Se llamaba «Carlos Milán» en Instagram, tenía fotos en yates y jets. El hombre que intentó entregarle una carta secreta a Trump resultó ser un agente del MININT disfrazado de empresario
CubaNet revela que Roberto Carlos Chamizo González, el hombre que portaba la carta del nieto de Raúl Castro para Trump era un oficial de inteligencia cubana, no es el empresario independiente que proyectaba en redes
En Instagram se llamaba Carlos Milán. Publicaba fotos en yates, jets privados y autos de alta gama. Se presentaba como empresario exitoso con negocios en Cuba, España y varios países del mundo. Cuando el Wall Street Journal reveló que había sido interceptado en Miami intentando entregar una carta del nieto de Raúl Castro a Donald Trump, pocos sabían quién era en realidad.
Una investigación de CubaNet, publicada el lunes 27 de abril, lo explica sin ambigüedades: Roberto Carlos Chamizo González, de 37 años, es un agente del Ministerio del Interior cubano (MININT) entrenado en sus academias, que opera desde hace años bajo cobertura empresarial.
Chamizo González es sobrino del coronel retirado Carlos Miguel Chamizo Trujillo, del MININT. Según CubaNet, lejos de ser el emprendedor independiente que proyecta en redes, recibió formación en las academias del aparato de inteligencia cubano para desempeñar tareas específicas: interactuar con inversores extranjeros, conectar con personas influyentes en círculos financieros internacionales y atraer capital hacia Cuba, una operación de captación de recursos para el régimen disfrazada de actividad privada.
Su cobertura empresarial incluye varios negocios de lujo. El más conocido es la Hacienda El Patrón, en La Habana del Este — lo que empezó como una pequeña granja porcina fue transformado en un exclusivo destino turístico frecuentado por la élite cubana y sus contactos internacionales. La expansión del negocio, según fuentes de CubaNet, estuvo marcada por desalojos forzados de campesinos que perdieron sus tierras sin compensación, facilitados por las influencias políticas de Chamizo y su círculo. También fundó Havana Prestige, un servicio de automóviles de lujo en La Habana, y aparece vinculado a la empresa RCCH Investment SL registrada en España.
Una fuente que ha presenciado directamente la relación entre Chamizo y El Cangrejo la describió con una sola frase: «Son como dos gotas de agua.»
El episodio que lo puso en el centro de la atención internacional ocurrió a mediados de abril. Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl Castro conocido como El Cangrejo y figura central en las negociaciones secretas entre Cuba y la administración Trump, intentó establecer un canal directo con el presidente estadounidense al margen del Departamento de Estado — y específicamente al margen de Marco Rubio, quien supervisa las negociaciones. Para ello utilizó a Chamizo como mensajero. La carta, redactada con formato de nota diplomática y sello oficial cubano, proponía acuerdos económicos y alivio de sanciones.
Chamizo llegó a Miami el fin de semana del 18 y 19 de abril. Los agentes de inmigración estadounidenses lo interceptaron, le confiscaron la carta y lo devolvieron a Cuba. Ricardo Herrero, director ejecutivo del Cuba Study Group, calificó la estrategia de «tonta y condenada al fracaso.» La intención de El Cangrejo, según análisis publicados por Martí Noticias, era llegar directamente a Trump para negociar sin que Rubio filtrara las condiciones — una maniobra que subestimó tanto la coordinación de la inteligencia americana como la desconfianza estructural de Washington hacia cualquier movimiento del régimen.
El caso Chamizo no es una excepción sino la regla en el funcionamiento del régimen cubano. La élite económica que controla los negocios privados de lujo en la isla — haciendas, flotas de autos de alquiler, hoteles boutique, empresas de exportación — está sistemáticamente conectada con el GAESA, el aparato militar que controla la economía, o con el MININT. La fachada de emprendedor privado exitoso sirve para captar capital extranjero, establecer contactos con élites financieras internacionales y operar canales de diplomacia paralela que el régimen necesita pero no puede gestionar con sus funcionarios oficiales, demasiado expuestos y sancionados.
El hombre de los yates y los jets era un oficial de inteligencia. La carta nunca llegó a la Casa Blanca. Y El Cangrejo, de momento, sigue negociando por los canales que Rubio controla.
Fuente utilizada: CubaNet / Claudia Padrón (27 abril 2026)



















