garantizar nuevos hogares, antes de que finalice el presente año 2026, para todas las familias que quedaron desamparadas tras los brutales sismos de magnitud 7,2 y 7,5 ocurridos el pasado 24 de junio. La magnitud de la tragedia es sobrecogedora, pues el reporte oficial más reciente cuantifica la pérdida de 1.719 vidas humanas y un saldo de 5.034 personas heridas.

Este anuncio de reconstrucción inmediata se dio a conocer durante el acto de apertura del Estado Mayor, una entidad creada específicamente para la gestión de los refugios provisionales y el diseño urbanístico de emergencia, cuya transmisión se realizó a través de la señal de la planta televisiva estatal VTV. 

Durante su intervención, la alta funcionaria enfatizó la urgencia de las obras al declarar textualmente: «El Ministerio de Vivienda y Hábitat está elaborando proyectos para la construcción de viviendas en el menor tiempo posible. Hay miles de soluciones antes de que finalice este año. Además, estamos en reuniones con expertos internacionales, con organismos internacionales que están también brindando opciones de soluciones habitacionales inmediatas».

Para organizar la respuesta logística ante el desastre, Rodríguez detalló la implementación de una estrategia de evaluación residencial basada en un sistema de semáforo tricolor. Las edificaciones marcadas con el color verde serán aquellas consideradas seguras para el retorno inmediato de sus habitantes sin requerir modificaciones. 

Por otro lado, la etiqueta amarilla identificará a los inmuebles que presentan daños estructurales parciales, cuya restauración quedará bajo la responsabilidad operativa de la Gran Misión Barrio Nuevo, Barrio Tricolor. Finalmente, el color rojo se reservará para decretar la pérdida total de la propiedad, lo que significará la demolición definitiva y la posterior edificación de un inmueble completamente nuevo desde los cimientos.

Actualmente, un amplio contingente de arquitectos e ingenieros se encuentra desplegado sobre el terreno realizando rigurosas inspecciones técnicas en las zonas más afectadas de los estados Miranda, La Guaira y la capital, Caracas. 

Asimismo, las autoridades informaron que se implementará un estricto censo biométrico mediante la lectura de huellas dactilares para regular el acceso y control de los ciudadanos que ingresen a los campamentos de tránsito temporal. La urgencia del momento quedó sellada por la mandataria interina al asegurar que «Es una labor que debemos abordar en conjunto e inmediato que no tiene postergación, y por eso la instalación de este estado mayor».

A pesar del optimismo gubernamental, la realidad técnica que describen las agencias internacionales contradice profundamente el discurso oficial. Mientras el palacio de Miraflores reconoce únicamente afectaciones en 855 edificios, de los cuales solo 189 sufrieron un colapso total, un estudio satelital de alta precisión realizado por la NASA estima que la cifra real de estructuras destruidas o severamente dañadas ronda los 59.000 inmuebles. 

En el plano financiero la situación es igual de dramática, ya que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo evaluó las pérdidas materiales directas en unos 6.700 millones de dólares, lo que representa el 6% del Producto Interno Bruto de Venezuela, advirtiendo que el impacto económico global de la catástrofe podría escalar fácilmente hasta una horquilla de entre 10.050 y 20.100 millones de dólares.

La discrepancia también se traslada al doloroso conteo de las víctimas humanas. Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, situó el número de damnificados oficiales en 15.866 personas. Sin embargo, la ONU maneja proyecciones mucho más sombrías y calcula que el número de ciudadanos desaparecidos tras los movimientos telúricos podría ascender hasta los 50.000. 

Mientras las contradicciones numéricas continúan, las operaciones de salvamento en las zonas de desastre no se detienen, impulsadas por un despliegue internacional que incluye a más de 2.741 especialistas de 24 naciones, 86 unidades caninas de rescate y la recepción de 521 toneladas de insumos de asistencia humanitaria enviados desde diversas partes del globo.

Dentro del abanico de cooperación internacional que se ha activado para socorrer al país, Delcy Rodríguez resaltó de manera particular el arribo de un cuerpo civil especializado proveniente de Vietnam y la inmediata incorporación de brigadas de rescate de Cuba. A este esfuerzo multinacional se suma además un fondo de emergencia de 150 millones de dólares otorgado por el gobierno de los Estados Unidos. 

Este monumental despliegue logístico llega en un momento de extrema fragilidad para la nación sudamericana, tal como lo recordó Tom Fletcher, secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU, quien advirtió que el organismo ya proveía asistencia social a unos ocho millones de venezolanos antes de que ocurrieran los terremotos, un factor estructural que duplica la complejidad de la respuesta humanitaria ante un desastre de proporciones históricas.

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