La Organización Mundial de la Salud ha encendido las alarmas sobre el deterioro del sistema sanitario en Cuba, en medio de una crisis energética que impacta directamente la prestación de servicios médicos. Según reportó el diario Le Monde, el director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, calificó la situación como “profundamente preocupante” y advirtió que la salud no debería quedar “a merced de la geopolítica, los bloqueos energéticos o los apagones”.
El informe, basado en datos recogidos junto a la agencia AFP, describe un escenario marcado por cortes eléctricos de hasta 20 horas diarias en distintas zonas del país, resultado de un sistema de generación envejecido y de la falta de combustible para sostener la producción energética. La crisis se ha agravado desde enero, tras el fin del suministro petrolero desde Venezuela y el endurecimiento de las restricciones energéticas impulsadas por Estados Unidos.
Este contexto ha tenido un impacto directo en hospitales y centros de salud. De acuerdo con Tedros, miles de cirugías han sido pospuestas en las últimas semanas debido a la imposibilidad de operar equipos médicos sin electricidad estable. Pacientes oncológicos, mujeres embarazadas y personas en estado crítico figuran entre los más afectados, en un entorno donde también se ve comprometida la cadena de frío necesaria para conservar vacunas y medicamentos.
La situación no se limita al sistema sanitario. El encarecimiento del combustible ha reducido el transporte público a niveles mínimos, mientras servicios básicos como la recogida de basura se han visto interrumpidos. En paralelo, la reducción de vuelos hacia la isla —derivada de la escasez energética— golpea al turismo, uno de los principales sectores económicos del país.
Ante este panorama, Naciones Unidas ha propuesto un plan de emergencia valorado en 94,1 millones de dólares para sostener servicios esenciales y evitar un deterioro mayor. El coordinador del organismo en Cuba, Francisco Pichon, advirtió que, de mantenerse las condiciones actuales, existe riesgo real de pérdida de vidas humanas.
El plan contempla mecanismos para monitorear el uso del combustible y garantizar que llegue a sectores críticos como hospitales y servicios de emergencia. Asimismo, incluye negociaciones con Washington para permitir la entrada de recursos energéticos con fines humanitarios.
Mientras continúan las conversaciones, organismos internacionales coinciden en que la evolución de la crisis dependerá en gran medida del acceso a combustible en el corto plazo, un factor que condiciona no solo la atención médica, sino el funcionamiento general del país.





















