Un video difundido en redes sociales muestra a un cubano inclinándose sobre un basurero improvisado en la vía pública, recogiendo restos de comida directamente del suelo. Las imágenes, compartidas por la página “Nio reportando un crimen”, han generado decenas de reacciones y comentarios entre usuarios que intentan identificar al hombre o describen situaciones similares en otras zonas del país.
En el material se observa al hombre manipulando desechos entre bolsas rotas, envases plásticos y restos orgánicos, mientras animales también merodean el lugar. No hay información confirmada sobre la identidad del anciano ni sobre el lugar exacto donde fue grabado el video.
En los comentarios, algunos usuarios cuestionan la excepcionalidad de la escena. “Ustedes nunca han visto personas en países desarrollados comiendo de la basura porque hay montones hasta niños”, escribió una usuaria.
Esta afirmación introduce una equivalencia que no está sustentada y que además es tramposa. Parte de un hecho general —la existencia de pobreza en otros países— y lo utiliza para responder a una escena concreta sin aportar datos sobre este caso ni sobre la frecuencia o condiciones en que ocurren esos hechos en los contextos que menciona.

El planteamiento no distingue entre existencia y normalización. La presencia de personas sin hogar en otros países no implica que se trate de una situación extendida o estructural en las mismas condiciones. Además, omite el contexto en el que se produce la imagen y cambia también el foco de la escena. En lugar de referirse al hecho que muestran las imágenes, introduce una comparación externa que termina relativizando una escena concreta de degradación social en Cuba, para anestesiar la reacción moral que debería provocar. Es el argumento del “en todas partes pasa”, usado no para comprender mejor el problema, sino para vaciarlo de gravedad.
Se trata por demás de un argumento recurrente en el que no pocas personas instruidas, funcionarios, ministros y dirigentes usan para «justificar» los males propios de sus países. Que exista miseria en otro lugar no rebaja ni un milímetro la obscenidad de esa imagen propia. Al contrario: si en cualquier sitio ver eso ya sería grave, en un país que durante décadas se presentó como modelo de justicia social, dignidad humana y protección a los vulnerables, la escena resulta todavía más demoledora. Es por demás una trampa política. En vez de hablar del hombre que está hurgando comida del suelo, habla de “los países desarrollados”. En vez de discutir la responsabilidad de quienes gobiernan Cuba, abre una comparación vaga para diluir culpas. Es una maniobra vieja: no responder por el hecho, sino ensuciar el marco de referencia para que todo parezca igual de malo. Si todo está mal en todas partes, entonces nadie tiene que responder por nada.
Ese tipo de argumento, al que a menudo recurren «figuras» como Bruno Rodríguez Parrilla, Johana Tablada, Mariela Castro y Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, lo que hacen es usar imágenes ajenas como coartada retórica. Le está diciendo al lector: no te escandalices tanto, porque la barbaridad es universal. Y eso termina funcionando como permiso para la indiferencia.
Otros, en cambio, aterrizan en la realidad, y señalan que este tipo de situaciones se repite en distintas zonas del país. “Hay que caminar para ver… así es en cada esquina”, comentó otra persona.
También aparecen reacciones centradas en la escasez de alimentos. “El 75 % de la población pasa trabajo para poner un plato de comida en la mesa”, afirmó una usuaria en la publicación. En contraste, otros comentarios muestran un tono distinto, sugiriendo alternativas inmediatas al hombre que aparece en el video, como capturar animales cercanos para alimentarse.
La publicación también generó intentos de identificación. Una usuaria preguntó directamente por la ubicación del video al considerar que podría tratarse de un familiar suyo que se encuentra ingresado en un centro de salud y que, según afirma, suele escapar y deambular.
Hasta el momento, no hay información oficial sobre el caso ni confirmación de las circunstancias en que fue grabado el video. La difusión se ha producido únicamente a través de redes sociales, sin datos adicionales sobre intervención de autoridades o instituciones.
Las imágenes continúan circulando mientras usuarios comparten el contenido y agregan comentarios, sin que se haya precisado la identidad del hombre ni el contexto exacto en que se produjo la grabación.




















